

La visita de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, para cerrar en Morelos su primera Gira Nacional de Rendición de Cuentas, dejó en claro dos hechos que marcan la coyuntura política del estado: por un lado, la sintonía y respaldo mutuo entre la jefa del Ejecutivo federal y la gobernadora Margarita González Saravia; por otro, la capacidad de esta última para ejercer un gobierno con independencia, sin caer en la tentación de subordinar las soluciones locales a la espera de decisiones desde la capital.
Frente a más de 15 mil personas reunidas en el recinto ferial de Acapantzingo, Sheinbaum destacó los logros de su administración y, en particular, los beneficios que han llegado a Morelos: desde los casi 500 mil beneficiarios de programas sociales hasta obras estratégicas como la modernización del Circuito Tierra y Libertad, la construcción de hospitales y la futura edificación de un nuevo Centro de Convenciones. Pero el énfasis estuvo en el reconocimiento público a González Saravia, a quien calificó como “una mujer extraordinaria”, con una trayectoria de lucha social y un compromiso probado con las comunidades.
La reciprocidad no se hizo esperar. La mandataria estatal agradeció el respaldo de la federación y subrayó que el trabajo conjunto con la presidenta fortalece la ruta de la transformación.
Lo notable en esta relación es que, a pesar de la cercanía política y programática, González Saravia ha mostrado un estilo propio de conducción. Su administración ha abierto cauces de colaboración con los municipios, ha gestionado soluciones a pasivos financieros locales y ha fortalecido la coordinación en seguridad sin esperar que todo se resuelva desde Palacio Nacional, como lo reconoció ayer mismo el edil de la capital, José Luis Urióstegui, quien, cabe recordar, enarbola una bandera política distinta a la de las mandatarias. Esa actitud marca un contraste con el pasado reciente, cuando era común que los gobiernos estatales se limitaran a la dependencia de las oficinas federales y al tajante divorcio de cualquiera que no fuera de los mismos colores.
La alianza entre la primera presidenta de México y la primera gobernadora de Morelos es, sin duda, una oportunidad histórica. Pero más allá de la coyuntura, lo que define el rumbo del estado es la combinación de apoyo federal y autonomía local: un equilibrio que puede traducirse en estabilidad, justicia social y mejores condiciones de vida para la población, es decir, las mandatarias podrán estar unidas por simpatías personales y por la lucha política, pero cada una se sabe responsable de sus propios retos.
En política, la cercanía es un activo valioso, pero la independencia es una virtud indispensable. Para fortuna de todos, Morelos hoy parece tener ambas.



