La identidad cultural es una de las manifestaciones más valiosas y complejas de una nación. Representa el legado de siglos de tradiciones, costumbres, lenguas y formas de organización social que dan sentido de pertenencia e identidad a sus habitantes. En nuestro país y en nuestro estado, para fortuna nuestra, gozamos de arraigada diversidad que ha buscado protegerse reconociendo el derecho del autogobierno de las comunidades indígenas.

Pero la preservación de la identidad cultural de las comunidades indígenas no solo es un derecho sino una responsabilidad colectiva y, como al parecer ocurre en Hueyapan, el reconocimiento a la autogestión puede ser confundido con patente de extraterritorialidad; ya sea por ignorancia o por una dudosa intención de controlar a su población, el Consejo Mayor de aquel municipio indígena busca aprobar nuevos estatutos que podría hacer que algunos vecinos perdieran su “ciudadanía comunitaria” que, paradójicamente es la identidad por la que el propio municipio se considera indígena con todas las prerrogativas que conlleva. Y eso no es todo, en su nueva normatividad también buscan limitar la libertad de expresión.

Puede ser que no se hayan enterado que la identidad personal y la libertad de expresión y prensa son derechos constitucionales y no solo eso, que en su forma de actuar, el propio Consejo viola los derechos que la ley mexicana garantiza para la población indígena: la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el Convenio 169 de la OIT y la Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas establecen que cualquier normatividad comunitaria debe respetar los derechos humanos y garantizar procesos de consulta previa, libre e informada. El respeto a estas normativas es esencial para evitar que las decisiones de las autoridades locales se conviertan en mecanismos de exclusión o represión, justo lo que pretende el Consejo Mayor del municipio indígena de Hueyapan.

Es imposible que prospere el nuevo estatuto de Hueyapan, pero mientras tanto tiene la capacidad de complicarle la vida a sus habitantes y, de hecho, la forma de actuar del Consejo Mayor ya ha polarizado a la comunidad y la tensión va en aumento.

El conflicto actual en Hueyapan subraya la importancia de equilibrar la autonomía de los pueblos indígenas con el respeto a los derechos fundamentales de sus habitantes que están más allá de las ocurrencias o de la ignorancia de las autoridades. La identidad cultural no puede sostenerse de manera aislada ni en contradicción con los derechos humanos. La preservación de la identidad indígena debe armonizarse con el respeto a los derechos individuales y colectivos, de modo que el desarrollo cultural sea inclusivo y justo. Por lo pronto, las autoridades de Huayapan deberían asesorarse con alguien que sepa de leyes y de derechos humanos antes de intentar atropellar a sus vecinos.

La Jornada Morelos