

Después de décadas de esfuerzos aislados, mayormente provenientes de la sociedad civil para sanear el Río Cuautla, parece abrirse una ventana de esperanza para su ribera y si afluente; y con ello para los ecosistemas de la región oriente de Morelos.
El Cuautla es un río que nace en las faldas del Popocatépetl, y pasa por siete municipios, Tetela del Volcán, Yecapixtla, Atlatlahucan, Ocuituco, Ayala, Tlaltizapán y Cuautla; ciudad que contribuye con la mayor parte de los contaminantes del cuerpo de agua y sus alrededores.
Como en muchos ríos de México, la contaminación que padece el Cuautla es histórica, aunque se agravó en las últimas décadas ante la complacencia y complicidad de autoridades que permitieron que al río fueran a dar descargas de aguas negras de origen industrial y urbano; la inoperancia de costosas plantas de tratamiento de aguas; y hasta el uso de partes de la ribera como basureros.
Aunque organizaciones ciudadanas realizan cotidianas tareas de limpieza en un intento por rescatar al río Cuautla, lo cierto es que sus esfuerzos eran nobles pero limitados frente a la magnitud de un problema que los ayuntamientos, particularmente en la Heroica, fueron normalizando y, en la misma medida, desatendiendo.
Desde que era aspirante a la candidatura al gobierno estatal, Margarita González Saravia, una mandataria especialmente preocupada por el medio ambiente y la conservación de los entornos naturales de Morelos, recibió múltiples peticiones para colaborar con el rescate del Río Cuautla.
Con esos antecedentes, la gobernadora y su equipo pudieron trazar un proyecto integral que incluye la formación de un equipo interdisciplinario con ingeniero hidráulico, técnico en salud pública, educador comunitario y otros especialistas para diagnóstico, ejecución y seguimiento; el diagnóstico exhaustivo del sistema de agua y saneamiento existente; la construcción y rehabilitación de infraestructura, sustitución de tuberías en mal estado, instalación de conexiones domiciliarias seguras y biodigestores o letrinas ecológicas en hogares; el cierre seguro de pozos ciegos existentes para evitar contaminación del terreno y del agua.

Además de respetar y fomentar el involucramiento social en el proyecto de rescate y conservación para lo que se plantearon talleres comunitarios para educación en salud, higiene, gestión responsable del agua y cuidado ambiental; capacitación para líderes comunitarios y formalización de una Junta Administradora de Servicios de Saneamiento para gestión y mantenimiento; la creación de un manual comunitario para operación y mantenimiento del sistema; y la implementación de un sistema de monitoreo con indicadores para evaluar acceso a agua potable, reducción de enfermedades gastrointestinales, saneamiento instalado y capacitación comunitaria.
Así que la inauguración este sábado del Biosendero de Paz y Buen Vivir de la ribera del río Cuautla, no se trata solo de la creación de un parque en un Área Natural Protegida; aunque la experiencia por sí misma promete ser exitosa si se consideran otros modelos, de preservación como el del Parque Barranca Chapultepec en Cuernavaca. El Biosendero es una forma de apropiación comunitaria del espacio a proteger, uno que ya tiene normas claras de operación y de impulso a la participación ciudadana, especialmente de la niñez que ha demostrado ser estupenda guardiana del medio ambiente.
Falta mucho por hacer en términos de saneamiento del río, pero el proyecto a dos años para su rescate, y la evaluación continua de sus efectos resultan prometedores. Aunque los ayuntamientos sigan regateando su participación e ignorando su obligación para conservar el Área Natural Protegida.


