

El arranque de la estrategia Territorios de Paz y Buen Vivir, encabezada por la gobernadora Margarita González Saravia, marca un punto de inflexión en la manera de concebir la política social en Morelos. Más que un programa asistencialista, se trata de una apuesta por restituir la dignidad, la participación y la esperanza en comunidades históricamente relegadas del desarrollo estatal.
Durante el Primer Encuentro Estatal de Consejos Comunitarios, celebrado en territorio universitario, se formalizó el inicio de una estrategia inédita en la región centro del país. Su objetivo: transformar las condiciones de vida en 800 comunidades con los mayores índices de marginación, de acuerdo con datos del INEGI.
El planteamiento es ambicioso y necesario: no se trata de entregar apoyos aislados, sino de impulsar la reconstrucción integral del tejido social de nuestro estado, donde las propias comunidades definan sus prioridades y participen activamente en las soluciones.
En su primera etapa, el programa iniciará en 103 localidades, donde fueron nombrados los Consejos de Desarrollo Comunitario, organismos ciudadanos que fungirán como voz y puente entre la comunidad y el gobierno. Es, en esencia, una forma de gobernanza participativa que busca romper con el viejo esquema vertical del poder: en lugar de dictar políticas desde los escritorios de la capital, se propone construirlas desde el territorio, con la experiencia viva de quienes día a día enfrentan las carencias.
La gobernadora explicó que la estrategia se desarrollará con un enfoque intersectorial, involucrando a todas las dependencias del gabinete legal y ampliado. Su propósito es reducir la marginación y garantizar justicia social, inclusión y bienestar, mediante la elaboración de planes comunitarios de desarrollo en temas como salud, educación, infraestructura básica, cultura y economía social. En palabras sencillas, se trata de sembrar las bases para un nuevo pacto de convivencia, donde la paz y el bienestar dejen de ser privilegios y recobren su naturaleza de derechos.
Territorios de Paz y Buen Vivir representa un intento de reparar una deuda histórica con los marginados de Morelos, con esos pueblos y barrios rurales donde el progreso pocas veces ha tocado la puerta. Décadas de abandono institucional y políticas fragmentadas no han servido para curar los profundos rezagos que ahí se viven: pobreza estructural, violencia, migración forzada, pérdida del sentido comunitario. El reto, ahora, es revertir esa historia, y hacerlo con visión de largo plazo, sin improvisaciones ni protagonismos.

Porque esos pueblos olvidados también son Morelos. Porque su gente —campesinos, artesanas, trabajadores, jóvenes sin oportunidades— son ciudadanos con derechos plenos. Y porque ningún proyecto de paz será duradero mientras existan comunidades sin voz ni futuro.
La paz y el desarrollo no pueden imponerse desde arriba o por decreto, sino deben construirse desde abajo, con organización y corresponsabilidad. Si la estrategia logra consolidarse, no sólo beneficiará a las 800 comunidades identificadas: podría sentar las bases de una nueva forma de hacer política pública en México, una que coloque a las personas, y no a las instituciones, en el centro del desarrollo.


