Por muchos años dejada al garete, la educación en Morelos parece irse encaminando por mejores derroteros. La ampliación de la matrícula en educación superior, la mejora en la cobertura de la media superior, pero sobre todo la atención a las causas de lo que se conoce como bajo rendimiento escolar, parecen el inicio de una nueva etapa para la educación en Morelos que actualmente atiende a casi uno de cada cuatro morelenses.

Falta mucho por hacer, por supuesto, pero por lo menos ya se tiene un primer diagnóstico puntual que abarca desde los problemas de organización escolar, que no son poco frecuentes, hasta los de salud que suelen afectar el aprovechamiento de las y los estudiantes. Es tan importante saber que había muchos grupos sin escuela al inicio del ciclo escolar que recién concluyó, como que el 37.2% de las niñas y niños revisados en el programa Vida Saludable, requieren lentes para lograr la agudeza visual, un factor que incide directamente en el rendimiento escolar.

Identificar los problemas de salud de las infancias, que van desde el déficit visual hasta la obesidad, pasando por las caries y el sobrepeso; no solo permite ubicar el efecto que han tenido las tecnologías en los hábitos de vida de la niñez y juventud y el daño que provocan a la salud, sino también diseñar estrategias de apoyo para volver más accesibles y amigables las escuelas y la enseñanza que en ellas se ofrece.

Otro índice muy relevante de los que ofreció la secretaria de Educación, Karla Aline Herrera Alonso al presentar el informe sobre el fin de ciclo escolar, es la todavía alta desafiliación en la educación media superior (12.6%) y superior (6.6%). La desafiliación escolar es el proceso de desconexión gradual de los estudiantes con las escuelas, suele generar abandono escolar y pérdida de interés en los estudios.

Conocer el índice de desafiliación es relevante porque revela las dificultades de la juventud para integrarse a las escuelas que incluyen razones económicas, baja dotación de recursos para atender la educación a distancia, pero también la falta de atención y seguimiento pedagógico y emocional tanto en la comunidad escolar como en el núcleo familiar. Los tres escenarios plantean también tareas que deben emprenderse desde el sistema educativo estatal para evitar que más de diez mil estudiantes de preparatoria y casi cinco mil de licenciaturas se vean orillados a abandonar los estudios.

Gracias a un buen diagnóstico, el sistema educativo estatal ha podido empezar a plantear los tratamientos para cada uno de los problemas o racimos de problemas que representan riesgos de fracaso escolar. Las campañas de salud, capacitación a los docentes, dotación de becas, el fortalecimiento de los sistemas abiertos como modelo emergente de tratamiento a la deserción, la ampliación de áreas de interés (como las artes, los deportes y la ciencia) en los sistemas de bachillerato, obedecen no a ocurrencias de autoridades sentadas en escritorios, sino a un diagnóstico real y profundo de lo que ocurre en las aulas, en las escuelas y hasta en las casas de los estudiantes de Morelos.

Otro dato relevante del fin de ciclo escolar es la alta participación de la iniciativa privada en la educación. De las tres mil 866 escuelas que funcionan en Morelos, el 44.8% son particulares, lo que supone una alta participación de la iniciativa privada en la responsabilidad de educar a los morelenses; es vital no solo regular, sino apoyar los esfuerzos de los particulares para ofrecer servicios de calidad, especialmente porque estos emprendimientos suelen ser de mucha menor envergadura que las instituciones públicas.

La Jornada Morelos