Probablemente porque no era una facultad que se ejerciera en administraciones estatales anteriores, o por el fenómeno de ceguera por cercanía que impide ver muchas cosas cuando están muy próximas al observador, la reorientación de la economía morelense había pasado casi desapercibida para analistas, comentaristas y clase política.

El secretario de Economía del Gobierno de México, Marcelo Ebrard, al presentar el STS Forum 2025 que reunirá en Morelos a un millar de científicos y tecnólogos y a empresas de base tecnológica, refirió a la “nueva economía” de la entidad, una que se ha dado parte por el planteamiento del gobierno estatal, otra por el apoyo del gobierno federal, y una más aprovechando la coyuntura internacional y las ventajas competitivas que ofrece el estado.

Se trata de un plan de desarrollo que busca atraer nuevas inversiones como parte de un proceso de diversificación que podría paliar significativamente el impacto del cese de operaciones de la planta Nissan de Civac; una economía que apuesta a “la concentración del talento y su traducción en tecnología para generar empleos y riquezas”, según definió el secretario Ebrard.

Algo relevante es que, por primera vez en este siglo se cuenta con un programa de desarrollo económico integral que busca explotar todas las oportunidades del estado, desde el turismo hasta la agroindustria, toca al sector farmacéutico, aprovecha el desarrollo tecnológico y científico, aprovecha los paisajes como escenografía y el clima para la producción de la industria fílmica y de entretenimiento, le apuesta a la logística en el traslado de mercancías, y no se amilana ante escenarios negativos que usa para buscar nuevas oportunidades de producción y nuevos mercados.

No es que el cierre de Nissan estuviera calculado; pero el proyecto económico del estado no podía apostar a solo una empresa transnacional, por importante que resultara. La aparente calma del gobierno estatal frente al anuncio de cierre no derivó del desinterés o de un estado de pasmo frente al impacto, sino de la seguridad que existe en el Ejecutivo y en muchos de sus aliados en el sector productivo, de que el proyecto de la nueva economía de Morelos es viable, sustentable y orientado a cosechar éxitos.

Muchas de las apuestas que hace el programa económico morelense derivan de actividades que ya se habían caminado desde el sector privado hace muchos años, como el turismo; otras recuperan iniciativas que se abandonaron hace décadas, como la participación en la industria fílmica y de entretenimiento y la explotación de la producción científica y tecnológica mediante la vinculación con el sector productivo, con los gobiernos y con los mercados internacionales; otras habían tenido modestos intentos de exploración, como la agroindustria.

Pero el conjuntar todas esas actividades con nuevos proyectos, como el de centro logístico, para aprovechar todo el potencial productivo del estado para generar prosperidad y empleos es un ejercicio nuevo para el que resulta necesaria la coordinación del gobierno a fin de conseguir la articulación de todas las actividades en un orden virtuoso que beneficie a todos.

Ninguna de las inversiones y proyectos que vienen en los próximos meses y años parece derivar de alguna ocurrencia o de una posición meramente reactiva al cierre de una opción productiva; cada una de ellas ha sido previamente calculada lo que por primera vez en más de una década permite confiar en el proyecto económico de Morelos. Y eso también atrae inversiones.

La Jornada Morelos