Combatir la corrupción en tierra de maleantes

Aunque cueste admitir que la corrupción es un fenómeno cultural deberá reconocerse que, dadas las evidencias en la historia reciente de Morelos, el problema está profundamente enraizado en las prácticas de gobernantes y ciudadanos.

La gestión pública estatal ha evidenciado que tener gobernadores corruptos por acción u omisión, es una tragedia en la administración pública; pero también que resulta insuficiente que baste con que la persona titular del Ejecutivo, en este caso la gobernadora, Margarita González Saravia, sea honesta para que la corrupción se erradique de la función pública.

Es cierto que gran parte de la lucha contra el ejercicio indebido del servicio público y la impunidad, derivan de la voluntad política, la vigilancia reiterada y el rediseño de estructuras y procesos gubernamentales para reducir los riesgos de corrupción. Todo eso empezó a hacerse en Morelos en la administración de González Saravia, pero también debe fortalecerse la cultura de la exigencia y denuncia ciudadana, la erradicación de ideas que dictan prácticas y conductas corruptas desde la sociedad y en todas las esferas del poder público.

Morelos parece demostrar su compromiso con la erradicación de la corrupción y la impunidad al ser el primer estado del país en incorporar el programa “Semilleros de la Honestidad”, para fomentar los valores éticos y ciudadanos desde la infancia. El programa busca que desaparezcan las ideas que han normalizado las prácticas corruptas a través de muchos años de historia, pero también ofrecer rutas de buen ejercicio de la ciudadanía.

Y fundamental para el combate a la corrupción es ofrecen ejemplos contundentes de que no se permitirá la impunidad del funcionariado público que violó las normas. Y aquí no se trata de dar golpes autoritarios sobre la mesa, sino de emprender procesos jurídicos sólidos que permitan la investigación, procesamiento, enjuiciamiento y condena de los servidores públicos responsables de delitos. No basta señalarlos públicamente, deben perseguirse, capturarse y castigarse con todo el peso de la ley y para ello hace falta un andamiaje jurídico fuerte y eficiente; pero también autoridades responsables capaces y honesta.

La captura la tarde de ayer de Dionisio “N”, exdirector del Fideicomiso del Lago de Tequesquitengo, quien estaba prófugo desde marzo del año pasado, puede ser una primera muestra del renovado combate a la corrupción en el estado. Fue la administración de la gobernadora, Margarita González Saravia, la iniciadora del proceso con las denuncias que se unieron a señalamientos previos que había en la Entidad Superior de Auditoría y Fiscalización, se procesaron en la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción y luego, con acciones de inteligencia se pudo implementar un operativo conjunto de la Mesa de Coordinación Estatal para la Construcción de Paz y Seguridad para lograr la captura. Ahora el asunto deberá ser atendido por los jueces en el último eslabón de la cadena de procuración y administración de justicia.

Hay muchas carpetas más en contra de exfuncionarios públicos, y pronto se sumará la que la ESAF presentará en contra de los alcaldes de Cuautla, Jesús Corona Damián y Rodrigo Arredondo López por el probable uso indebido de poco más de 900 millones de pesos. Del procesamiento debido de todos esos casos dependerá no sólo el castigo a los responsables de corrupción, sino también, y eso es vital para el futuro, un mensaje verdaderamente congruente de que, en Morelos, la corrupción no queda impune; un conocimiento fundamental para construir ciudadanía no solo en la niñez.

LA JORNADA MORELOS