Son posibles los carnavales sin excesos

Históricamente los carnavales son periodos festivos de permisividad en que el consumo de bebidas alcohólicas, carne y alimentos que se prohibirán en los ayunos de cuaresma, es característico.

Pero la historia y sus tradiciones nos han dado muchísimas lecciones que la humanidad ha corregido para privilegiar la salud, el bienestar y la seguridad personal y de las comunidades.

En Morelos, un estado con altísima incidencia criminal, la mayoría de los delitos que se cometen están relacionados con la violencia provocada, en parte o totalmente, por el consumo excesivo de bebidas alcohólicas o sustancias psicotrópicas, que también son causa de más de la mitad de los accidentes de tránsito, generan conductas antisociales, dañan la salud y elevan los costos de la atención médica y de emergencias.

Sin controles por parte de las autoridades, los comerciantes y mucho menos de los asistentes, los carnavales en Morelos poco a poco se fueron convirtiendo en escenarios de altísimo riesgo para las personas y las familias, empezaron a generar daños graves al tejido social y al patrimonio cultural de las comunidades que los organizan. Los carnavales implican comportamientos licenciosos, pero no se supondría que estos fueran dañinos para nadie.

En 2025, la gente de Tepoztlán y su ayuntamiento pusieron un freno a la venta de bebidas alcohólicas en la vía pública durante su carnaval; probablemente el más famoso de Morelos. La medida derivó de que los dos años anteriores, la saturación excesiva, el consumo desmedido de alcohol y los actos de violencia obligaron a las comparsas a suspender temporalmente las actividades. Los escándalos alejaron al turismo familiar del Pueblo Mágico, dañaron el patrimonio cultural, interrumpieron la integridad de la mayor celebración de la comunidad, con lo que se provocaron daños invaluables a la economía y la sociedad tezpotecas.

El experimento funcionó, en su edición del 2025 el Carnaval de Tepoztlán transcurrió en calma y con respeto a las tradiciones locales. El mensaje que dejaron los festejos pacíficos permitió la paulatina recuperación del turismo familiar que se había alejado del Pueblo Mágico, pero también favorecieron la cohesión social de un pueblo que valora y sabe defender sus tradiciones culturales.

La receta empezó a usarse en otros carnavales y ferias populares y los resultados fueron similares: reducción de los niveles de riesgo y de los incidentes violentos, recuperación de la enorme tradición cultural que acompaña las fiestas y el fortalecimiento de la oferta para el turismo de calidad.

Hubo ayuntamientos que decidieron experimentar otras formas para formar conciencia en la población y evitar el consumo excesivo de alcohol, pero fracasaron al final la mayoría de quienes asisten a los carnavales en todo el mundo sigue la idea de que se trata de espacios licenciosos y de excesos. El control y restricción de la venta de bebidas embriagantes parecen ser la opción correcta para que los carnavales vuelvan a ser espacios de esparcimiento sin provocar violencias o desgracias mayores.

LA JORNADA MORELOS