
Aunque todas las comparaciones suelen ser odiosas, también son útiles para identificar lo que se hace bien y reproducir esos esquemas en otras zonas. Los resultados que ofreció el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Miguel Ángel Urrutia Lozano, respecto a la reducción sustancial de los homicidios dolosos en Cuernavaca resultan, según el mismo, un ejemplo que debería empezar a reproducirse en otras partes del estado.
No es para menos, la capital de Morelos registró en los primeros quince días de julio, apenas dos homicidios dolosos, el menor número desde hace doce años, lo que indica que la estrategia de seguridad está funcionando no sólo por los esfuerzos del gobierno estatal, que se presentan en prácticamente todo el estado con la misma intensidad, sino también por la coordinación y colaboración de los ayuntamientos de la zona metropolitana que, a diferencia de otras autoridades municipales, han decidido mejorar la coordinación con las autoridades estatales y federales.
Cuernavaca, Jiutepec y Tepoztlán fueron los primeros municipios en sumarse con decisión a la estrategia de seguridad estatal; en el caso de la capital de Morelos, desde octubre pasado hubo acercamientos para fortalecer la coordinación de la policía municipal (que había sido ya fortalecida con inversión en tecnología, equipo y capacitación durante los dos años anteriores) con la estatal. Jiutepec y Tepoztlán, ya con nuevas administraciones municipales, iniciaron la coordinación desde el inicio de este año. Temixco, Xochitepec, Emiliano Zapata y Huitzilac, los otros municipios de la zona metropolitana han tenido problemas mayores asociados también con la alta criminalidad que se registraba en ellos y otros factores que aún complican la seguridad pública, pero en términos generales, la incidencia criminal se ha reducido según indican los registros oficiales.
En la zona sur del estado, la operación ha sido más complicada, la debilidad sistémica de los ayuntamientos y sus policías locales ha depositado la responsabilidad de la seguridad pública casi por completo en las fuerzas estatales y federales que han permitido enfrentar a los grupos delictivos de la región, pero no con el mismo éxito que se ha logrado en Cuernavaca. En esa región, el mayor pendiente sigue siendo el fortalecimiento de las fuerzas municipales y la depuración de muchas de ellas. Seguir en una condición de absoluta dependencia del trabajo estatal y federal en materia de seguridad pública es impermisible para la ciudadanía de la región.
Pero el problema más grave se sigue presentando en la región oriente de Morelos. La probable colusión de mandos municipales con grupos criminales; la desidia que han mostrado algunos ayuntamientos incluso para nombrar a responsables de la seguridad pública certificados con exámenes de control de confianza; la presencia añeja de grupos delincuenciales dedicados a la extorsión; la desconfianza ciudadana en las autoridades municipales y las fuerzas del orden junto al miedo a los delincuentes, en una combinación que reduce la posibilidad de denuncias sobre los crímenes; entre otros factores, mantienen a la región como una de las que mayor resistencia presenta a las estrategias de seguridad que requieren una participación integral de los ayuntamientos.
Porque la seguridad pública no es cuestión solamente del reforzamiento de la presencia policial en las calles, depende también, y mucho, del orden municipal: regulación de giros rojos, reordenamiento del ambulantaje, sistemas de videovigilancia, iluminación suficiente en las calles y otros espacios públicos, habilitación de corredores seguros, entre otras acciones que los ayuntamientos de la zona oriente parecen no asumir como una responsabilidad propia y seria.

Si los éxitos de la estrategia de seguridad en Cuernavaca se mantienen, quedará probada la urgencia de replicar el modelo en todo el estado. Y eso sería una mejor noticia.

