La política en Cuautla está contaminada hace tiempo por los vínculos de muchos de sus protagonistas con grupos delictivos a los que protegen por acciones y omisiones. Las noticias del involucramiento de autoridades municipales con criminales no son nuevas, pero han escalado en los últimos meses a escenarios de violencia contra políticos y ciudadanos de los que no se tenía registro en una ciudad de gente buena, mayormente dedicada al campo, el comercio y una incipiente industria.

Desde el diagnóstico de la secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana del gobierno estatal que evidenció la inoperancia de la policía municipal, hasta las agresiones sospechosamente soportadas por el alcalde Jesús Corona Damián en contra de la senadora, Juanita Guerra Mena, y las otras de que fueron objeto mujeres políticas cuautlenses en el pasado reciente como Paola Cruz Torres, y la exsenadora Lucía Meza Guzmán, emprendidas desde el ayuntamiento de Cuautla; resulta evidente que le Heroica e Histórica ciudad vive una de sus peores épocas; tristemente iniciada en el 2019.

La crisis de seguridad en la ciudad es solo comparable a la económica y política que mantiene a los cuautlenses en riesgo permanente y con una sensación de pérdida generalizada, de espacios públicos, oportunidades de desarrollo, confianza en las autoridades y vínculos sociales y culturales.

Hace meses, cuando se dio a conocer el video que dio pie al inicio de una indagatoria en la Fiscalía General de la República, en que los alcaldes de Cuautla, y Atlatlahucan, Agustín Toledano Amaro aparecieron reunidos con un mando criminal que opera en la región, era recomendable la salida de Corona Damián de la alcaldía. Ahora, a la luz de los hechos, parece volverse urgente.

Conforme al diagnóstico de la autoridad estatal en seguridad pública, las unidades policiales no acudían a dar el servicio de emergencia, sólo servían cuatro de las 200 cámaras de videovigilancia, no había acciones de inteligencia, los elementos policiales no contaban con exámenes de control de confianza. A ello habría que sumar lo que perciben los cuautlenses, autoridades municipales coaligadas con extorsionadores y dirigentes del comercio irregular vinculados a grupos delictivos; una corrupción creciente en las oficinas municipales que no paró con la derrota del exalcalde Rodrigo Arredondo López en su intento de reelección; funcionarios y representantes sociales que caen abatidos por la violencia criminal y política y un alcalde que, lejos de reconocer las fallas y deficiencias de su administración las tolera, defiende y fomenta, al grado de pelear con cualquiera que las señale.

Y aunque debe concederse que, en la política cuautlense cada grupo busca acomodo no solo por sus acciones, sino aprovechando los errores y omisiones de otros; lo cierto es que viendo el padecer de los cuautlenses que claman por seguridad, paz y desarrollo a quienes los escuchan, alguien tendría que buscar soluciones más de fondo. Una, ya en la mesa, es relevar a Corona del mando de la seguridad local que, aunque podría contribuir resulta insuficiente. La otra es mucho más drástica, Corona Damián tendría que irse de la alcaldía y con ello iniciar una muy profunda depuración del ayuntamiento y el cabildo cuautlenses.

No se trata de un asunto partidista, sino de mero sentido común, Cuautla no aguanta más administraciones como las de Corona y Arredondo, su gente no merece seguir sintiendo miedo y abandono. La voz de las y los cuautlenses ha sido atendida con paliativos, pero lo que el municipio requiere es una transformación completa y profunda y para ello se requiere cambiar el ayuntamiento.

La Jornada Morelos