La deuda que la sociedad y la historia tienen con las mujeres en el mundo (y particularmente en estados como Morelos, donde las diversas formas de violencia de género son un cotidiano a pesar del cual miles de niñas, adolescentes y adultas han encontrado la forma de triunfar y sobresalir) permanece vigente. Eso sí, la visibilización que de ese pasivo sociocultural se ha logrado gracias al acceso de muchas mujeres a espacios de poder y toma de decisiones permite que, paso a paso, la igualdad y las condiciones en que las mujeres pueden acceder, no solo a las oportunidades de desarrollo, sino sencillamente a una vida de paz, se vean mucho más cercanas que hace una o dos décadas.

La gobernadora, Margarita González Saravia, presentó ayer el programa Corazón de Mujer, como uno de los proyectos insignia de su administración. A cargo de la Secretaría de las Mujeres, el esquema se presenta como una tarjeta que permitirá a las beneficiarias recibir un apoyo de 560 pesos bimestrales, acceder a descuentos en productos y servicios de gobierno y el sector privado y un apoyo de gastos funerarios de 15 mil pesos en caso de fallecimiento de las beneficiarias. La tarjeta está disponible para las, más o menos, 50 mil mujeres de entre 55 y 59 años.

El programa de presenta como uno de los apoyos sociales del gobierno de Morelos, pero va mucho más allá. El registro permitirá a la Secretaría de las Mujeres tender una red de sororidad “donde podamos auxiliar” a las víctimas de cualquier forma de violencia de género, alrededor de siete de cada diez mujeres, de acuerdo con la gobernadora. La tarjeta permitirá cobijar a las morelenses en este rango de edad, una red de apoyo mutuo, de identificación.

Y la red comenzó a notarse desde las dos presentaciones que tuvo el programa, primero en una rueda de prensa en Puente de Ixtla donde la gobernadora estuvo acompañada por las doce mujeres que la acompañan en el gabinete ampliado con responsabilidades de primer nivel; y luego, en el “lanzamiento” en Cuernavaca, donde casi 40 mujeres líderes en las diversas vertientes de la política estuvieron presentes junto con alcaldesas, síndicas, académicas, maestras, empresarias, dirigentes de colonias, barrios, comunidades, entre quienes se empieza a formalizar esa red que desde hace tiempo se viene tejiendo.

El programa reconoce la vulnerabilidad de las mujeres, pero también su fuerza, si capacidad y trabajo, en un momento coyuntural, cuando parece haber terminado la época del dominio masculino sobre todos los espacios de la vida pública y la imposición de esa dominación en el núcleo familiar. Esa fuerza que ha estado durante toda la historia, pero se había invisibilizado hasta hace muy poco, ha servido para la construcción de un nuevo orden, ese tiempo de mujeres que está lejos de ser solo una frase.

Mención aparte merece el hecho de que para presentar el programa se haya escogido justamente el 10 de febrero, unas horas antes de que se celebre el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una efeméride que busca reconocer la necesidad de igualar el terreno a fin de eliminar las barreras y prejuicios sistémicos al emprender carreras científicas; algo que de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas requiere de requiere “derribar estereotipos, promover modelos de conducta que inspiren a las niñas, apoyar el avance de las mujeres a través de programas específicos y fomentar entornos inclusivos mediante políticas y medidas que promuevan la inclusión, la diversidad y la equidad”.

En Morelos solo alrededor del 38% de las personas que se dedican a la investigación científica son mujeres; muchas de ellas siguen sufriendo acoso sexual, discriminación, marginación de cargos directivos, ente otras formas de marginación.

Vale traer a colación el tema porque es un botón de muestra de lo que ocurre en el resto de los sectores. El acceso de las mujeres a la ciencia complicado, como lo es en la industria, los servicios, el campo, la política; la violencia se repite en todos los sitios y eso obliga a acciones que pueden parecer pequeños instrumentos, pero a la larga generan enormes redes desde donde hacer el cambio. Y eso urge.

La Jornada Morelos