Durante años se le ha reclamado a la Iglesia una represión científica violenta en la que se aseguraba una represión de la capacidad humana para intentar entender al mundo; en el caso específico de la medicina existieron tintes incluso misóginos explicados mediante una cacería de brujas que no era más que la persecución del florecimiento de la farmacología en sus bases de la herbolaria, la imagen mitológica de estos seres se caracteriza por una mujer dibujada de manera terrorífica con un caldero, actualmente entendemos que se trataba de las primeras mujeres científicas intentando entender cómo la mezcla de hierbas y otras sustancias podrían ofrecer remedios a ciertos padecimientos.

Las represalias de la inquisición mantuvieron al pensamiento científico asustado en sus trincheras esperando el momento de la libertad de pensamiento, pasaron 1000 años desde el siglo V para poder investigar de nuevo y resolver todas las problemáticas que el pensamiento mágico creó, desde conceptualizaciones basadas en prejuicios raciales y religiosos hasta epidemias que exterminaron con gran parte de la población. A partir del siglo XVII surge la era de la Ilustración con la promesa de nunca más oprimir al pensamiento y es entonces que las mentes vuelven a cuestionar su entorno, crearon teorías y, en el caso de la medicina, la fluidez de las propuestas a nuevos tratamientos dio como resultados el progreso en la calidad de la salud de los habitantes de un mundo en recuperación.

Claramente existieron errores durante el proceso de avances médicos -algunos imperdonables como los hechos durante la Segunda Guerra Mundial- pero es importante mencionar que no todo fue inhumano, algunas otras investigaciones ofrecieron respuestas a diversas patologías; es importante no olvidar que la imagen de los médicos adquirió tonos de omnipotencia y respeto para la mayoría de los individuos, un tipo de poder que ha cansado a la mayoría del resto de los seres humanos y como toda monarquía, una revolución está intentando derrocarlos.

Después de la lucha más larga de la historia, la población intenta remediar enfermedades mediante estrictas normas de alimentación como la elección de productos orgánicos o el veganismo en cualquiera de sus tipos con a promesa de una “desintoxicación” interna y retomando términos como veneno aplicado no solo a medicamentos si no también a alimentos que no cuentan con una etiqueta que diga “producto orgánico”; aunque el uso de una alimentación rica en frutas y verduras siempre ha sido recomendada por le ámbito médico, el contexto se ha salido de control.

La pérdida de confianza hacia los especialistas de la salud y el impotente poder de la vida virtual está generando problemas para los que nadie estaba preparado: una sociedad que busca aliviarse sin el uso de la tecnología médica con que se cuenta, arriesgándose a usar tratamientos que no cuentan con evidencia científica pero que tienen la confianza mediante testimoniales y bajo un discurso de convencimiento casi político. Con todo esto la investigación científica esta perdiendo la batalla, posiblemente adaptarse a las nuevas circunstancias tarde años y como toda revolución, se cobrarán vidas.

La imagen del influencer en la época digital moderna representa una veracidad poco entendida por los especialistas, se tratan de personas que jamás son cuestionadas por sus estudios si no que tienen la increíble capacidad de acercamiento hacia individuos mediante sus experiencias propias, es decir, conocimiento empírico. Bajo esta condición, no se puede tener la información completa sobre el contexto bajo el cual el estilo de vida que profanan salvo su salud, pero la seguridad y la imagen imponente generan la idea de identificación y replicación de sus acciones.

Enfermedades como el cáncer y diabetes son algunos de los ejemplos donde la negación hacia el tratamiento tradicional puede llevar a una crisis de salud dirigida a la tumba pues se rechaza la idea de utilizar dos herramientas importantes: un estilo de vida saludable y adecuada medicación ya que se sustituye solo por la primera prometiendo la cura ante situaciones patológicas degenerativas y potencialmente peligrosas. Las indicaciones modernas van desde el uso de jugos como alimento hasta dietas muy bajas en calorías y uso de hierbas que requieren de control de dosis y disolución que si no son respetadas pueden inducir una toxicidad peligrosa, además se genera una sensación de superioridad respecto a quienes no aceptan o replican este nuevo estilo de vida, visto desde un punto económico como una nueva clase social con la bandera de salud y disciplina que necesita ser admirada.

La nueva era del oscurantismo en la medicina aparece en un momento crucial en el que la biomedicina ha logrado avances que ofrecen una mejor calidad de vida en la salud y en la enfermedad además de la promesa del concepto del buen morir con el fin de generar humanización en la rama médica; todos estos avances están en pausa ante un nuevo reclamo social carente de ciencia y lleno de ideales profanados por individuos incapaces de entender los alcances de sus palabras y ejemplos.

El rechazo a las vacunas, el miedo hacia los medicamentos, la difusión de la idea del envenenamiento por procesos como quimioterapias e incluso el argumento de toxicidad en la toma de datos bioquímicos, cada vez convence más a una gran mayoría y apaga la luz del progreso científico cayendo en la maldición de Santayana “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”.

Imagen que contiene alimentos, dibujo

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*Psico nutrióloga

Elsa Azucena Alfaro González