

Educar para pensar: la urgencia del pensamiento crítico
Hace unos días tuve el gusto de asistir a una plática con un especialista en medicina genómica, el Dr. Iván Dunker quien tiene esa rara habilidad de hacer parecer sencillas las teorías más complejas de la ingeniería y la medicina genética. Su exposición fascinante y profunda provocó muchas inquietudes y reflexiones entre quienes lo escuchamos.
Al concluir su presentación, amablemente respondió cada pregunta. Algunos de los escuchas contextualizaron las teorías científicas con la realidad de la medicina nacional. Alguien pidió centrar las intervenciones en la exposición teórica. Sin embargo, el científico, dijo que, por favor, continuaran las intervenciones que contextualizan su trabajo científico con la realidad, pues todo está relacionado, además de que es muy grato interactuar con personas con pensamiento crítico.
El pensamiento crítico no se privilegia en la cotidianidad, entre otras razones por los modelos educativos tradicionales que priorizan la memorización sobre la comprensión profunda y el análisis crítico, por el exceso de información que dificulta discriminar la información confiable de la engañosa.
Esta experiencia me motivó a reflexionar sobre el pensamiento crítico y la necesidad impostergable de ejercitarlo, toda vez que este tipo de pensamiento nos da la habilidad de analizar, evaluar y tomar decisiones de manera informada y razonada. El pensamiento crítico empodera a los humanos para navegar en un mundo complejo y procesar grandes cantidades de información de manera racional y ética.
La IA define al pensamiento crítico como la habilidad de analizar, evaluar y reflexionar de manera lógica y objetiva la información, argumentos o ideas con el fin de tomar decisiones fundamentadas o formar opiniones bien justificadas. Implica preguntar, indagar y considerar diferentes perspectivas antes de aceptar una afirmación o llegar a una conclusión.

El pensamiento crítico presenta algunas características que lo definen, entre estas están el análisis, que descompone la información en sus partes para conocer y entender sus componentes y la síntesis que combina e integra elementos o ideas individuales para formar un todo coherente y significativo. Estas son dos habilidades clave del pensamiento crítico.
Otras de sus características son el razonamiento lógico para conectar ideas de forma coherente y evitar sesgos o falacias; la reflexión es otra de sus características que considera detenidamente las implicaciones, consecuencias y posibles interpretaciones y la curiosidad que explora ideas nuevas y cuestiona creencias preconcebidas.
En el entorno dinámico en que vivimos, el pensamiento crítico permite adaptarnos a circunstancias cambiantes y a los nuevos desafíos, poniendo en tela de juicio suposiciones y buscando formas innovadoras de avanzar. Es urgente e impostergable promover el pensamiento crítico en los entornos educativos, sociales y culturales pues su práctica nos permite tomar mejores decisiones en contexto de la pandemia informática que confunde y hace tomar decisiones equivocadas.
Lo opuesto al pensamiento crítico podría describirse como pensamiento acrítico o pensamiento automático el cual se caracteriza por la falta de análisis, cuestionamiento o reflexión ante la información, las ideas y las decisiones.
El pensamiento acrítico se traduce en la aceptación pasiva de información sin verificar la fuente o dudar de su validez o estar en conformidad con la primera idea que se presenta, sin explorar alternativas. El pensamiento acrítico conduce al Pensamiento dogmático y el fanático que acepta creencias de manera rígida, sin cuestionarlas y rechazar cualquier idea que contradiga las propias creencias.
El pensamiento acrítico conduce a la toma de decisiones basadas únicamente en emociones o impulsos que lleva a actuar sin reflexionar sobre las posibles consecuencias. El pensamiento acrítico castra las ideas nuevas al negarse a considerar puntos de vista diferentes por miedo al cambio o por comodidad intelectual.
En síntesis, el pensamiento crítico no solo mejora nuestras decisiones y soluciones ante los problemas, sino que también nos capacita para vivir con mayor conciencia, responsabilidad y autonomía. Nos permite ser participantes activos en la sociedad, cuestionando nuestro entorno y contribuyendo al progreso colectivo.

