

“En los pabellones de la muerte hay culpables e inocentes”: Pablo A. Castro Zavala
(Segunda parte)
Continuo la entrevista al también presidente de la Confederación Internacional de Morelenses y Migrantes Mexicanos con sede en Las Vegas, Nevada acerca de la orden de trabajo que le dio Telemundo para entrevistar a los 13 mexicanos condenados a muerte. Cabe resaltar que las actividades de Pablo Castro son diametralmente opuestas: espectáculos, apoyo a migrantes y visita a condenados mexicanos a la pena máxima. Pongo un ejemplo: En una ocasión en que varios nos dirigíamos a un evento migrante ya en Las Vegas, conducía Pablo su camioneta cuando entra una llamada con la voz inconfundible de Juan Gabriel: “Manito –le dice a Pablo- recibí tu mensaje, mira nunca he tenido gran contacto con Cuernavaca, pero si tú me pides que vaya a tu ciudad, voy”. T como ésta, muchas más.
– ¿Cómo iniciaste estas entrevistas? Le pregunto, Pablo de inmediato responde: “Me dieron la lista y ese mismo día me puse a revisar los requisitos para poder ingresar al pabellón de la muerte. Serían cada miércoles durante tres meses de viajar desde San Antonio donde vivía yo, hasta la prisión de Huntsville, igual en Texas. Uno de los requisitos era tramitar a través del FBI, mi carta de no antecedentes penales que no tuviera ni siquiera una infracción de tránsito. Lo cubrí.”
-Describe por favor ¿cómo es esa prisión que alberga a condenados a muerte? mira Lya, para empezar tanto en el exterior como en el interior del penal hay un impresionante dispositivo de seguridad con helicópteros que sobrevuelan la zona. Los muros están electrificados y no hay un sitio sin vigilancia. La vestimenta en Huntsville debe ser color beige o blanco y te confieso que al entrar en 1997 se me enchinó la piel”, luego continuó: “Se entra por un retén de seguridad donde te identificas. Te dan un locker para dejar todas tus pertenencias y solo te permiten pasar monedas de 25 centavos para la máquina de refrescos y comida chatarra. Obviamente el preso espera con ansias el poder probar lo de la máquina a la que él no tiene acceso. Así es que les preguntaba que se les antojaba y como atención les invitaba lo que me pedían. En ocasiones incluso la entrevista era a través de un grueso cristal transparente y con ayuda de un micrófono podíamos hablar solo durante hora y media. Mientras, mi camarógrafo grababa.
“Hasta que llegué con Edgar Tamayo frente a frente, supe que era de Miacatlán, Morelos. Eso me emocionó, él en cambio sonreía tranquilo y agradecido por la entrevista. Cuando le dije soy de Cuernavaca, me dijo que por favor les dijera que les mandaba un abrazo a sus padres. Lo visité varias veces, llevaba 20 años –desde los 18 años-, en el Pabellón de la Muerte siempre negando su culpa. Un miércoles de enero de 2014 a las 21:32 murió al serle aplicada la inyección letal sin prueba alguna que lo culpara por la muerte de un policía.

Por cierto, les llevé una carta de Tamayo que les dirigió a sus ídolos Los Tigres del Norte y estos al leerla le compusieron la canción Inyección Letal en su honor que empieza con: …los canijos gringos me tienen cautivo sin ser culpable… porque a veces aplican sus leyes sin haber razón…. Y la canción describe lo vivido por Tamayo.
“De nada valió que viajara a Roma, ni en México a las Cámaras de Senadores y Diputados en tiempos de Felipe Calderón y en E. U. con Barack Obama, nada se logró. La última vez que lo vi minutos antes de su ejecución se despidió Edgar de mí con un fuerte abrazo pidiéndome: ´Por favor, Pablo, dale este abrazo a mi madre como despedida´, lo cual cumplí entre lágrimas el día de su multitudinario entierro en Miacatlán. El obispo Ramón Castro Castro, que acudió, a petición nuestra, ofició la misa.
“Fíjate Lya que hasta donde sé, solo uno de mis entrevistados, el regiomontano Ricardo Aldape Guerra, logró salir libre del pabellón de la muerte. Tras intenso trabajo pudo demostrar su inocencia, sin embargo pocos meses después de ser liberado, ya en México, iba de regreso a Monterrey luego de filmar capítulos de la telenovela Al norte del corazón de TV Azteca y se mató en la carretera. Y años después, el periodista, que tú conociste también Lya, Simón Hipólito me informó que había otro morelense en San Quentin, California. Allí sigue preso tras 25 años porque el actual gobernador conmutó la pena de muerte en ese estado. Y desde luego, reflexiona mi entrevistado. Y desde luego, esas visitas que continué haciendo a través de los años me enseñaron mucho y sobre todo me sensibilizo como ser humano”.
La entrevista a Pablo A. Castro, con sus interesantes aportaciones de mexicanos condenados a muerte en los E. U., que de 13 que realizó ya casi 30 años, hoy ya suman 50 los mexicanos condenados a muerte, algunos sin que se comprobara su culpabilidad, eso me hizo recordar queridos lectores las palabras del obispo emérito de Tehuantepec Arturo Lona Reyes, llamado “el Obispo de los Pobres” al entrevistarlo hace poco más de 10 años para mi libro “Los Volcanes de Cuernavaca”. Al pedirle una cita en esta ciudad, me la dio pero en Oaxaca, afuera de la cárcel del Istmo. Hasta ese lugar llegué puntual y tras su saludo, me dijo: “Vamos adentro Lya, allá rodeados de los presos platicamos y puedes entrar tranquila que hay más gente mala afuera, que adentro”. Y hasta el próximo miércoles.

Pablo A. Castro Zavala, con Víctor Manuel Miranda Guerrero, en una cuernavacense que enfrenta la pena de muerte en San Quentin, California, donde momentáneamente están canceladas las ejecuciones y no es tan severa como la de Texas. Foto enviada por entrevistado a la autora para ser publicada en esta entrevista.

