La migración internacional se comprende como un proceso de movilidad que conlleva el cruce de fronteras políticas entre dos Estados por un periodo prolongado. Las motivaciones que impulsan este fenómeno pueden ser diversas: económicas, políticas, sociales, ecológicas y culturales. Además, para entender a cabalidad la migración internacional, es fundamental considerar dos condiciones esenciales: la vulnerabilidad y la autonomía. En este marco, el migrante se presenta como un actor que, si bien está influido por circunstancias externas, también posee agencialidad.

En cuanto a la vulnerabilidad, esta se define como una condición inherente a todos los seres humanos por el hecho de ser susceptibles de morir. No obstante, esta capacidad de ser vulnerables varía en grado entre las personas. Jorge A. Bustamante divide la vulnerabilidad migratoria en dos categorías: cultural y estructural.

La vulnerabilidad cultural se manifiesta en la producción, distribución y consumo de ideologías xenófobas y racistas. Estas relaciones sociales surgen de la distinción que los Estados establecen entre nacionales y extranjeros. En este contexto, el discurso desempeña un papel crucial. Desde una visión estructuralista, el discurso trasciende el mero conjunto de oraciones, convirtiéndose en un sistema interconectado que refleja y refuerza estructuras sociales. Por otro lado, desde una perspectiva funcionalista, el discurso se define como el uso de la lengua en situaciones específicas, con un fuerte componente subjetivo y comunicativo. Ambos enfoques permiten comprender la manera en que el discurso contribuye a la creación y perpetuación de la vulnerabilidad cultural, en la medida en que refuerza la discriminación entre nacionales («insiders») y migrantes («outsiders»). Norbert Elías, en su análisis, describe cómo los grupos locales emplean estrategias para mantener privilegios y perpetuar estas divisiones.

Por su parte, la vulnerabilidad estructural, según Bustamante, se refiere a una «carencia de poder» del migrante frente a los nacionales. Esta situación se refleja en disposiciones estatales que marginan a los recién llegados y refuerzan desigualdades. En el ámbito migratorio, esta vulnerabilidad estructural y el discurso antiinmigrante se retroalimentan en un círculo vicioso, generando discriminación y justificando exclusiones. Ejemplos claros de esta transgresión entre discurso y estructura son las leyes antiinmigrantes propuestas en Estados Unidos, como la «Propuesta Sensenbrenner» o la «Propuesta 187», que buscan criminalizar a los migrantes a partir de discursos que los deshumanizan y los presentan como amenazas.

Por otro lado, la autonomía en la migración ofrece una perspectiva distinta. La Real Academia Española define la autonomía como la capacidad de un ente para regirse por sus propias normas. En los estudios migratorios, autores como Nicolas de Genova, Sandro Mezzadra y Martina Tazzioli han desarrollado una escuela de pensamiento que enfatiza el carácter creativo y transformador de las migraciones. Esta perspectiva busca superar enfoques tradicionales que reducen la migración a decisiones racionales o explicaciones estructurales. En cambio, propone entenderla como un motor de cambio que desafía los intentos estatales y capitalistas de control.

Entre las premisas centrales de esta escuela destacan: primero, la migración es un movimiento social con fuerza creativa que interactúa con estructuras sociales, legales, económicas y culturales. Segundo, las migraciones no pueden ser plenamente controladas por el Estado, pues su naturaleza trasciende los marcos legales y políticos. Tercero, las luchas migrantes desafían los regímenes de control, fronteras y exclusión, generando nuevas configuraciones de ciudadanía y relaciones laborales. Cuarto, se prioriza una mirada centrada en la migración misma, y no exclusivamente en las estructuras estatales o económicas.

Finalmente, la intersección entre vulnerabilidad y autonomía en el fenómeno migratorio refleja su complejidad inherente. Es necesario considerar variables estructurales, como las condiciones económicas, raciales y educativas, junto con aspectos identitarios, como el género, la religión y la etnicidad. El concepto de interseccionalidad, propuesto por Kimberlé Crenshaw, resulta útil para entender estas imbricaciones y cómo configuran las experiencias migratorias. Las intersecciones de raza, género y clase no solo afectan a mujeres negras o latinas, como Crenshaw señala, sino que también permiten analizar el impacto de estas dinámicas en otros perfiles migratorios.

Hacer esta diferenciación entre estructura e identidad es clave para comprender los diferentes perfiles migratorios. Por ejemplo, no todas las personas en proceso de movilidad enfrentan los mismos retos; estas experiencias dependen de factores como la situación económica del lugar de origen y destino, el nivel educativo, las características étnicas y raciales, o las identidades religiosas y de género. Estas variables, cuando se entrecruzan, amplían la complejidad del fenómeno migratorio y exigen enfoques analíticos más matizados.

Para esta investigación es fundamental hacer estas aclaraciones. La migración internacional, como proceso humano, es de interés para los Estados debido a las tensiones territoriales, espaciales y fronterizas que genera. A pesar de ello, los migrantes no solo son objeto de políticas restrictivas, sino también actores con agencia, capaces de moldear su entorno y cuestionar las estructuras que buscan limitarlos. La paradoja de la circulación de capital frente a la restricción de la movilidad humana ilustra estas tensiones. De esta manera, los esfuerzos estatales por controlar las fronteras, como la externalización de políticas migratorias, reflejan la constante lucha entre los actores del sistema internacional y los migrantes que desafían estas barreras.

En síntesis, la migración internacional es un proceso multifacético que involucra tanto la vulnerabilidad como la autonomía. Esta dualidad permite entender a los migrantes no solo como sujetos vulnerables, sino también como agentes activos de cambio, capaces de desafiar las estructuras existentes y transformar las relaciones sociales, económicas y políticas en un contexto global. La interacción entre estos polos revela no solo la complejidad del fenómeno migratorio, sino también su profundo impacto en las dinámicas contemporáneas de poder y resistencia.

*Momoxca, internacionalista, escritor y migrantólgo.

Víctor Villarreal Cabello