Hablemos de María y el derecho a decidir

 

El 15 de diciembre, el Congreso de Morelos decidió dar la espalda a las mujeres del estado al retrasar, una vez más, el avance de nuestros derechos. ¿Cómo puede ser este nuestro tiempo, si ni siquiera podemos acceder a algo tan básico como decidir sobre nuestros cuerpos y nuestras maternidades?

En este contexto, me puse a reflexionar sobre cómo la lectura tradicional y androcéntrica nos ha borrado a las mujeres, como han hecho con María y casi todas las figuras femeninas de su mitología. Nos han vendido la imagen de una madre abnegada, dispuesta a darlo todo incondicionalmente, y a las mujeres que crecimos en el catolicismo nos enseñaron a aspirar a ser puras, vírgenes y obedientes, siempre complaciendo a Dios.

Pero hay algo que nunca nos contaron: María no solo fue madre, también fue precursora, maestra e iniciadora de las ideas liberadoras que promovía Jesús. ¡Y si le damos una vuelta al relato, hasta podríamos decir que fue una defensora del derecho a decidir!

Esta reflexión me llevó a recordar la importancia de hablar del Derecho a Decidir, sobre todo ahora que, el 6 de septiembre de este año, la Suprema Corte de Justicia de la Nación despenalizó el aborto a nivel federal. Pero en Morelos, el Congreso, con su decisión reciente, no solo ignoró los derechos de las mujeres, sino que además sacó un argumento tan absurdo como que permitir la interrupción legal del embarazo «atenta contra la soberanía del estado». ¿En serio? ¿Qué hay de los acuerdos internacionales y las leyes que protegen nuestros derechos? Al menos, eso sí, han evolucionado un poco: ya no todo gira en torno a culpa y pecado, esas herramientas favoritas de control que ciertas personas dentro de la Iglesia siguen usando.

Mientras buscaba información sobre este tema, me encontré con el trabajo de Católicas por el Derecho a Decidir (CDD). Ellas, curiosamente, utilizan argumentos de la propia religión católica para defender la vida y la libertad de las mujeres. Por ejemplo, ¿recuerdan la famosa historia de María y el ángel? Nos han dicho que fue más bien una imposición divina, pero según CDD, eso no fue así. El ángel le preguntó a María y ella no dijo que sí automáticamente; expresó dudas fundamentales antes de decidir. Preguntó: «¿Cómo será esto posible si no conozco varón?» (y no, «conocer varón» no era otra cosa más que tener relaciones).

Y luego, está el hecho de que Jesús se convirtió en ese hombre revolucionario gracias a las enseñanzas de María. Ella no era esa figura pasiva que nos pintan, sino una mujer joven, de unos 12 o 13 años, que vivió en condiciones de pobreza, opresión política y explotación. María soñaba con una vida justa para hombres y mujeres, y fue una compañera de lucha, no una virgen estática e inalcanzable.

En estas búsquedas también conversé con Fray Julián Cruz Alta, impulsor de CDD en México, quien me compartió una visión clave: cada mujer es Dios para sí misma cuando se trata de decidir sobre su cuerpo y su maternidad. Y me dijo algo que me quedó grabado: «Los hombres tomamos decisiones equivocadas todo el tiempo –guerras, destrucción, abandono– y nadie nos quita derechos ni nos borra de la historia».

Entonces, si la mismísima María fue consultada para decidir si sería madre, ¿por qué nosotras no? Si María fue Dios para sí misma en esa decisión, ¿por qué no podemos serlo nosotras?

Este mes, en el que celebramos a María, más que llenarlo de cohetes y mañanitas, deberíamos honrar su lucha por transformar las condiciones de vida de su tiempo. Reconozcamos que su maternidad fue una decisión consciente, como debería serlo para todas las mujeres de Morelos. La libertad de elegir es un derecho fundamental, y reducir a María a un ícono inmaculado es negarle su papel como ejemplo de resistencia y cambio. Sigamos su legado revolucionario: defendamos el derecho a que cada embarazo sea voluntario y deseado.

Y mire, si usted es hombre y no está en el Congreso y no le gusta el aborto, aquí un consejo: no aborte. Pero tampoco viole, ni encubra violadores, ni permita que niñas de once años pierdan la vida por embarazos que sus cuerpos no pueden soportar. No restrinja los derechos de las demás.

Morelos tiene una raíz revolucionaria y feminista, y es tiempo de honrarla. Esperamos que llegue ese momento donde cada niña violada pueda acceder al aborto sin miedo ni obstáculos; donde cada mujer, por las razones que sean, pueda interrumpir un embarazo sin arriesgar su vida o su libertad. Este sí sería un verdadero tiempo de las mujeres.

Denisse B. Castañeda