

Jantetelco de Matamoros, la insurgente heroicidad en la memoria de un pueblo suriano.
“Matamoros, en nuestra historia, es sin duda una grande y hermosa figura. Llevó á la causa de la libertad nacional su honradez, su abnegación, su entusiasmo, su desinterés y su genio; organizó, prestigió y condujo á la victoria á sus tropas; y, esclavo de la disciplina militar, cuando se trató de obedecer á su Jefe [Morelos], no vaciló en marchar rectamente á la derrota y á la muerte”, escribió ‒1911‒ el profesor, historiador y filólogo Miguel Salinas Alanís.
El presbítero Mariano Antonio Matamoros y Guridi comenzó, en 1807, su responsabilidad pastoral en Jantetelco. Cinco años después, el 13 de diciembre de 1811, saldría con cuatro jantetelquenses del oriental pueblo suriano para encontrarse, en la villa de Izúcar, con José María Teclo Morelos y Pavón y con su propio destino. 42 hombres más, de diferentes edades, saldrían días después de su tierra para sumarse con Matamoros al movimiento insurgente.
“El 13 de diciembre de 1871, en la tarde, la mayoría de los vecinos de Jantetelco organizó una procesión cívica que recorrió las calles del pueblo, al són de músicas, campanas y cohetes”, al término de la cual “se dió principio a la representación de la pieza dramática” titulada Comedia histórica del benemérito cura don Mariano Matamoros, escrita por los jantetelquenses Carmen Tajonar, José Catarino Escasán, Primo Musitu y Zenón Montenegro.
Desde ese año y hasta la fecha, los jantetelquenses mantienen viva la memoria ‒a través de la representación escénica que, en cuatro actos, narra ese fragmento íntimo de la historia local‒ de aquellos antepasados suyos que decidieron tomar las armas por la independencia. Tan estrecho fue el vínculo entre el revolucionario clérigo y sus fidelísimos feligreses que, inevitablemente, Matamoros ha sido reconocido históricamente como el Cura de Jantetelco.
Varios gobernadores honraron la memoria de Matamoros en Jantetelco: Francisco Leyva Arciniegas decretó la erección en villa del pueblo con el nombre de Jantetelco de Matamoros ‒12 de enero de 1874‒; Jesús Hilario Preciado Aguayo decretó la adopción de Matamoros como “hijo benemérito del estado”; Lauro Ortega Martínez ordenó la realización de tres grandes estatuas de Matamoros instaladas en Jantetelco, Xochitepec e Izúcar ‒1985‒.

“Los habitantes de ese rincón de tierra morelense que lo abrigó durante cuatro años, los hijos del humilde pueblo donde el Héroe dió excelso ejemplo de civismo, deben considerar como su más preciado timbre de honor el recuerdo del 13 de diciembre de 1811. ¡Que la memoria de sus beneméritos antepasados les inspire siempre acciones dignas de sano y elevado patriotismo!”, exhortó el también autor de la obra Historias y paisajes morelenses ‒1924‒.
Matamoros. Su salida de Jantetelco; Miguel Salinas; primera edición; Imprenta del Gobierno de Morelos; Cuernavaca; 1911; 16 pp.
Historias y paisajes morelenses; Miguel Salinas; primera edición; Imprenta del Asilo Patricio Sanz; México; 1924; 372 pp.

Imagen: Hombres y niños de Jantetelco (fragmento);
1931; Jantetelco, Morelos. Archivo Jesús Zavaleta Castro.

