No es nuevo para el mundo lo complicado que ha sido el desarrollo de un estado en el territorio conocido como Palestina. Aunque Israel afirma que durante toda su existencia ha intentado colaborar de la manera más abierta, estas palabras se sienten vacías cuando se observa el asesinato masivo de palestinos y la proliferación de asentamientos israelíes en territorio palestino. Aunque históricamente Israel ha intentado perpetuar numerosos acuerdos de paz y la creación de un gobierno estable en Palestina, estos esfuerzos se han visto frustrados por diversas fuerzas, como los intereses externos y personales de líderes palestinos e israelíes, además de los objetivos terroristas de Hamás, organización que ascendió al poder en Gaza tras la retirada de las fuerzas militares y asentamientos israelíes en busca de la paz. Durante esta retirada, Israel también construyó infraestructura clave para el desarrollo de la población en Gaza, infraestructura que Hamás rápidamente abandonó, pues sus intereses no son proveer una vida digna a sus ciudadanos, sino la destrucción total de la nación judía.

Existen asentamientos israelíes que han perdurado por generaciones (como Kiryat Arba) y otros más recientes que albergan grandes cantidades de personas. Actualmente, hay 144 asentamientos en un territorio que difícilmente supera los 5,000 kilómetros cuadrados. La densidad de población israelí en territorio palestino es tal que una retirada completa resulta imposible sin el uso de medios violentos, lo cual solo perpetuaría la narrativa ultraderechista que alega que la población palestina siente un odio ciego hacia Israel y los judíos. Además, no solo los israelíes prefieren vivir en toda la extensión territorial; en 2021, una encuesta de una organización de noticias palestina señaló que el 93 % de los residentes árabes de Jerusalén bajo gobierno israelí preferían seguir bajo este régimen antes que bajo el de la Autoridad Palestina. Desde 2010, el apoyo entre palestinos para ser garantizados con ciudadanía israelí aumentó del 30 % a más del 50 %. Es importante destacar que los árabes que han vivido en Israel por generaciones han reportado en repetidas ocasiones que no se mudarían a una Palestina independiente si esta llegara a establecerse.

Una de las demandas más grandes del movimiento palestino es el derecho de retorno, argumentando que tienen derecho a regresar a sus hogares ancestrales abandonados tras la guerra de independencia israelí. Esto resulta inviable, ya que está comprobado que la mayoría de los árabes no fueron expulsados a la fuerza, sino que decidieron irse de sus hogares tras la insistencia de la Liga Árabe. Además, esos hogares han sido transformados o adquiridos por israelíes que, en ocasiones, los han convertido en hogares familiares generacionales. Sin embargo, si vemos esta demanda como un deseo de ser reintegrados a la vida diaria del territorio, esto solo sería posible unificando toda la extensión territorial de lo que llamamos Israel y Palestina, y garantizando derechos iguales a todos los ciudadanos, sean árabes o judíos. En la práctica, gran parte del territorio palestino ya es gobernado por Israel. Sin embargo, estos territorios y sus habitantes no gozan de derechos iguales bajo la ley, ya que, al no ser territorio israelí oficial, muchos de sus habitantes no son ciudadanos representados por el gobierno y están sujetos a una opresiva ley militar. Si estos territorios fueran incorporados oficialmente y se garantizara a la población palestina los mismos derechos que a otros árabes que han vivido en Israel por generaciones, la dinámica de la región podría cambiar completamente. Los palestinos serían reintegrados a la vida del territorio completo, se evitaría el crecimiento de autoridades antisemitas como Hamás, y se podrían llevar servicios e infraestructura a comunidades que actualmente se encuentran aisladas.

Esto no significa ignorar las llamadas “preocupaciones demográficas”. Claro, este argumento puede interpretarse como racismo, pero no creo que lo sea en todos los casos. Israel existe para ser una nación que proteja al pueblo judío, ya que el sueño de integración falló completamente, como se demostró durante el Holocausto. En lo personal, considero necesario un estado judío dedicado a proteger al pueblo judío de amenazas externas. Sin embargo, no tengo el espacio suficiente en este artículo para explorar todas estas complejidades, tarea que requeriría un libro entero. Basta decir que esta propuesta podría complementarse con acuerdos internacionales y programas educativos para la población árabe que sería adoptada por Israel.

Esta no es una solución perfecta, pero al menos no implica la subyugación de un pueblo ni permite la proliferación de grupos terroristas.

Gabriel Humberto Hernández-Bringas Ortiz