En la semana que termina se llevó a cabo el seminario “Pensar la técnica”, en la UAEM, organizado por Marco Jiménez y Ana María Valle (de la FES Acatlán y la FFyL de la UNAM), en donde también se rindió homenaje al gran filósofo Alberto Constante. Mi participación se dio dentro del conversatorio “Verdad e Inteligencia Artificial”. Aquel giró en torno de tres interesantes preguntas que, de hecho, son tres grandes líneas de investigación. De modo que en las siguientes entregas escribiré sobre dichas preguntas, en la misma tónica en que nos hizo reflexionar el seminario.

La primera pregunta, en parte, consistía en responder si consideramos que la Inteligencia Artificial podría generar su propia subjetividad. Dicho así, en términos “gruesos”, porque hoy sabemos gracias a las personas de otras disciplinas de estudio, como la ingeniería o la informática, que nos acompañaron, que lo que actualmente tenemos son modelos creados con inteligencia artificial. Es decir, que no existe una sola Inteligencia Artificial como tal. Aunque desde luego aquí podremos decir que en términos de la filosofía podríamos hablar de la inteligencia artificial como fenómeno que ocurre en el mundo.

Cabe aclarar que la interrogante sobre la subjetividad no se refiere a la típica división que hacemos entre subjetivo y objetivo, pensando que lo primero se dice de lo emocional, irracional, relativo, etc., y lo segundo de lo racional, comprobable, etc. Sino que pensaremos que la subjetividad es esa construcción que hacemos de y en el mundo, y que conforma nuestras particulares maneras de ser y de estar. Según Marcela Lagarde, la subjetividad está compuesta por una revoltura de afectos, donde interviene la inteligencia, la memoria, la imaginación pero también el olvido, las preocupaciones, los sueños, el humor, las fantasías. Y señala que también se involucran todos los posibles lenguajes del sujeto: el verbal pero también el simbólico, el estético, el gestual, etc., vistos dentro y fuera de sus deseos. Además, el tiempo es un componente fundamental de la subjetividad porque, agrega: “El tiempo funciona en la subjetividad de modo que lo pasado está tan presente como el futuro que aún no ocurre, y el presente es tan fugaz que difícilmente puede ser experimentado”.

Si concedemos además que la subjetividad (y toda esta serie de afectos descritos) ocurre con la condición de nuestro cuerpo, ¿podríamos pensar en que algún modelo, o bien, la inteligencia artificial genere una manera particular de imaginar, de soñar, de olvidar, de tejer sus percepciones condicionadas en parte por sus deseos?, es decir, ¿que la inteligencia artificial pueda desear?

Si bien se trató de una polémica e interesante pregunta, una importante observación que se extrajo fue que la subjetividad, al menos la humana, se compone por lo que “el cuerpo humano puede”. Es decir, percibimos una multiplicidad de fenómenos con nuestros sentidos a partir de nuestra composición biológica, distintos en diferentes niveles y características a diferencia de como percibe el cuerpo de, por ejemplo, un gato (en cuanto a la luz, o de todo lo que le hace generar movimientos con su cola, sus bigotes, etc.,). En ese sentido, no diremos que un gato carece de una percepción y entendimientos propios (de las diversas significaciones de vivientes se encarga la zoosemiótica, por ejemplo), pero sí diremos que no estamos seguras/os de cómo se generan los procesos por los que asimila sus sensaciones, percepciones, imaginación, sueños y lenguaje.

¿Por qué pensamos en el cuerpo del gato, del humano, tanto como es posible hablar o pensar de un sinnúmero de seres vivientes (plantas, animales y organismos vivos) y también de la inteligencia artificial? Porque lo que hay, hasta este momento en cuanto a la inteligencia artificial, es que aún no sabemos qué tipo de subjetividad pueda generar, si es que esto fuera posible. Ello si atendemos a nuestra definición de subjetividad y, sobre todo, de que aquella se forma luego de un complejísimo proceso dentro de la cultura con la condición del cuerpo humano, es decir, de nuestra materialidad. No descartamos que la inteligencia artificial, o sus diversos modelos, llegado algún momento, puedan llevar a cabo procesos propios (no controlados, sino producto de sus propias interacciones). En ese caso, quizá, será posible hablar de “subjetividades otras”.

*El Colegio de Morelos /Red Mexicana de Mujeres Filósofas

Alicia Valentina Tolentino Sanjuan