Carlota Guzmán Gómez *

En agosto de 2023 se cumplieron diez años de la apertura del Telebachillerato Comunitario (TBC) a nivel nacional y quedaba pendiente hacer un recuento de las dificultades y logros alcanzados por el TBC de Morelos.

La creación del TBC formó parte de la política de ampliación de la matrícula de la Educación Media Superior, un año después de que en 2012 fuera decretada la obligatoriedad de este nivel. El TBC se dirigió a las localidades menores de 2,500 habitantes que no contaran con un bachillerato a 5 kilómetros a la redonda.

El TBC se abrió como una opción gratuita, escolarizada y presencial, dependiente de la Dirección General de Bachillerato de la Secretaría de Educación Pública y en Morelos, de la Dirección General de Educación Media Superior y Superior. El modelo curricular del TBC está organizado por tres áreas de conocimiento y una planta de tres docentes, de la cual, uno de ellos cumple también funciones de responsable de plantel. Los docentes están contratados por 20 horas bajo la modalidad de honorarios, con pago de diez horas adicionales para los responsables. Desde sus inicios el TBC pretendía cumplir con los principios de inclusión y equidad educativa, sin embargo, se planteó como una opción de bajo costo que utilizaría la infraestructura existente de las Telesecundarias por las tardes o instalaciones prestadas.

El TBC inició en 2013 con 253 planteles a lo largo del país, al siguiente ciclo escolar se contaba con 2,918; para 2021-2022 había 3,287 planteles y 126,992 estudiantes. La importancia del TBC no radica en los números, ya que solo representa 2.5% del total de la matrícula de bachillerato a nivel nacional, lo más relevante es que abre nuevas opciones educativas para los jóvenes. Morelos cuenta con ocho TBC y una matrícula de 629 estudiantes, solo por debajo se encuentra Tlaxcala con 5 TBC y en el otro extremo, el Estado de México que tiene 520.

A lo largo de la década, el TBC ha sido bien recibido por las familias y por los jóvenes, ya que significa una opción pública y gratuita dentro de su localidad. Los estudiantes de TBC provienen de familias con alta precariedad económica y gran parte de ellos, además de asistir a la escuela, trabajan, ya sea en el campo o como empleados en algún negocio. La mayoría de los estudiantes han sido los primeros en sus familias en alcanzar el bachillerato, lo cual ha significado un gran orgullo para estas y han perfilado expectativas de movilidad social para sus hijos. A lo largo de la década han egresado 1,300 jóvenes y algunos han logrado ingresar a la Educación Superior.

Los docentes y responsables han tenido un papel fundamental en la construcción del TBC. Desde sus inicios fueron ellos quienes abrieron cada escuela invitando a los jóvenes a inscribirse. Además de la docencia, ellos realizan múltiples actividades de apoyo y seguimiento a los estudiantes, de gestión de recursos y de mantenimiento del plantel, con lo cual rebasan las 20 horas por las que están contratados. Durante la pandemia los docentes y responsables sacaron adelante a los estudiantes, a pesar de todas las adversidades.

Las familias han sido una pieza fundamental para el TBC, ya que han aportado cooperaciones directas para su funcionamiento; han gestionado permisos y recursos ante autoridades, así como han participado de manera directa en la limpieza, en el mantenimiento y en la construcción de planteles propios.

Ante el nuevo gobierno a nivel federal y estatal, es importante recordar que la demanda de bachillerato de Morelos no está cubierta, así que se requieren nuevos TBC, la construcción de instalaciones propias y el mejoramiento de las existentes. Es urgente mayor presupuesto, para que se alcancen las metas de inclusión y equidad que dieron sustento al TBC. Las deudas laborales con los docentes tienen que cumplirse, así como es necesario un compromiso sostenido de las autoridades federales y estatales, para que los jóvenes sigan ampliando su horizonte educativo y de vida.

*Investigadora del CRIM-UNAM.

La Jornada Morelos