

Cuauhnahuac significa junto a los árboles en su sentido más directo. Sin embargo, su nombre también señala la riqueza natural y la relación fundamental del hombre con ese medio. El glifo correspondiente está compuesto por un árbol que tiene, en medio de su tronco, una boca de la cual emerge la vírgula del habla, el glifo proviene de la Matrícula de tributos (Lámina 6), razón por la cual se adivina en sus trazos la habilidad de la mano del tlacuilo. De acuerdo con Antonio Peñafiel, es mitad figurativo y mitad ideográfico, está compuesto por el signo cuahuitl representado por el tronco y la terminación –nahuac que se expresa a través de la abertura bucal, con un sentido final de aquello que está cerca del bosque o a la orilla de la arboleda.
Cuauhitl puede señalar también la firmeza de aquello que está bien establecido, es decir, utilizando la imagen de un ente natural que se erige sobre la tierra, firme y, sin embargo, vivo y dinámico. De tal modo, la denominación señala un hábitat creado por los hombres en plena integración con la naturaleza.
Menos conocido es el anaglifo recuperado por Joseph Marius Alexis Aubin, que se compone por la cabeza de un animal con tres ramas a la manera de cuernos y una vírgula del habla saliendo de sus fauces. Las ramas representan a cuahuitl y la cabeza del animal que habla representa a un nahualli, es decir, un brujo que adquirió la forma de una fiera salvaje, abriendo un universo de significados que van desde “lugar de buenos brujos o hechiceros”, hasta el más amplio “lugar donde residen los hechiceros”. Cecilio Robelo es partidario del primer sentido, lo justifica aludiendo a la estructura Cual-nahual-can, compuesto de cualli (bueno), nahualli (brujo o hechicero) y can (lugar). Para exponer estos elementos, Robelo compuso un pequeño opúsculo en el año de 1894, dedicado exclusivamente a Cuauhnáhuac, ahí menciona que las dimensiones de esta voz nos llevan, en un primer momento, hasta la belleza de la barranca de Amanalco, defensa y portento, que propinó a los hombres de Hernán Cortés el referente objetivo de la riqueza de esta tierra.
Una vez más, Robelo la describe en este opúsculo “De los bordes opuestos de la barranca nacían dos árboles gigantescos, cuyos troncos se inclinaban el uno hacia el otro, y cuyo ramaje se entrelazaba y formaba una especie de puente suspendido.” De tal forma, los árboles, como signo distintivo de esta tierra, actuaron en el encuentro de dos mundos, como una puerta que se abre y se mira lejos. En su conjunto, los glifos y la denominación señalan un emplazamiento que está junto a los árboles, donde la tradición y la cultura florecen en conjunto con la naturaleza.
Se dice que la diacronía que va desde Cuauhnáhuac hasta Cuernavaca tiene, como móvil principal, la dificultad de los españoles para la pronunciación del náhuatl. De tal modo, el maestro Antonio Peñafiel se lamenta, diciendo “Cuernavaca es uno de los nombres mexicanos que más desfigurados nos dejaron los españoles.”
Afortunadamente, todavía puede percibirse la exuberante naturaleza que describe el glifo y la denominación de esta tierra, en este sentido la ciudad de Cuernavaca es un vergel que, en las hermosas palabras de un ferviente partidario de la razón, como lo fue Robelo, señalan la amplitud del horizonte planteado por el progreso porfirista bajo los siguientes términos: “Un brillante porvenir, no muy lejano, le está reservado a la ciudad de Cuernavaca. Un ferrocarril que parte de la Capital de la República, que llegará a Acapulco y que se explota ya hasta la cima de la sierra de Huitzilac, traerá dentro de breve tiempo a la morada de Hernán Cortés, todos los beneficios de la civilización y del progreso moderno; la humanidad doliente que respira miasmas deletéreos en los palacios de la metrópoli; vendrá en pos de Higia, la voluptuosa ninfa de Esculapio; y los opulentos moradores de América del Norte esquivarán los rigores del crudo invierno, viniendo a respirar las tibias y vivificantes auras de esta región paradisiaca.” Cuánta razón tuvo el nahuatlato mexiquense, y de qué manera sus palabras siguen siendo profecía para una tierra que está bien dispuesta a compartir con el mundo entero las maravillas que alberga.

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Nahuatlato, Profesor de tiempo completo en el Colegio de Morelos. ↑

