

Aún no entra el virtual presidente de Estados Unidos, Donald Trump y ya ha provocado tensiones diplomáticas, políticas y económicas con México. Trump amenazó con imponer un arancel del 25% en su primer día como presidente, si el gobierno mexicano no frena la entrada de migrantes en la frontera y de drogas como el fentanilo (Morales, 2024). La respuesta inmediata de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo fue responder «a un arancel vendrá otro en respuesta […] así hasta que pongamos en riesgo empresas comunes” (Gobierno de México, 2024). Después de enviar un equipo de negociación liderado por Marcelo Ebrad, aquel que negoció la política migratoria mexicana en abril de 2019 (Hirschfeld Davis, 2019), los mandatarios tuvieron una llamada. La presidenta mexicana dice que esto calmó al presidente estadounidense y su contraparte afirma que México detendrá la migración. Aquí algunas notas.
Donald Trump es un negociador arrebatado. El presagio de un Donald Trump 2.0 renovado y amenazante para México y para los migrantes que cruzan el país, es un “rinoceronte blanco” acercándose a toda velocidad. La migración como moneda de cambio no es novedad y los mandatarios mexicanos están dispuestos a entregar dicha trinchera para esquivar y evadir a su contrincante. Así lo demuestra el pasado, durante anteriores embestidas de Donald Trump, Ebrad ha sido el encargado de ofrecer militarización de la política migratoria con el despliegue de la Guardia Nacional y la desterritorialización del proceso de asilo Estadounidense. Es decir, ha ofrecido la entrega de territorio nacional para que las personas migrantes esperen su cita en las cortes para justificar su temor fundado. Ejemplos materiales sobran: la presencia de los Centros Integradores para el Migrante “Leona Vicario” del Gobierno Federal en distintos puntos clave de la frontera, así como el incremento de los retenes y vigilancia militar en el territorio para deportar migrantes o para devolverlos al sur del país.
En distintos niveles la política migratoria y la migración han sido negociados como moneda de cambio, con expresiones visibles y no tan visibles. Incluso Andrés Manuel López Obrador permitió la externalización de diversas lógicas a nuestro país bajo diversas lógicas. Esto es un ejercicio que puede ser estudiado desde 1994 con el financiamiento de estructura de contención en el sur del país. Hay quién argumenta que esto puede ser estudiado desde la colonia con el mapeo de caminos en la península (Prieto, 2023).
Algunos puntos clave, son la respuesta del gobierno mexicano y la disposición ante su principal socio comercial. Que es prácticamente inmediata. Además, la intención del mandatario Donald Trump de amarrar a voz forzada y bajo lógicas de negociación estomacal la relación México, Estados Unidos y Canadá, pues también Canadá ha recibido comentarios símiles. Tercero, la actual guerra comercial con China provoca la necesidad por parte del Washington de buscar “proteger su mercado próximo regional”. Las plazas en Izazaga, famosas por su distribución asiática, fueron acosadas por las autoridades mexicanas bajo lógicas de “productos que entraron de manera ilegal” al país. La capacidad de regulación de otros mercados de Estados Unidos en otros países es signo, no sólo de la no existencia de la libre competencia como pregona la ideología neoliberal, sino algún tipo de injerencia dentro de los flujos comerciales internacionales. Cuarto, aunque mucho podría hablarse de que en realidad se está negociando con la política migratoria, quienes realmente sufren los efectos de la militarización, la securitización y ralentización de la política migratoria mexicana son los propios migrantes. Como siempre, las repercusiones no sólo son sobre técnicas y dispositivos, tienen efectos en cuerpos, vidas-muertes y en personas. No sólo son migrantes los que se usan como moneda de cambio, son las personas moneda de cambio frente a los periodos de bullicio internacional.
*Momoxca, internacionalista, escritor y migrantólogo.

