A/ Desde que

Brinton y Bolton -pido una disculpa por insistir, pero olvidé algo importante- informaron por primera vez acerca de la existencia de los leones de tinaja, el interés por esta rara especie ha crecido considerablemente. Nadie hasta la fecha, sin embargo, ha sido capaz de capturar uno.

Debe tenerse por falsa, me parece, la noticia propalada hace unos meses de que en Sothebay de Nueva York se subastó uno en buen estado de salud.

Ni siquiera se sabe de qué manera han logrado verlos los artesanos que los pintan. Se sospecha que los atraen quemando una pizca de copal, pero los intentos de repetir la experiencia han fracasado. Los tales artesanos, por supuesto, se niegan a proporcionar información. «Secreto profesional», dicen para disculparse.

B/ En el Escudo

Nacional de México, un águila y una serpiente combaten. Ver en la serpiente una representación del Mal es un anacronismo, pues significa atribuirle la simbología cristiana, llegada a este lado del Atlántico con los religiosos españoles en el siglo XVI.

Pero nuestro escudo tiene un origen mucho más remoto. Procede de tiempos y pueblos que veían en la serpiente no una encarnación del demonio, sino un trasunto de los poderes telúricos, de las fuerzas de la Tierra. El águila no es la Justicia, ni el Bien; es una imagen de las fuerzas solares.

Y en el símbolo patrio no desgarra ni vence a la serpiente. La situación es más bien de empate. Los poderes cósmicos, las fuerzas de la Tierra y las fuerzas del Sol, se encuentran en un vigoroso y tenso equilibrio. En la inmovilidad de dos rivales de energía pareja, trenzados en una lucha sin vencedor ni vencido.

C/ Borges,

en su ejemplar ceguera de vidente habló de las imprevisibles transformaciones de la arcilla:

La alquimia que en el barro busca el oro.

Ángela Figuera Aymerich, en la cadena que nos ata al origen, de cara al Ceramista primigenio, reconoció en su carne la impronta ancestral:

Vaso me hiciste, hermético alfarero,

y me diste a mi oquedad las dimensiones

que sirven a la alquimia de la carne.

Vaso me hiciste, recipiente vivo

para la forma un día diseñada

por el secreto ritmo de tus manos.

*Doctor honoris causa por El Colegio de Morelos. Catedrático en la UNAM. Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

Felipe Garrido