Hernán Cortés Pizarro: entre el estigma de la conquista y el origen del mestizaje

 

“Fue este incomparable capitán hombre de espíritu superior a cuantas dificultades se le ofrecieron en esta conquista. De una firmísima constancia. De valor intrépido para los peligros. De una prudencia sagaz, resuelta y pronta. De grande ánimo sufrido y penetrativo”, fue como el historiador novohispano ‒siglo XVIII‒ Ignacio Joseph Anastasio Carrillo y Pérez describió la naturaleza del extremeño Hernán Cortés de Monroy y Pizarro Altamirano.

Cortés ha sido, tal vez, el más denigrado personaje en la historia nacional. A él se le atribuyen saqueo y violación, esclavitud y enfermedad, destrucción y muerte. Y, si bien es innegable que toda conquista implica lo descrito, lo cierto es que el metelinense no fue el responsable único de la derrota del imperio dirigido desde México-Tenochtitlan. Los otrora poderosos mexicas fueron derrotados por sus antiguos adversarios y por su fanatismo religioso.

“Cortés tiene bajo su mando quinientos ocho soldados. Sin contar maestres, pilotos y marineros; dieciséis caballos, once navíos, treinta y dos ballesteros, trece escopeteros, diez cañones de bronce y cuatro falconetes”, recontó ‒1950‒ el historiador Fernando Benítez Gutiérrez. Para el historiador bordelés Christian Duverger, tal bagaje militar “equivale a decir que la Conquista de México se hará, en lo esencial, a punta de espada” ‒2005‒.

En Cuernavaca la presencia del conquistador es parte de la identidad de sus habitantes. El Palacio de Cortés es inevitable referente que determinó la traza urbana citadina desde el siglo XVI. Las haciendas de Axomulco y Tlatenango, en la antigua Cuauhnáhuac, constituyeron el inicio de la industria azucarera en la región. La vocación agrícola e industrial impuesta por Cortés definió parte esencial del destino del territorio que hoy llamamos Morelos.

La muerte de los vencidos fue el parto del mestizaje, el origen de la identidad nacional, el germen del conflicto existencial vigente. “Si México nace en el siglo XVI, hay que convenir que es hijo de una doble violencia imperial y unitaria: la de los aztecas y la de los españoles”, planteó el poeta y ensayista Octavio Irineo Paz Solórzano ‒1950‒. Y añadió: “El mexicano no quiere ser ni indio ni español. Tampoco quiere descender de ellos. Los niega”

El 2 de diciembre de 1547, en la andaluza villa de Castilleja de la Cuesta, falleció el polémico hombre nacido en la badajocense villa de Medellín. Alfredo Chavero Cardona, historiador, arqueólogo y poeta describió ‒1884‒ el encuentro entre el conquistador Hernán y el prisionero Cuauhtémoc: “Moría ya la tarde, prometiendo tormenta, y entre nubes rojas como sangre se hundió parta siempre detrás de las montañas el quinto sol de los mexica”.

La Ruta de Hernán Cortés; Fernando Benítez; primera edición; Fondo de Cultura Económica; México; 1950; 262 pp.

El laberinto de la soledad; Octavio Paz; cuarta edición; Fondo de Cultura Económica; México; 1964; 180 pp.

México a través de los siglos; Historia antigua y de la Conquista; Alfredo Chavero; vigésima edición; t. segundo; Editorial Cumbre; México; 1984; 468 pp.

Cortés. La biografía más reveladora; Christian Duverger; primera edición; Taurus; México; 2010; 508 pp.

México gentil, católico y político; Ignacio Carrillo y Pérez; primera edición; Fundación Teixidor; México; 2018; 420 pp.

Imagen: Hernán Cortés (fragmento);

Madrid, España. Real Academia de la Historia.

Jesús Zavaleta Castro