

#1
A veces cuando me siento triste, empiezo a ordenar mi cuarto.
Hay que empezar en algún lado. Yo tiendo la cama, ordeno los cables y recojo los calcetines tirados en el piso. Intento darles un lugar digno, un cajón a cada uno. En el fondo pienso que así, mis sentimientos igual también podrían guardarse u ordenarse, cómo se guarda un calcetín, o se enreda un cable, cada uno en un cajón. Al menos ya están en orden, pienso.
Podrán ser usados, sólo cuando sean necesarios.
Hay días que la extraño más que antes, que el corazón me cruje. Supongo que son las fechas, a esta hora ya estaríamos ayudando en la cocina, cortando pan, o calentando el pavo, o yo con sus tíos en la sala escuchando sus historias. Intento no distraerme, todavía me queda mucho por arreglar, así que vacío una caja de cables en el piso, y unos cuantos calcetines, sólo para seguir ordenando lo que falta en mi vida.
#2
No sé por qué me alegré de ver eso, la verdad que me apena un poco K. ¿Por qué carajo el término de tu relación tendría que alegrarme? La gente suele no decir ese tipo de cosas, no está bien decirlas, no sé si es lo que quieres oír tú, ni si quiera sé si yo quiero escucharme a través de estas letras, me da un poco de bronca, a mi qué me importa si tú ya te habías ido hace mucho tiempo, me lo dejaste claro en esa última llamada:
Siento que no puedo darte lo que necesitas, y yo, que tan sólo necesitaba un poco de ti te respondí; gracias, colgué, prendí mi coche y anduve unos 15 minutos manejando sin rumbo, no quería pensar.

Lo cierto es que apareciste en un momento crítico en el que yo no te necesitaba, si acaso, empezamos a hablar porque resultaste ser una amiga en común. El problema fue ver el final, no pude ver final de nuestra conversación, todas las noches y después de los shows, aparecías y yo aprovechaba cualquier excusa para cruzar contigo un par de palabras, y tú con mucha cautela te empezaste a interesar en mí.
En ese tiempo yo era un cielo sin estrellas, estaba condensado en pequeñas gotas de agua, de horas tristes. Siempre hablamos hasta tarde, inclusive cuando no quedaba ya nadie en el bar, después te dejaba en casa y cuando llegaba a la mía, ya me habías mandado un mensaje para seguir charlando.
Yo me entregué a ti aún sin ser tierra fértil, dejé que un poco de aire meciera mis hojas.
En una fiesta de Halloween me pediste que al terminar me quedara contigo en tu casa, pero olvidaste tus llaves dentro, y fue un momento torpe porque querías parecer sexy, pero tu cuartel estaba fuera de servicio, inmediatamente dejaste de portarte provocativa, así que fui a dejarte a casa de tu amiga, al otro día me escribiste:
No esperaba terminar mi noche así y me enviaste una foto tuya en ropa de tu amiga acostada en el piso, y a mí eso me pudo más K. Yo no quería dormir contigo, ya hacías suficiente.
Gracias por mecer mis hojas, resultaste viento fresco, y una estrella fugaz en esa noche tan desolada, estoy al borde del puente y pienso que no me supe despedir de ti, no fueron las palabras justas decirte gracias y colgar, tú que te hiciste una lista de canciones y un perfume que no me puedo sacar, y yo que tan sólo fui silencio y un par de kilómetros a ningún lado.
Ahora espero paciente y muy quieto a que te vayas

