

En México, a partir del gobierno de Miguel de la Madrid (1982-1988) inicia la era de la tecnocracia. Y según el politólogo Francisco Suárez, la tecnocracia la define como un producto de la cultura que tiene que ver con la intervención de la técnica y la tecnología para la toma de decisiones políticas. En el caso de la administración de los recursos públicos se hizo patente la utilización de herramientas provenientes de la cibernética, de las tecnologías de la información y comunicación, de los sistemas, etc. En ese sentido, no se pone en duda que las herramientas tecnológicas y su consecuente sofisticación respecto de la toma de decisiones en un marco gubernamental no solo son necesarias, sino indispensables para lograr aspectos como la transparencia de la información y, en consecuencia, para atajar cuestiones como la corrupción.
No obstante, hay que hacer un paréntesis o suspender parcialmente esta especie de halo que tienen las tecnologías en lo que parece ser su inmersión en la visión de lo que una sociedad considera que es el progreso. Es decir, existe la creencia generalizada de que a una mayor uso e implementación de tecnologías se pueden abatir muchos de los problemas y fenómenos que aquejan a una sociedad. Eso es una verdad solo de carácter parcial, puesto que la tecnología no es una panacea para la multitud de problemas a que se enfrenta la gobernanza.
Volviendo al caso de nuestro país, a partir del enfoque de la tecnocracia y de que la educación y decisiones importantes se basaran en el saber hacer especializado, que en la mayoría de los casos condujo a una hiperespecialización de las disciplinas, se abandonaron perspectivas humanísticas. En particular el enfoque gubernamental en los temas de la educación optó por darle prevalencia a profesiones técnicas o administrativas, lo cual en sí mismo es algo positivo, pero con la prevalencia de la perspectiva de la tecnocracia se descuidó la importancia capital de las ciencias sociales y las humanidades en una nación asolada por problemas que el mero uso de la tecnología era incapaz ya no de frenar, sino de poder hacer visibles.
Luego, lo que se tuvo después fue desde un empobrecimiento en términos de potencial crecimiento y avance de instituciones dedicadas a la cultura, hasta muchas veces eliminar de los planes de estudio en distintos niveles educativos materias como la filosofía. Lo que hoy se sabe que causan tales omisiones es la carencia de un pensamiento crítico, reflexivo y, en ese sentido, incluso se genera un obstáculo en la actividad creadora.
A su vez, los prejuicios generalizados acerca de la filosofía, como el ya conocido dicho “te vas a morir de hambre” venían más bien como una consecuencia o resultado de la creencia de que, una disciplina como esta, al no tener el carácter tangible o material que sí tienen muchas profesiones que tuvieron auge en el periodo de la tecnocracia y del neoliberalismo, eran inservibles o inútiles. Ante todo ello, ha resultado imperativo hacernos la pregunta de si la totalidad de la vida está resuelta en las cosas materiales o, más allá incluso, si con el pensamiento y su detonación existe la posibilidad de ampliar los panoramas para reordenar nuestras condiciones materiales.
Desde luego este tipo de preguntas se obtienen gracias a la filosofía. El cuestionar, como ya decía el filósofo francés Michel Foucault en su conocido texto “¿Qué es la crítica?” es un ejercicio que nos otorga el derecho de interrogar lo que se considera verdadero o estatuido, pero que viene engarzado con el fenómeno del poder. Esto en consecuencia nos llevaría a no formar parte de las actitudes serviles. Y más importante aún: el hecho de exponer mediante un sentido crítico aquello que es invisible para las mayorías es un vital ejercicio de consciencia que, por sí mismo, es ya la mitad, a veces más, del avance en la resolución de un problema. Es moverse de lugar, sacar a flote la herida inconsciente para que no conduzca más nuestros muy probablemente fatídicos destinos. Quizá por lo mismo, ante el darse cuenta de esa necesidad y el enorme potencial de dotar a estudiantes y no estudiantes del pensamiento crítico que puede detonarse gracias a la filosofía, hoy ella recorre cada vez más y numerosos caminos.

*El Colegio de Morelos / Red Mexicana de Mujeres Filósofas

