

La academia que estudia la relación entre migración y desarrollo problematiza distintas cuestiones de alta relevancia para el siglo XXI. El principal nexo son las remesas. Una parte de la academia cuestiona si existe realmente un desarrollo a sabiendas de que la migración es forzada (Delgado Wise y Márquez Covarrubias, 2012) o por desplazamiento compulsivo (Delgado Wise, 2018) y que el sistema económico neoliberal ostenta una desvalorización de las cadenas de trabajo de los lugares de origen (Márquez Covarrubias, 2018). Otra parte observa una clara relación entre migración y desarrollo a través de lo que se conoce como un “triple win”, en dónde ganan los migrantes y sus familias, los lugares de origen y los de acogida (Agunias and Newland 2007, p. 1). Sin embargo, no es casualidad que distintos enfoques debatan la compleja relación entre migración y desarrollo, por sí mismos ambos temas son arduos campos de estudio que ya cuentan con sus propias preguntas ¿Qué es la migración? ¿Cómo se define? ¿Cuándo empieza? ¿Cuándo termina? ¿Qué es el desarrollo? ¿Algún país considerado del “tercer mundo” posterior a la Guerra Fría ha alcanzado el desarrollo?
Una de las variables en cuestión, la liga que unifica es la de las remesas, como un subproducto del trabajo migrante. Divisas en dólares van y vienen entre naciones. El flujo del capital llama la atención de las y los investigadores. Canales (2018) propone que la migración sí produce desarrollo, sin embargo, debe de valorarse el momento de la migración, porque puede también no hacerlo. Por muchas razones, porque el uso de las remesas puede variar entre familias, porque muchas remesas se utilizan para comprar productos básicos o para construir casas que a veces quedan abandonadas. Las figuras paternas y maternas dejan un hueco y produce algún tipo de anomía social. Por otra parte, algunas remesas son utilizadas para que las infancias estudien, para mejorar el hogar familiar o para colocar un negocio en el terruño inicial. Por eso la relación entre migración y desarrollo no es fija, porque los discursos en torno a las remesas pueden ser ejecutado por razones políticas (Lozano-Ascencio, 2003), por razones de subsistencia, visto como una medida paliativa, como una “válvula de escape” (Portes, 2007), porque también la liga entre remesas y migración no es lo suficientemente clara. Podría incluso cuestionarse si el crimen organizado es quien envía mayores remesas o son las personas migrantes los “agentes del desarrollo”.
Es decir, en general, el nexo entre ambos conceptos es complejo y móvil, pero tampoco es una discusión inerte. A pesar de que se apega al nacionalismo metodológico en algunas ocasiones, por la cuestionable relación entre migración-remesas-desarrollo es prudente seguir estudiando los usos políticos, económicos, sociales y culturales de dicha relación. Es ambiciosa la línea de investigación, sin embargo, de lograrse algún tipo de relación armoniosa podría ser sustento para hablar de “globalización desde abajo” (Portes, Guarnizo y Landolt, 2003), es decir, la migración como un agente de las Relaciones Internacionales, desde su actividad sea un actor de lo internacional sin motivarse por una ostentación del poder. La línea entre migración y desarrollo seguirá siendo estudiada por demógrafos, economistas y antropólogos ergo se observa como un escenario cambiante, lleno de interrogantes múltiples. El tiempo y los estudios que están por venir darán claridad o proveerán de múltiples velos para comprender este proceso.
*Momoxca, internacionalista, escritor y migrantólogo.

