Que la vergüenza cambie de bando, que agachen la cabeza quienes perpetúan las violencias, que no puedan mirarse al espejo, que sus hijos e hijas los desconozcan, que cada vez que quieran enunciar palabra, salga de su garganta un aullido que les queme las cuerdas vocales, sí, como dice Giséle, que la vergüenza cambie de lado, no deben ser las sobrevivientes de las violencias patriarcales las que tengan que agachar la mirada por ser víctimas de un patriarcado que a todas luces y sin reparo nos recuerda, lo mucho que nos odia. En esta entrega quiero hablar un poco sobre el caso de Gisèle Pericot, la mujer francesa violada por 80 hombres y vendida por su marido, para después poner a la venta las violaciones en una web pornográfica.

No tenía sexo con otros hombres, no, puesto que ella nunca consintió ni se dio por enterada, al hablar de este caso, se debe enunciar correctamente, Gisèle fue prostituida, sodomizada, y usada en beneficio personal, del hombre que, según el “amor romántico” debía procurarle salud, cuidado y compañía, pero decidió lo contrario; someterla químicamente para desposeerla de su autonomía, de su dignidad, y su humanidad, para ser violada por más de 80 hombres en un periodo de casi diez años. Nada de sexualidad esto es un delito, una expresión pura de la crueldad contra una mujer, ¿será cierto que algunos hombres son incapaces intelectualmente de entender la diferencia entre tener sexo con alguien, y violar a una persona inconsciente, sometida químicamente para utilizarla a gusto y beneficio propio? Yo, no lo creo.

En este caso, por ser manadas puesto que acudían en grupos para efectuar una violación tumultuaria constantemente a casa del matrimonio Péricot, podemos utilizar el término que Rita llama la «cofradía masculina” es decir la capacidad de crueldad ante los ojos de los otros, de los pares. Qué otra cosa podría darle sentido a la participación de 80 hombres, abusando sexualmente de una mujer que obviamente se encontraba drogada, ninguno de esos 80 hombres pensó en algún momento, -esperen, ella está inconsciente, ¿está de acuerdo con esto? – al contrario, y en su defensa, dicen frases ridículas como: que solo habían asistido, como espectadores a escenas de «amor de una pareja libertina». Debe ser muy vergonzoso para algunos pertenecer a este género.

Para esta entrega, y puesto que me gana la indignación y la tristeza, de observar que no importa, qué mujeres seamos, a qué nos dediquemos, la edad que tengamos, puede ser una señora francesa de 71 años, o Rebecca Cheptegei la atleta olímpica en Kenia quién no sobrevivió después de que un exnovio la rociara con gasolina y le prendiera fuego, o “M” la niña morelense de seis años que fue abusada sexualmente y asesinada a golpes en su propia casa por un vecino. Podríamos llenar este artículo, solo con los nombres de las niñas y mujeres que han sido asesinadas o abusadas sexualmente con una pedagogía exacerbada de la crueldad.

Para esta entrega recurrí a una entrevista a Karina Vergara, psicoterapeuta, poeta mexicana y hacedora de pensamiento crítico fuera de la blanquitud y la heterosexualidad. ¿Por qué está tan enraizado, sostenido y solapado la violencia y la crueldad hacia las mujeres hasta normalizar el feminicidio en América Latina y en particular en México?

K.V.-Estamos viviendo un momento histórico del neo-patriarcado, es decir, hubo un momento histórico donde se fundó lo que yo llamo el primer patriarcado, que es la apropiación de los cuerpos y de los trabajos de las mujeres, de tal forma que nos vimos sometidas a trabajar para nuestro apropiador, a parirle hijos, pero ahora −y esto lo he escrito ya varias veces−, se acabó la tierra por conquistar, se acabó la tierra por colonizar, y lo que queda por colonizar son los cuerpos de las mujeres, en la prostitución, en la venta de nuestra tortura y nuestro sufrimiento en los videos snuff o en la pornografía “más legitimada” es un fenómeno muy contemporáneo. Existe toda una cultura de la reconquista de los cuerpos de las mujeres que no sólo legitima la violencia exacerbada, también la permite, la anuncia, la glorifica, incluso la vuelve una especie de glamurosidad gore, “el glamur gore”, el encanto por la sangre y lo extremadamente violento. Estamos rodeadas de una maquinaria que no solo válida también endiosan, engrandecen y en cuanto más sangriento y más terrible sea y más abuso de poder exista, más glorioso es el héroe feminicida-patriarcal

Si no cree que hay un aparato endiosándolos, basta que usted ponga en Google, feminicidas famosos en México, le saldrá en primer lugar El Monstruo de Ecatepec quien violaba y posteriormente descuartizaba a sus víctimas, o el “químico de Iztacalco” otro feminicida serial, lea usted la manera en que mediáticamente son presentados y entenderá la referencia,

Me faltó espacio este martes, para enunciar la indignación y el dolor, no solo por Giséle, Rebecca, o “M” sino, por el terror del hallazgo de constatar día a día que en el mundo ser mujer es sinónimo de muerte.

 

Denisse B. Castañeda