

El Colegio de Morelos: la corrupción de lo mejor es lo peor
A Ricardo Guerra in memoriam
Para el nombramiento del primer rector de El Colegio de Morelos el gobernador Graco Ramírez tuvo la oportunidad (que no aprovechó), de demostrar sus convicciones democráticas, al reconocer que el primer rasgo de la autonomía en esta nueva institución significaba “la facultad y la responsabilidad de gobernarse a sí misma”, como establece la fracción VII del Artículo Tercero de nuestra constitución. Esto es, postular y elegir a sus propias autoridades.
Para la designación del primer rector, el legislador estableció en el Decreto de creación y Ley orgánica de El Colegio de Morelos, que “será atribución del Ejecutivo, por única ocasión, nombrar al rector de una terna propuesta por la Secretaría de Educación estatal.” En este sentido, un grupo de profesores del Centro, propusimos que dicha terna fuera formulada por la propia comunidad de profesores, estudiantes y trabajadores del CIDHEM, como un ejercicio democrático de autonomía desde el inicio de la institución y no como una autonomía diferida hasta la siguiente elección de rector. El gobernador nos ignoró y nombró a un rector a su modo y conveniencia. El designado fue el Dr. Luis Tamayo Pérez, en quién muchos confiamos al principio, pero pronto se encargó por “gratitud”, como su antecesor Jesús Araiza, de cuidar los intereses del gobernante en turno. Para eso el gobernador Ramírez compró la lealtad del nuevo rector mediante una “pensión dorada”. El argumento utilizado fue por “edad avanzada”, cuando el solicitante tenía 57 años cumplidos en ese momento y poco más de 10 años de servicio en el CIDHEM. La mitad de esos años como “profesor extraordinario”, esto es, un simple profesor de asignatura por horas. Esta jubilación dorada fue obtenida de manera ilegal, inmoral, e ilegítima para asegurar la “lealtad” del beneficiado hasta la fecha.
1.- Ilegal: pues el CIDHEM en su carácter de organismo público descentralizado se regía en sus relaciones laborales por la Ley Federal del Trabajo y no por la Ley de Servicio Civil del sector centralizado del gobierno estatal. Luego, la pensión es ilegal.
2.- Inmoral: pues de todos los trabajadores del Centro solamente se le otorgó en exclusiva una “pensión dorada” a Luis Tamayo.

3.- Ilegítima: porque el dinero público destinado a la educación pública superior fue usado para “asesorar trabajos por encargo”. Como la campaña de desprestigio del gobernador Ramírez contra el rector de la UAEM y después la campaña en contra del candidato futbolista que resultó electo. El colmo fue tomar veladamente partido por el hijastro del gobernador. ¿Por qué si no, en las primeras semanas del gobierno de Blanco, el rector Tamayo fue destituido por la Junta de Gobierno de El Colegio de Morelos? ¿Organismo público autónomo, me pregunto?
Las pruebas de la “jubilación dorada” que logró trastrocar las convicciones en conveniencias en la conciencia del rector son claras para el lector curioso que quiera comprobar lo afirmado. (Cf. Decreto 690 publicado en el Periódico Oficial Tierra y Libertad del 29 de junio de 2016, p. 28) [1]. La calidad moral del rector queda también de manifiesto cuando este beneficio se obtuvo en exclusiva para él y nadie más en la comunidad de trabajadores del CIDHEM. Se hizo con gran sigilo para no alborotar el avispero de los empleados académicos y administrativos de planta, pues el otorgamiento de la pensión dorada referida se publicó como por ensalmo bien orquestado, días antes de que se publicara el Decreto de extinción del CIDHEM. Una jubilación sincronizada a modo con gran precisión para comprar la lealtad del rector hacia el gobierno gracorrupto. Situación que confirma lo escrito por Lord Acton y suscrito por AMLO. El poder enloquece a los inteligentes y el poder otorgado al sicólogo orgánico, lo corrompió y enloqueció con eficaz prontitud. El dictamen final de la rectoría de Tamayo lo dio el distinguido Dr. Pablo Escalante el 20 de octubre de 2018: “esperamos superar la época de autismo en la que estaba sumido el Colegio de Morelos,” añadiendo que los profesores y alumnos de esta Institución han aguantado más allá de lo soportable la situación que se vivía en dicho organismo.[2]
De haber logrado que fuera la comunidad académica del CIDHEM la responsable de nombrar a las nuevas autoridades de El Colegio de Morelos, sería muestra de la voluntad política del gobierno de Graco Ramírez, pero no existía tal voluntad política.
Si el gobernador hubiera reconocido la trayectoria de una comunidad que en 2016 cumplía sus primeros 22 años de hacer Historia en la docencia en humanidades en el Estado de Morelos. Y que seguiría haciéndola de no ser por la torpeza política y jurídica, de un gobierno que no supo valorar la dimensión educativa de una institución como el CIDHEM negando los logros del centro fundado por Ricardo Guerra.
Como las ramas de los árboles así las generaciones de los maestros y estudiantes que pasamos por ese excepcional Centro, extinto por infame decreto el 13 de julio de 2016. Como bien recordaba Iván Illich: la corrupción de lo mejor, es lo peor.
[1] https://periodicooficial.morelos.gob.mx/ejemplares

Luis Tamayo y Graco Luis Ramírez en la colocación de la placa conmemorativa de la inauguración de El Colegio de Morelos. Imagen cortesía del autor

