

A / No siempre hubo paisajes
Arropados por los muros, la luz, el clima, las voces de su lugar natal, mientras no conocieron otros hábitos, otras lenguas, otras tierras; mientras no supieron sentir la nostalgia, las mujeres y los hombres no tuvieron la distancia interior que hace falta para percibir o inventar el paisaje. Hubo de llegar la era de los encuentros, de los primeros grandes viajes de exploración y dominio, con su mezcla de fanatismo, indagación, violencia y asombro, privaciones y avidez para que paulatinamente ocurriese que el paisaje fuera descubierto.
Por mucho tiempo los diarios de viaje y las descripciones geográficas se sucedieron atentas a oportunidades, riquezas, costumbres, formas de gobierno, la pasmosa diversidad de las costumbres, pero no al paisaje, que no había sido descubierto. Aquellos mercaderes metidos a exploradores nombraban con minucia cuanto salía al paso, pero no habían aprendido a reconocer que su entorno era distinto. Así en El millón, abierto al azar:
Pasando el río desde Fugiu se andan cinco jornadas encontrando por doquier ciudades, castillos y granjas muy florecientes y donde hay cantidad de productos. Se pasa por montes, valles y llanos e inmensos bosques poblados de árboles, de los cuales se saca el alcanfor. La comarca es abundante en caza, aves y pájaros. Sus habitantes viven del comercio y la industria, son vasallos del Gran Khan, y bajo la jurisdicción de Fugiu y a cinco jornadas hay una ciudad llamada Cantón, que es grande y noble.
Asomado al Asia remota en el último tercio del siglo XIII, Marco Polo está frente a otro entorno natural, otras ciudades, otras formas de vivir, pero no da cuenta de ese otro paisaje porque no está educado para reconocerlo.
B/ Una reacción al entorno

Más de dos siglos después, deslumbrados ante un archipiélago en buena parte imaginado, los súbditos españoles de Carlos V revelan en sus escritos fugaces, fortuitas emociones más, para dar cuenta de ellas disponen de un lenguaje que comienza ya a sentirse educado en, o por, la óptica renacentista.
Dice Las Casas que al entrar a Cempoal, unos soldados llegaron a un patio cuyo piso creyeron de oro y de plata… y advierte que no era absurdo decirlo porque, después de enyesarlos
pintaban los tales [patios] con almagre y después bruñíanlos con unos guijarros muy lisos, que no podía estar más bruñido ni con más lustre un plato de plata, pues como el sol comenzaba a derramar la lumbre de sus rayos y en los suelos a reverberar, lucían de manera que a quien llevaba tan buen deseo y ansia de haber oro y plata, fue causa suficiente para que los suelos y aun los cielos plata y oro y aun piedras preciosas se le pudiesen antojar.
En los escritos de los cronistas de Indias comienza a mostrarse el interés por el paisaje; la afición a poner en el entorno, o a manifestar como producto del entorno sentimientos y emociones, juicios subjetivos. Así Bernal, al entrar a Tenochtitlan:
y desde que vimos tantas ciudades y villas pobladas en el agua, y en tierra firme otras grandes poblaciones, y aquella calzada tan derecha por nivel como iba a México, nos quedamos admirados, y decíamos que parecía a las cosas y encantamientos que cuentan en el libro de Amadís, por las grandes torres y cues y edificios que tenían dentro del agua, y todas de cal y canto; y aun algunos de nuestros soldados decían que si aquello que veían si era entre sueños.
En esta orilla del Atlántico, fueron estos escritores quienes dejaron las primeras huellas del paisaje. Ya vendrían luego los poetas. La naturaleza ni las ciudades necesitan espectadores para existir; en cambio, el paisaje no puede tomar forma sin alguien que lo contemple. El paisaje es una manera subjetiva de reaccionar ante el escenario en que vivimos —un modo de buscar que ese escenario provoque en nosotros emociones y sentimientos.
Ya dije, cuando agosto agonizaba, que mientras Azuela escribía Pedro Moreno, el insurgente viajó a El Sombrero para describir el lugar; su geografía jamás es imaginada. Para Azuela el paisaje era ya una preocupación medular.
*Doctor honoris causa por El Colegio de Morelos. Catedrático en la UNAM. Miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

