

Vivimos discusiones acaloradas cuando vemos el porvenir desdibujado en el horizonte. Volteamos a vernos sorprendidos, unos a otros, preguntándonos incluso, cómo llegamos a una situación así, como ésta. Recurrimos en vano a las palabras para hacer ver al de junto anhelos de prosperidad o nubarrones de pánico. Quisiéramos al menos ser comprendidos, pero nunca nos preocupamos por escuchar al otro, por aprender a interpretarlo.
Y, qué es la interpretación. Dado que la hermenéutica consiste en un modo de hacer filosofía, un movimiento histórico que no es, ni ha sido (a través del tiempo), asumida del mismo modo, a pesar de que haya una tradición hermenéutica identificable, es importante referir que, una de las preguntas importantes es, qué es la interpretación; pregunta que corresponde a una filosofía de la interpretación.
Frente a dicha pregunta, central, la interpretación ha sido asumida como experiencia: la interpretación es una experiencia, pero, una experiencia interpretativa. Aquí el adjetivo modifica, y permite sustituir, la connotación cientificista que el concepto experiencia podría tener; y no me parece ello poco importante, pues, en la hermenéutica, la interpretación afecta la/nuestra experiencia. Cómo, es lo que veremos a continuación.
Se asocia a la interpretación el entendimiento: cuando bien se interpreta, se entiende, y si no se ha entendido, la interpretación falló. Asimismo, suele definirse entendimiento como la obtención de algo, algo que no estaba (presente). De tal manera que, si interpretar se asocia con entender, entonces, interpretar se asocia con la obtención de algo, algo que no estaba (presente).
De ahí la asociación, en Heidegger, entre entendimiento y cumplimiento o realización, en tanto que algo se obtiene, se cumple o se realiza; de ahí también la asociación entre entendimiento e interpretación, en tanto que ese algo no se obtendría, no estaría (presente), sin la interpretación, esto es, en tanto que a algo se llega.

Pero ¿y la experiencia?, ¿es esto una experiencia?
Enactuar o enactment es un concepto que permite dar cuenta de ello, pues refiere una interpretación que surge de la experiencia y una experiencia que surge del entendimiento. Es decir, enactuar no consiste en una experiencia que surge de una interpretación, ¿por qué?, porque es precisamente la ausencia de interpretación -de camino quizá-, sobre ese algo en el entendimiento o sobre una situación, lo que da origen al término.
Un ejemplo es el uso del término en contextos psicoanalíticos, en donde el paciente expone en acto al analista, conductas que permiten al primero actualizar situaciones o pensamientos que le resultan difíciles de expresar con palabras de manera elocuente. A partir, entonces, de poner en acto -de hacer experienciable- dicho entendimiento, el analista y/o el propio paciente acceden a una interpretación.
Bajo el enfoque de enactuar, la experiencia no se acota a lo cuantificable, como en la ciencias sociales, en donde se accede a la experiencia mediante la repetición de experimentos; no se acota a lo medible, como en las ciencias naturales, en donde se accede a la experiencia con fundamentos epistémicos bajo el brazo; sino que, bajo este enfoque, el que el enactuar permite, la experiencia se vuelve literalmente interpretable, o interpretativa; esto es, se afecta a la experiencia.
Cuando la experiencia es afectada por la interpretación se amplía (enlargement) nuestra persona, y, más que aprender sobre un tema o una materia en particular, aprendemos sobre nosotros mismos (quizá con respecto a un tema o materia en particular), aprendemos sobre el mundo (quizá como sentido de vida en general) y aprendemos sobre los otros (quizá para compartir puntos de vista y enriquecer nuestros criterios).
* Profesor de Tiempo Completo de El Colegio de Morelos.

