Entre las falacias de la Independencia de México y la inexistente identidad nacional

 

“Mis ojos que […] alcanzaron a ver la libertad, la redención y la completa ventura de la patria, se fijaron […] en los ilustres ciudadanos, que con su sangre, sus talentos y fatigas rompieron la cadena de tres siglos y han dado existencia a un pueblo heroico, dejando a la posteridad su gloria, su nombre y sus ejemplos”, pronunció José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix el 10 de octubre de 1824, al protestar como primer presidente constitucional de la república.

Ni el inicio ni la consumación de la Independencia Nacional sucedieron en las fechas impuestas por los diferentes grupos de poder en los gobiernos y que, más de dos siglos y un cuasi cuarto después, festejamos. Muchas efemérides, hechos y personajes, son resultado de intereses diversos y no de la conmemoración de aquellas circunstancias que contribuyeron de la forja de aquellas dos entelequias que solemos llamar patria e identidad.

“Que […] se solemnice el día 16 de septiembre todos los años, como el día aniversario en que se levantó la voz de la Independencia y nuestra santa Libertad comenzó, pues en ese día fue en el que desplegaron los labios de la Nación para reclamar sus derechos con espada en mano para ser oída”, postuló José María Teclo Morelos y Pavón en sus Sentimientos de la Nación, ante el Supremo Congreso Nacional, en Chilpancingo, el 14 de septiembre de 1813.

La primera ceremonia del inicio de la Independencia tuvo lugar en Huichapan ‒actual estado de Hidalgo‒, “en el alba de este día” 16 de septiembre de 1812, a iniciativa del tlalpujahuense Ignacio Antonio López-Rayón López Aguado y del emeritense Andrés Eligio Quintana Roo. Sin embargo, en 1843, el xalapeño presidente de la República Antonio de López de Santa Anna Pérez de Lebrón decidió que el acto se realizara la noche del 15 de septiembre.

El 27 de septiembre de 1821, al entrar el Ejército Trigarante a la Ciudad de México, el vallisoletano Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu, celebró su trigésimo octavo cumpleaños. El día siguiente, 28, los realistas conversos al independentismo firmaron el Acta de independencia del Imperio Mexicano. Iturbide, con ello, renegó de la independencia insurgente reivindicando el derecho de Fernando VII a gobernar el territorio que gobernaba.

Así, en el marco de estas intencionadas confusiones cívicas, los mexicanos conmemoramos una inasible identidad nacional que impone una idea de patria única a pesar del inocultable cúmulo de identidades regionales y concepciones temporales desde tan particulares cuan diversas realidades. Y la mexicanidad independentista se festejará con bigotes zapatistas, trenzas revolucionarias y embriagadora algarabía en un país desbordado por la estulticia.

El Palacio Nacional de México. Monografía histórica y anecdótica; Artemio de Valle-Arizpe; segunda edición; Cía. General de Ediciones; México; 1952; 558 pp.

Insurgencia y República Federal. 1808-1824; estudio histórico y selección de Ernesto Lemoine; primera edición; Banco Internacional; México; 1986; 432 pp.

Textos fundamentales del constitucionalismo mexicano; primera edición; Cámara de Diputados, LXII Legislatura; México; 2014; 950 pp.

Imagen: Carro alegórico en honor a José María Morelos (fragmento);

Cuautla, Morelos; 1931. Archivo Jesús Zavaleta Castro.

Jesús Zavaleta Castro