El poder que nos gobierna sin que lo notemos

Cada día sabemos o vivimos de cerca algún tipo de violencia que parece provenir de todos los rincones del planeta. Algunas masacres, guerras o atentados ocupan los titulares. Otras permanecen invisibles, mimetizadas en la rutina de una violencia cotidiana que casi hemos normalizado. A la violencia criminal se suma la violencia estructural que atraviesa instituciones, gobiernos y economías. 

Incluso en espacios dedicados al conocimiento y al diálogo, como las universidades, emergen conflictos donde se mezclan violencia criminal, tensiones institucionales y luchas de poder, todas lamentables en sus consecuencias. Tal es el caso reciente de la UAEM. 

¿Qué está pasando con la humanidad? ¿Por qué este desconocimiento del otro, esta incapacidad creciente de reconocernos como parte de un destino común? La respuesta exige una mirada profunda. Detrás de las dinámicas globales operan estructuras de poder económico, financiero y tecnológico con enorme influencia. Son redes de poder que generan paradigmas culturales, narrativas dominantes y decisiones políticas. 

Informes de Oxfam muestran que una fracción extremadamente pequeña de la población mundial concentra una gran parte de la riqueza global. Este poder económico tiene la capacidad de orientar decisiones de gobiernos, mercados y medios de comunicación, y define agendas económicas, tecnológicas e incluso culturales que configuran lo que hoy consideramos “normal”. 

A través de sistemas de comunicación, publicidad, entretenimiento, plataformas digitales y discursos políticos, se moldean aspiraciones, deseos y percepciones colectivas. De manera casi imperceptible, se nos indica qué consumir, admirar, temer y hasta qué debemos considerar éxito o fracaso. 

En ese contexto, se llega a creer que se actúa libremente, cuando, sin saberlo, se está respondiendo a estímulos perfectamente diseñados. Así, como marionetas cuyos hilos no vemos, nuestras decisiones de consumo, nuestras prioridades y hasta las opiniones están influidas por mecanismos sutiles y persuasivos.  

Cuando el éxito se mide solo en términos de acumulación material, el otro deja de ser prójimo y se convierte en competidor, recurso o enemigo.  

¿Es posible escapar a esta lógica? 

Aunque pueda parecer utópico, propongo algunos caminos posibles. El primero es recuperar el pensamiento crítico, para comprender que muchas de nuestras formas de pensar no son inevitables ni naturales, sino constructos humanos que pueden ser cuestionados e incluso cambiados.  

El segundo camino es la reconstrucción de comunidades reales frente a la fragmentación social. Las redes de solidaridad, los proyectos locales, las economías comunitarias, la educación crítica y la cultura del diálogo son formas de resistir dinámicas que nos empujan hacia la deshumanización. 

El tercero, y quizá el más difícil, consiste en recuperar una ética de responsabilidad hacia el otrohacia el prójimo. Algunos filósofos como Emmanuel Levinas nos recuerdan que la humanidad comienza en el momento en que reconocemos el rostro del otro. 

A la pregunta inicial de esta reflexión, ¿quién gobierna el mundo?, se suma otra, tan profunda y provocadora como la primera: ¿por qué permitimos que lo gobiernen de esa manera? 

Este tipo de reflexiones, a través de un diálogo con la filosofía, la biología, la antropología e incluso con la sabiduría popular, forman parte de una serie de reflexiones que desarrollo en el libro ¿Por qué somos así?, que en breve estará disponible en mi página peronuncanosconquistaron.mx. 

José Antonio Gómez Espinoza