
El Estado de Morelos, se ha caracterizado por una marcada corriente progresista en el campo de la política. La cual tiene su antecedente en las ancestrales disputas entre haciendas y comunidades por los Derechos sobre tierras y aguas, que se remontan al periodo virreinal. Pero sin duda alguna, el momento estelar de las batallas morelenses, se vivió con la Revolución del Sur durante el periodo que corrió del 11 de marzo de 1911 al 10 de abril de 1919. La lucha zapatista, enarboló una de las banderas más puras de la Revolución Mexicana e hizo sin temor a exagerar, de la pequeña Entidad suriana, un referente mundial del agrarismo.
Al conflicto revolucionario, le sucedieron otros como los destellos de la Cristiada, la rebelión de Ruben Jaramillo, la del Sorteo, el movimiento de la Teología de la Liberación liderado por el obispo Sergio Méndez Arceo, así como las huelgas obreras y sindicales en la recta final del siglo pasado. Ya para el cambio de centuria, la resistencia en contra el club de golf en Tepoztlán refrendó la vena social y comunitaria de los pueblos morelenses. A lo largo de este siglo, hemos visto pasar protestas ciudadanas en contra de la inseguridad pública, del mal uso de la ayuda en especie para los damnificados durante los sismos de 2017, el asesinato del activista náhuatl Samir Flores en 2019 y ahora las movilizaciones ante la epidemia de feminicidios que asolan al Estado de Morelos, acompañadas de actos de vandalismo y la quema paradójicamente del monumento a la Madre frente al Chapitel del Calvario en Cuernavaca.
Todo este bagaje, ha moldeado un viraje a la izquierda en la intención del electorado morelense, particularmente a partir de la elección presidencial de 1988. Sin embargo, no se puede pasar por alto la influencia que el cuasi centenario Partido Revolucionario Institucional (PRI), tuvo por décadas en Morelos. Por razones históricas, el PRI, afianzó en la Entidad uno de sus bastiones icónicos a partir del agrarismo y del monopolio de la figura de Emiliano Zapata. Si bien los morelenses, por cuestiones demográficas no definimos la balanza electoral en el escenario nacional, nuestro peso social nunca ha sido despreciable.
Hoy aquí, tal y como sucede en la inmensa mayoría de México, el PRI ya no es “ni la pálida sombra de su reflejo”. Incluso expertos señalan su desaparición como algo inminente. Desafortunadamente el PRI, en vez de aprender de sus derrotas, no ha sabido transformarse en oposición y se aferra a los antiguos vicios, que le hicieron desterrar su histórica hegemonía. Los errores, que en el caso morelense pueden asociarse al fracaso de la otrora locomotora como formación partidista, van desde la pérdida de su capacidad en cuanto a la legendaria operación política y se robustecen con la selección de cuadros ajenos al priismo local o bien con la incorporación a sus filas, de personajes de dudosa reputación o mala fama pública.
Una de las excepciones priistas es la que existe en la figura del delegado Nacional en Morelos, Nabor Ojeda Delgado. El oriundo de Iguala, es un cuadro experimentado y un histórico de la Confederación Nacional Campesina (CNC), la organización agraria del PRI. A su abultada trayectoria en la estructura de la CNC, se añade su paso como delegado del PRI en varios estados de la República, así como Diputado Federal en cuatro ocasiones. Es un hombre preparado que conoce su oficio, sabe escuchar y tiene un magnífico trato. Como suele suceder con los guerrerenses, le sobran amigos y afectos en Morelos. Pero también “al mejor cazador se le va la liebre” y al Ingeniero Ojeda, “le metieron gol” incrustando en su primer círculo, a un personaje que no goza de una reputación limpia, mucho menos de buena fama pública. El personaje se ha convertido en la sombra de Ojeda Delgado, no se le despega ni de noche ni de día, y evidentemente tan polémica compañía, no le suma, solo le resta al delegado del PRI en Morelos.
El personaje en cuestión es Francisco Pinzón Pérez, quien sin ser campesino o dedicarse a actividades agropecuarias, se ostenta como veterano cenecista, así como amigo influyente y cercano a Beatriz Paredes Rangel. Tal vez lo único que pudiera vincularlo al campo, es el amor por la tierra, pero por la tierra que no le pertenece. Es del dominio público, que Pinzón Pérez, no tiene actividad laboral o empresarial conocida, se le imputan múltiples fraudes y despojos de terrenos en diversas regiones de la Entidad. Ha llegado al extremo de defraudar sin miramientos a personas cercanas a su entorno.

Es a partir de lo anterior, que Nabor Ojeda, debe “dar un golpe de timón” y evitar que la reputación de Francisco Pinzón Pérez lo arrastre y lo haga caer en el supuesto del refrán que reza que “aves del mismo plumaje, vuelan en la misma parvada” o aquel más chusco pero certero, que sentencia que en la sabana africana: “los leones se juntan con los leones, las cebras con las cebras y los hipopótamos con los hipopótamos”.
El delegado del PRI, si tiene presente aquello de “dime con quién andas y te diré quién eres” y actúa en consecuencia, no solo pondrá a salvo el prestigio de una trayectoria personal construida con décadas de trabajo partidista. Sino que pondrá un filtro en su equipo, al no incorporar a personajes con señalamientos, sobre todo de frente a la contienda electoral del año entrante. Comicios, que ya desde el horizonte se avizora que se convertirán en “una lucha sin dar cuartel”.
*Escritor y cronista morelense.


