La Jornada Morelos / DM

En 1947, el 12 de febrero se publicó en el Diario Oficial de la Federación el Decreto de adición al artículo 115 que permitió por primera vez en México la participación de las mujeres como votantes y como candidatas: “En las elecciones municipales participarán las mujeres, en igualdad de condición que los varones, con el derecho de votar y ser votadas”.

Se trata de uno del primer logro nacional en la lucha de las mujeres por el reconocimiento de sus derechos políticos, pero la lucha contra la marginación aún no ha terminado.

Si bien la gesta feminista que inició en el siglo XIX y principios del siglo XX logró la concesión del voto femenino en todos los procesos electorales del país en 1953, el acceso de las mujeres a cargos de elección tuvo que ser reconocido mediante sistemas de cuotas y acciones afirmativas que obligan a los partidos políticos a respetar las normas de paridad.

En 1996, por ejemplo, se establecieron las primeras cuotas de género mínimas del 30%, que fueron elevadas paulatinamente hasta que en el 2014 se reconoció la paridad con una reforma constitucional y en el 2019 se ordenó que el acceso de mujeres en por lo menos la mitad de las candidaturas a cargos de elección popular se diera en los poderes legislativos y las gubernaturas.

Antes de 1996, el Congreso de la Unión había tenido menos del 10 por ciento de sus integrantes mujeres; actualmente son el 50.2%; en los estados la proporción es bastante similar, en Morelos ha habido legislaturas que han tenido hasta el 70% de mujeres y la actual está conformada por igual número de mujeres que de hombres. Los congresos en México son de los primeros lugares mundiales en paridad de género.

Pero, a pesar de la composición, las legislaturas en general han contribuido poco en la atención de la agenda feminista, aparentemente sin importar la composición, las legislaturas las dominan hombres. En cambio, en el ejercicio de los cargos ejecutivos (alcaldías, gubernaturas y presidencia) las diferencias resultan mucho más notorias.

El 12 de febrero de 1947 se publicó la reforma Constitucional que permitió por primera vez el voto de las mujeres en elecciones municipales. Foto: Cortesía / Gobierno de México

El acceso está, pero suele ser un tramo violento

Pese a la construcción de un marco jurídico bastante sólido para garantizar la participación de las mujeres en la política, desde el voto hasta el ejercicio de cargos públicos de elección, la violencia política y las barreras estructurales limitan su participación efectiva.

En México se registraron miles de casos de violencia política de género en las elecciones del 2024, lo que limitó no solamente el desarrollo de campañas políticas, sino también lesionó la democracia y los derechos humanos de todos.

Las narrativas estereotípicas que se construyen en torno a las candidaturas de mujeres son otro componente que limita su participación. A las mujeres, por ejemplo, se les cuestiona por equilibrios de vida personal y familiar con el trabajo político, algo que no se presenta cuando se narra a los hombres.

Los partidos políticos suelen apoyar menos las postulaciones y campañas de mujeres; las insertan en candidaturas donde son poco competitivos y niegan el financiamiento de sus campañas.

Las mujeres en general, y más las que han decidido dedicarse a la política, son víctimas más frecuentes de violencia digital, administrativa, estructural y política, que los hombres.

Toma de protesta de Claudia Sheinbaum Pardo como Presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos. Foto: Cortesía / Presidencia

Y sin embargo, ganaron

En 1979, Griselda Álvarez se convirtió en la primera mujer gobernadora en el país. Su trayectoria periodística y diplomática le ayudaron a ganar las elecciones en Colima, estado que gobernó del 1979 al 1985.

En 1987 Beatriz Paredes Rangel fue la primera gobernadora de Tlaxcala; actualmente, gracias a las acciones afirmativas y las normas de paridad en la mayoría de los casos, hay trece gobernadoras que accedieron a sus cargos después de haber ganado elecciones: Tere Jiménez en Aguascalientes; Marina del Pilar Ávila Olmeda, Baja California; Layda Sansores San Román, Campeche; Maru Campos, Chihuahua; Indira Vizcaíno Silva, Colima; Delfina Gómez Álvarez, Estado de México; Libia Dennise García, Guanajuato; Evelyn Salgado Pineda, Guerrero; Mara Lezama Espinosa, Quintana Roo; Lorena Cuéllar Cisneros, Tlaxcala; Rocío Nahle García, Veracruz; Cecilia Patrón Laviada, Yucatán; y, por supuesto, Margarita González Saravia, Morelos.

En el 2024, además, llegó al poder la primera presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo.

También gobiernan diferente

Los datos respecto a las políticas públicas implementadas por las mujeres en los gobiernos evidencian diferencias interesantes respecto al ejercicio de los hombres.

Ellos han parecido ocuparse más de lo que podríamos llamar una política que privilegia aspectos como el orden administrativo y estrategias para mantenerse en el Poder y trascender. Las intrigas palaciegas, las demostraciones de poder reales y simbólicas, la parafernalia gubernamental, son constantes en el ejercicio de gobiernos encabezados por hombres. Han sido tantos que incluso nos hicieron pensar que no hay alternativa para el ejercicio del poder.

En contraste, las mujeres parecen orientar sus políticas a aspectos mucho más sociales, como la equidad, educación, desarrollo económico local (con un fuerte impulso a las microempresas), alimentación y salud.

Las políticas públicas de las primeras mujeres gobernadoras en estados del país (el periodo de 1979 a 2020, han tenido impactos en la reducción de la pobreza, una mayor equidad social, abatimiento de los rezagos educativos, alfabetización, alimentación, microcréditos para el desarrollo de emprendimientos (especialmente encabezados por mujeres), combate a la violencia familiar y de género, industrias, servicios públicos; es decir acciones reales de gobierno.

En el caso de la presidenta, Claudia Sheinbaum, ha sido notorio el impulso que ha dado a la salud, la educación, la alimentación, el desarrollo de infraestructura, y el fomento a la inversión y el crecimiento económico.

La gobernadora de Morelos, Margarita González Saravia rindió protesta en el cargo el 1 de octubre del 2024. Foto: Cortesía

Actuaciones ejemplares

Las mujeres gobernadoras y la presidenta han generado, además, un conjunto de conocimientos de enorme utilidad para las futuras líderes políticas, algunos de ellos son:

  1. La necesidad de construir redes partidistas sólidas que permitan sostener sus proyectos sin necesidad del respaldo absoluto de las dirigencias.
  2. Priorizar la comunicación auténtica con la ciudadanía y con grupos de interés, medir los impactos cualitativos de esa comunicación y establecerse como figuras de alta cercanía con la gente.
  3. Comunicarse con biografías auténticas y únicas (Claudia Sheinbaum es científica, Margarita González Saravia es luchadora histórica de izquierda) que permiten contrarrestar los estereotipos.
  4. No perder de vista la carrera y los objetivos de largo plazo para evitar perder la ruta.
  5. Ejercer el poder para beneficio colectivo.
  6. Generar nuevos liderazgos políticos de mujeres mediante la capacitación permanente y la formación de redes de apoyo.
  7. Lograr coaliciones y alianzas con sus legislaturas y el gobierno federal para asegurar el flujo de recursos y la aprobación de las reformas necesarias.
  8. Documentar y comunicar profusamente los logros cuantitativos para enfrentar las críticas.
  9. Establecer protocolos propios para enfrentar la violencia política.
  10. Fortalecer los equipos de trabajo direccionándolos a objetivos sólidos y colectivos.
  11. Priorizar políticas emblema con indicadores claros que permitan construir un legado y evitar la dispersión de los esfuerzos,
  12. Ubicar las necesidades reales de las familias y atenderlas de forma integral.
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