
Cada 11 de febrero, el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia abre un espacio para mirar de frente una desigualdad que no siempre es visible en los laboratorios, las aulas o los centros de investigación, pero que atraviesa de manera estructural la producción de conocimiento en el mundo. Proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas, esta fecha es un llamado a fortalecer la vinculación entre ciencia, política y sociedad para construir estrategias que garanticen el acceso, la permanencia y el reconocimiento de las mujeres y las niñas en los campos científicos y tecnológicos.
La propia ONU ha subrayado que el empoderamiento de las mujeres y las niñas resulta clave para el desarrollo económico global y para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030. A pesar de que los avances han sido parciales, a escala global, la UNESCO documenta que las mujeres representan 33.3 por ciento del total de personas dedicadas a la investigación, mientras que solo 35 por ciento de quienes cursan carreras vinculadas a las áreas STEM son mujeres. La brecha se vuelve aún más profunda en los espacios de mayor prestigio académico, con apenas 12 por ciento de representación femenina en las academias científicas del mundo.
Este escenario no responde a una falta de capacidades, sino a una combinación de factores culturales, educativos e institucionales que comienzan a operar desde edades tempranas y se refuerzan a lo largo de las trayectorias académicas. Los estereotipos de género, la orientación vocacional diferenciada desde la infancia y las condiciones desiguales para el desarrollo profesional siguen influyendo en quiénes llegan y quiénes se quedan en la ciencia.
El panorama en México
En México, estas desigualdades se reflejan con claridad en el sistema de formación y reconocimiento científico. El país cuenta con alrededor de 15 mil programas de posgrado registrados, de los cuales solo 8 mil están activos y 3 mil 480 cuentan con acreditación oficial por parte de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti). Este filtro institucional tiene un impacto directo en el acceso a becas y en la posibilidad de construir una carrera científica sostenida.
Dentro del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII), la brecha de género se amplía conforme se asciende en los niveles de reconocimiento. Mientras en los niveles iniciales la diferencia entre hombres y mujeres ya es significativa, en las categorías más altas como el nivel III y la distinción de personas eméritas, la proporción alcanza casi tres hombres por cada mujer, lo que evidencia un techo estructural que limita el reconocimiento de las trayectorias femeninas.

Este fenómeno fue documentado con mayor detalle durante el Foro El papel de la mujer en la ciencia y la tecnología en México 2025: En busca de la igualdad de género, realizado en agosto del año pasado. En ese espacio, Violeta Vázquez Rojas, subsecretaria de la Secihti, presentó un desglose por áreas de conocimiento que confirma que la desigualdad no se distribuye de manera uniforme. En campos como Física, Matemáticas y Ciencias de la Tierra, las mujeres representan apenas 24 por ciento del padrón del SNII, mientras que en Ingenierías y Desarrollo Tecnológico la participación femenina cae a 21.7 por ciento, convirtiéndose en las áreas con mayor disparidad. En contraste, disciplinas como Medicina y Ciencias de la Salud y Humanidades se acercan a la paridad, con proporciones cercanas al 50 por ciento.
El análisis también mostró que la base del sistema se concentra en los niveles más bajos: más del 75 por ciento de las personas integrantes del SNII se ubican entre las candidaturas y el nivel I. Sin embargo, la representación femenina disminuye de forma constante en los niveles II, III y eméritos, donde la brecha se vuelve más pronunciada. Este patrón revela que el problema no es únicamente de acceso, sino de permanencia y reconocimiento a largo plazo.
Además del género, el diagnóstico incorporó otras desigualdades estructurales. De una matrícula nacional cercana a 44 mil 800 personas, el número de integrantes del SNII nacidas en el extranjero (alrededor de 2 mil 687) duplica al de quienes se autoidentifican como integrantes de pueblos indígenas, que suman mil 362 personas, pese a que la población indígena en México supera los 25 millones. La ausencia de registros sobre hablantes de lenguas indígenas dentro del sistema científico refuerza la dificultad para dimensionar esta exclusión.
En el ámbito laboral, las brechas se mantienen. A nivel nacional, solo 12.9 por ciento de los empleos en sectores STEM son ocupados por mujeres, y apenas uno de cada diez puestos directivos en áreas de informática o tecnología está en manos femeninas. Una proporción significativa de mujeres científicas se concentra en roles técnicos o auxiliares, lo que limita su acceso a espacios de decisión y liderazgo.
¿Cómo va la brecha en Morelos?
En Morelos, reconocido por la concentración de centros de investigación y universidades públicas, este panorama se reproduce con matices propios. En instituciones como la Universidad Autónoma del Estado de Morelos y centros federales asentados en la entidad, laboran cerca de 500 integrantes del SNII. De ellos, 33.5 por ciento son mujeres, una cifra alineada con el promedio mundial, pero que sigue reflejando una participación menor frente a los hombres. A ello se suma que 4 por ciento del padrón no declara su género en los registros oficiales.
No obstante, algunos indicadores muestran avances. A nivel nacional, con impacto directo en los centros de investigación de Morelos, la participación femenina en la categoría de Investigadora Nacional Emérita pasó de 19.9 por ciento en 2018 a 26.1 por ciento en 2024.
Un dato significativo es el del Reconocimiento al Mérito Estatal de Investigación (REMEI) 2024, donde el 100 por ciento de las categorías se otorgaron a mujeres investigadoras de instituciones como la UAEM, la UNAM, el Instituto Nacional de Salud Pública y el Instituto de Energías Renovables.
Llenar los huecos del sistema de educación
Desde la Secihti, el diagnóstico oficial apunta a que cerrar estas brechas exige intervenir desde la formación temprana y con enfoque territorial. Experiencias como la del Internado Palmira, en Morelos, donde una parte significativa de las estudiantes proviene de comunidades indígenas y plurilingües, evidencian el potencial desaprovechado en niñas con habilidades clave para las áreas científicas, particularmente en matemáticas. Estudios internacionales (mencionados en el foro) han documentado que el bilingüismo en la infancia puede asociarse con un mejor desempeño en competencias matemáticas, siempre que existan condiciones educativas y sociales que lo sostengan.
En su conferencia, la subsecretaria Vázquez Rojas, señala que el Internado Palmira está ubicado junto al centro de investigación del TECNM y el Instituto de Investigaciones Eléctricas en Morelos; esta ubicación podría ofrecer a las niñas una “sólida carrera en STEM” si se pudiera llenar la laguna del bachillerato y luego encauzarlas hacia instituciones cercanas para cursar licenciaturas o ingenierías.
Trazando el camino
La renovación del Sistema Nacional de Posgrado, las políticas de acompañamiento para mujeres y personas de comunidades indígenas, así como apoyos como las becas de maternidad y paternidad, forman parte de las estrategias institucionales en marcha. En 2024, se entregaron 643 apoyos de este tipo, con un presupuesto que permite ampliar su alcance, aunque la demanda sigue evidenciando la necesidad de reforzar estas medidas.
Los datos oficiales provenientes de la UNESCO, la Secihti, el Conahcyt y documentos estatales, coinciden en un punto central: la desigualdad en la ciencia no es un fenómeno aislado ni homogéneo. Se manifiesta por área de conocimiento, por nivel de reconocimiento, por género y por origen social. En un estado como Morelos, donde conviven infraestructura científica de alto nivel y comunidades históricamente excluidas, el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia se convierte en un recordatorio de que la igualdad en la producción de conocimiento sigue siendo una tarea vigente y pendiente.

