
* Las mujeres y las niñas son fundamentales para cumplir los 17 Objetivos del Desarrollo Sostenible: Julia Tagüeña
* Todavía preocupan los embarazos adolescentes y el acceso a educación de calidad: Rosaura Ruiz
* Las investigadoras retrasan su proceso de formación porque son responsables de los cuidados familiares: Daniela Ledezma

La humanidad necesita más manos y más neuronas trabajando juntas para resolver problemas complejos que podrían acabar con la existencia de nuestra especie en menos de un siglo. Ese fue el argumento central con el cual la Organización de las Naciones Unidas (ONU), decidió crear el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, que desde 2015 se conmemora cada 11 de febrero (11F). El objetivo es ayudar a entender que sin la participación de las mentes femeninas en la generación y aplicación de nuevo conocimiento será imposible cumplir con los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS), diseñados para encarar los riesgos más graves para que persista la vida en este planeta.
Guerras, contaminación, pandemias, destrucción de ecosistemas, fenómenos climáticos extremos, hambre, pobreza y desigualdad que genera violencia son problemas reales, palpables, que necesitan atenderse con nuevo conocimiento y herramientas innovadoras. Por ello es indispensable que todos los países incorporen la inteligencia, trabajo y perspectiva de las mujeres para evitar que se cumplan las peores predicciones.
En México y en el estado de Morelos la incorporación de más mujeres a las actividades de investigación científica y desarrollo tecnológico se refleja en cifras duras. Mientras en todo el mundo las mujeres representan el 33% de todos los investigadores, en México el porcentaje es un poco superior, pues aquí las mujeres ya son el 37.3% del total de la comunidad de investigadores, según cifras 2025 del Sistema Nacional de investigadores (SNI), de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI), que es encabezada por una mujer: la bióloga especialista en evolución Rosaura Ruiz Gutiérrez.

Otro indicador importante es el hecho de que en territorio mexicano hay 494 mil alumnas de carreras relacionadas con ciencia, tecnología, ingeniería o matemáticas, de acuerdo con el Instituto Mexicano de Competitividad (IMCO).
Desde la SECIHTI, la doctora Ruiz Gutiérrez, impulsa una estrategia para facilitar el acceso de las mujeres mexicanas a los beneficios de la ciencia; como parte del Eje transversal 1, del Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030, llamado Igualdad sustantiva y derechos de las mujeres.
“Nos preocupa la desigualdad que existe en la participación femenina en la ciencia y en la educación. Por eso, nosotros trabajamos muy cerca de la Secretaría de las Mujeres y de la Secretaría de Salud para apoyar convocatorias y reconocimientos que apoyen esta actividad, como es el Premio Mujeres en Ciencias Biológicas y de la Salud Matilde Montoya”, explicó Rosaura Ruiz el pasado 28 de enero, poco antes de subrayar que dos de los temas que más preocupan en el actual gobierno del país, en relación con las niñas y las mujeres, son la prevención del embarazo adolescente y eliminar barreras para que ellas puedan recibir educación de calidad.
Existen avances, pero también persisten barreras que dificultan el aprovechamiento de las aportaciones femeninas a la generación y divulgación de nuevo conocimiento. Hoy, menos del 12% de los puestos directivos son ocupados por mujeres y su velocidad de desarrollo suele ser frenada porque ellas deben cumplir doble o triple jornada de trabajo, al estar a cargo de cuidados familiares.
Sobre estos retos, hablaron, para las lectoras y lectores de Plaza, mujeres destacadas que hacen ciencia en territorio morelense: la física Julia Tagüeña Parga; la bióloga María de Lourdes Acosta Urdapilleta; la especialista en genómica computacional Daniela Ledezma Tejeida y la joven estudiante de secundaria y divulgadora de la ciencia Alexandra Villafranco Sánchez.

Esto es diferente a la celebración del 8M: Tagüeña
La doctora Julia Tagüeña es física y trabaja, desde los años 70s, en Temixco, Morelos, en el Instituto de Energías Renovables de la Universidad Nacional Autónoma de México (IER-UNAM). Su labor ha sido galardonada por la Academia Mundial de Ciencias (TWAS).
En conversación con este medio explica que, a diferencia del Día Internacional de la Mujer, que se conmemora el 8 de marzo (8M), en memoria de las luchas para lograr el voto femenino, el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia, 11 de febrero (11F) nace ligado a la necesidad de alcanzar un desarrollo sostenible en el planeta.
“La necesidad de que las mujeres colaboren a alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) es muy clara porque en muchos de esos desafíos son particularmente vulnerables: desde las condiciones que las mantienen en la pobreza; la marginación de educación de calidad; las formas de violencia que sufren en las guerras, sólo por mencionar unos ejemplos”, dice la investigadora emérita de la UNAM.
“Aunque falta mucho camino por recorrer, sí ha habido un gran avance de inclusión y muchas niñas ya están convencidas de que ellas también pueden. El ejemplo es fundamental y en estos últimos 10 años ha sido mucho más visible que hay investigadoras, profesoras, médicas y enfermeras que han estado en la primera línea para resolver problemas grandes que enfrenta la humanidad.
“Durante la pandemia de COVID19 fue muy importante que el mundo supiera que quienes desarrollaron las bases para las primeras vacunas contra el rotavirus fueron mujeres. Eso permite que muchas niñas piensen: “Bueno, pues si ellas pudieron hacer algo así de importante, yo también puedo”. Falta muchísimo, pero hay que reconocer lo que sí hemos avanzado y congratularnos por ello.
“Es muy importante que las mujeres y las niñas sepan que es fundamental su participación; que pueden estudiar cualquier carrera que quieran y que pueden participar en muchos campos de actividad para ayudar a la humanidad, al medio ambiente y al planeta en su conjunto”, indica la también divulgadora de la ciencia.

Hay que superar algunos usos y costumbres: Acosta Urdapilleta.
La doctora María de Lourdes Acosta Urdapilleta, tiene su laboratorio en el norte de Cuernavaca porque es académica del Centro de Investigaciones Biológicas de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (CIB-UAEM). Ella es una de las precursoras del cultivo de hongos comestibles y medicinales en México y en Morelos. Dedicada a este campo desde 1983, es conocida por algunos de sus colegas y alumnos como “La reina de la micología”.
“Algo muy gratificante para mí es que algunos de los estudiantes que yo he tenido, ahora me los encuentro como productores. Lo que enseño se está aplicando y está funcionando para que alguien más tenga autoempleo”, dice la pionera de la micología en Morelos.
Al hablar de los desafíos que implicó el ser mujer científica en territorio morelense, sumado a trabajar con productores agrícolas, en contextos productivos con pocas mujeres, la doctora recuerda que en muchas comunidades los campesinos no le hablaban directamente, sino que dirigían la palabra a cualquier otro hombre que la acompañara, aunque ella fuera la líder del grupo o quien impartía cursos. También sonríe cuando recuerda que los campesinos se referían a ella como la secretaria de los investigadores.
“Nunca he sido muy radical en términos de género y sabía que así eran sus usos y costumbres. En los inicios, cuando yo entré a la micología, éramos un grupo de ocho y yo era la única mujer. Entonces me acostumbré a trabajar con puros varones. Ahora, eso ha cambiado, si usted ve la estadística, en investigación biológica somos más mujeres que hombres.
“Es verdad que como mujer sí viví complicaciones para hacer salidas a campo, tomar becas de estudio en otros lugares e incluso tuve que pausar mis estudios al ser madre de dos hijos. Pero me siento afortunada porque cuando mis hijos crecieron volví a retomar mis estudios e hice el Doctorado. Si me preguntaran si volvería a hacer este mismo camino, diría que sí”, cuenta antes de subrayar que ella se considera una científica hecha 100% en la UAEM.

El trabajo de cuidados debe repartirse: Ledezma Tejeida
Daniela Ledezma Tejeida es una joven científica con un recorrido impresionante por laboratorios de México, Estados Unidos y Suiza. Estudió su licenciatura en el Centro de Ciencias Genómicas de la UNAM (CCG-UNAM), localizado en Cuernavaca, y después de una larga travesía, ahora labora ahí como experta en genómica computacional.
Además de investigadora, Daniela Elizabeth es instructora de yoga e impulsora de la salud mental y la inclusión en academia, por eso tiene mucha claridad sobre algunos de los frenos y resistencias que padecen las mujeres en la ciencia.
“La figura del investigador es una figura viejísima y fue concebida para un hombre, que tenía en casa quien le hiciera las labores de cuidado. Para las mujeres hay varias barreras que nos detienen en la carrera de investigación; una es simplemente el tiempo. Dentro de la matrícula de académicos de la UNAM; en donde hay más igualdad es en técnicos académicos, y los técnicos académicos son la posición académica que tiene menor responsabilidad y pueden dedicar tiempo a cuidar a sus familias. Por eso muchas mujeres seleccionan esos trabajos”, explica la doctora Ledezma a quienes leen este suplemento.
“Para ser investigadora tienes que hacer una maestría, un doctorado, un postoctorado y luego buscar la posición de investigador, eso puede tomar más de 15 años de tu vida. Sobre esto, hay artículos en revistas científicas internacionales; sobre cómo las mujeres que aspiran a hacer investigación, cada vez más, congelan sus óvulos.
“A nivel institucional ya existen muchos esfuerzos para promover la equidad, pero nada va a cambiar hasta que el trabajo de cuidados se reparta 50-50 entre hombres y mujeres. Es un cambio cultural que se podría promover en Morelos, donde hay muchos Centros de Investigación y podría hacer eco en muchas investigadoras”, subrayó.

Conocer a una astronauta me impulsó: Villafranco
Alexandra Villafranco Sánchez es una de las divulgadoras de la ciencia más jóvenes que hay en Morelos. Vive en Xochitepec, estudia secundaria, pero ha recorrido varias ferias de ciencia, con su hermano Luis Fernando. Juntos han dado a conocer en Atlacholoaya, Huilotepec y Cuernavaca, su proyecto de divulgación de la ciencia llamado Misión Villafranco, que trata sobre viajes espaciales y conocimiento del universo.
Alexandra fue una de las niñas que, en 2025, fue seleccionada para participar en el campamento aeroespacial que organizaron el Gobierno de Morelos y la Fundación Katya Echazarreta, esta experiencia transformó a Alexandra y la comprometió más con la ciencia.
“Conocer a una astronauta mexicana, para mí fue como un “Sí se puede, tú sigue”, y como tengo el apoyo de mi familia, creo que sí puedo lograr muchas cosas”, dice la jovencita que también ha competido y ganado medallas en la Olimpiada de Matemáticas de Morelos y en el concurso Talentos de Física del CIICAp-UAEM.
Una parte muy importante y memorable del campamento aeroespacial de 2025, en Morelos, fue usar trajes espaciales.
“En la semana pasaron muchos momentos que no voy a olvidar”, comparte Alexandra. “El momento que más recuerdo fue en ASA. Ahí nos dejaron pilotar, en simulador, a 20 personas, y yo fui una de ellas. Luego, fue muy especial la simulación de la Misión en Europa, en el Museo de Ciencias, en Cuernavaca. En cuanto me pusieron los trajes, yo ya estaba súper emocionada. Hacía calor dentro del traje espacial, pero para mí significó muchísimo porque mi sueño es ser astronauta y estar en la misión y en el escenario de Europa es algo impresionante: el traje tenía respiradores, te monitoreaba signos vitales como la presión y el ritmo cardiaco; te podías comunicar. Era muy realista”.
Ahora, Alexandra, Luis Fernando y sus papás, Mari Carmen y Fernando, tienen un proyecto en la familia para poder dar a conocer lo que los chicos aprendieron en el Campamento y plantar una semillita para que otros pequeños de Morelos que pueden interesarse en la ciencia.


