
Irán y el futuro
Omar Alcántara Islas *
Para Behrang K.
En el actual Irán –donde surgió el primer gran imperio global, multiétnico y multicultural de la historia, el cual dejó una lección de tolerancia para la posteridad–, tiene lugar en estos días, debido a la coyuntura histórica y a la importancia geográfica del país (desde la Antigüedad parte de la Ruta de la seda), una tensión de consecuencias impredecibles, dados los intereses estratégicos e imperiales de las potencias económicas y militares contemporáneas.
Pero más allá de las cuestiones geopolíticas e intereses supranacionales, lo que se juega en Irán también puede interpretarse como una lucha entre los representantes de un poder tradicionalista, teocrático y patriarcal, en una de sus fases más sanguinarias, frente a uno de los movimientos sociales más valientes del siglo que al grito de «¡Mujer, vida, libertad!» les ha hecho frente.
Y no es que la diversidad de los actores que han participado en las últimas protestas, surgidas a raíz de una nueva crisis económica, esté integrada solamente por este movimiento feminista –el cual emergió en 2022 a raíz del asesinato de la joven Mazah Amini por parte del régimen, por no llevar bien puesto el velo que por ley debe cubrir el cabello de las mujeres–, sino que ellas representan la posibilidad de la supervivencia, no solo de Irán, sino, probablemente (y es mejor exagerar en estas cuestiones) de la civilización contemporánea.

El futuro del mundo se juega en Irán, porque entre sus tantas figuras hallamos simbolizadas dos grandes tendencias en conflicto que conciben el poder de maneras totalmente opuestas. Por una parte, una y otra vez tenemos que lidiar con líderes machos, y narcisistas, deseosos de demostrarse mutuamente su poder, sin importar lo que destruyan en el camino y los crímenes que tengan que cometer. En contraparte, tenemos una sensibilidad distinta y que suele entender el mundo de otra manera, porque parece vivirlo en una dimensión más humana y profunda. Al punto que muchos pensamos que el resto del siglo XXI será el siglo del gobierno de las mujeres en la Tierra o no será.
El régimen de los Ayatolá surgió a causa de la revolución de 1979, cuando otro complejo número de actores enfrentó a un Rey, el cual, a pesar de su laicidad (sin velos obligatorios), no sólo perseguía mortalmente a sus detractores, sino que colaboraba estrechamente con los Estados Unidos en detrimento de su pueblo –una constante en la historia del país–. El optimismo por el triunfo de la revolución duró poco, pues se estableció una República religiosa que en la práctica resultó ser tan brutal como sus predecesores –una manera de acercarse a esta parte de la historia de Irán es la novela gráfica Persépolis (o su versión fílmica, ambas creativas y extraordinarias)– y se convirtió en una dictadura desde el primer día.
Al día de hoy son miles los asesinados por el régimen en el último mes. No se sabe con certeza el número; pero bastaría uno solo –y espero que esto lo comprendan los estadounidenses–, para luchar contra un gobierno de esta calaña. Mientras tanto, miles y miles de iraníes en la diáspora, desperdigados por Norteamérica y Europa, principalmente, en su tristeza e impotencia no logran ponerse de acuerdo. El abanico abarca desde aquellos que, a pesar de los delitos del pasado, ya sea por ignorancia o conveniencia, aún añoran a la monarquía, hasta nostálgicos comunistas y distintos promotores de una auténtica República secular, respetuosa de los derechos humanos –aunque muchos preferiríamos, utópicamente, una futura República feminista–.
Con esperanza deseamos que acabe, de una vez por todas, la masacre de este gobierno contra su pueblo y que salga avante la lucha de las mujeres para liberarse de este opresor de género. Pase lo que pase, si las mujeres iraníes no logran la libertad de algo tan simple (y a la vez tan difícil) como vestirse tal cual cada una de ellas lo desee, en esta región milenaria llena de la gente más amable del planeta –además de, por lo menos, estar en paridad de poder con los hombres–, entonces, poco habrán valido los sueños y las luchas de aquella parte de la humanidad que está segura de merecer un mundo mejor al que nos ha heredado el patriarcado, no sólo para el presente, sino también para el incierto porvenir.
*Doctor en literatura comparada


