J. Enrique Álvarez Alcántara

21 de diciembre del año 2025

Hay palabras que aún no nacen / y cuánta falta hacen. / No aparecen ni sonidos, ni manchas de tinta / pero lo que se quiere nombrar está presente: / aquella perseverante actitud ante la vida, / ante las circunstancias más inciertas, / funestas, profanas o indeseadas; / únicamente esos valores y principios que sostienen erguido el ser / definen la existencia humana verdadera. / Esa manera de ser sin dejar de ser la esencia misma de existir, esa y no otra es la que da origen a las palabras.”

Persistiendo en el tiempo.

Como desde tiempo atrás he tratado de demostrar, la vida epistolar en épocas que parecen haber mandado al ‘basurero de la historia’ las misivas que, en otros tiempos, fueron el medio predilecto de comunicación entre los seres humanos, a pesar de todo, no ha muerto; quizás por ello nuevamente acudo a la tarea autoimpuesta de escribir y, por qué no, enviar un carta para expresar ante ti y ante quienes tengan un corazón para concordar conmigo en esta hora, que los hechos que merecen ser nombrados son aquellos que mantienen los principios, los valores y las actitudes dignas y libres, ente las circunstancias más adversas.

En esta precisa hora, hic et nunc, aquí y ahora, escribo para trazar o esbozar, tan solo ello, algunas de las líneas que bosquejan la trama de una biografía, si no lineal, pura y casta, sí humana que he podido constatar desde hace ya cuatro décadas.

Lo tengo fresco en mi memoria, bueno, tal vez tenga razón Jorge Luis Borges cuando a propósito del verbo recordar o del sustantivo memoria nos enrostraba que sólo un hombre tenía derecho a utilizar esas expresiones; se refería, sin duda, a Irineo Funes, “El Memorioso”. Aquí puedo mencionar a René Santoveña. Sin embargo, recuerdo que corría el año de 1985, tres lustros anteriores al fin del siglo XX, cuando ingresé como docente a la entonces Escuela de Psicología de la UAEM e impartía, entre otras asignaturas, en el entonces Plan de Estudios que antecede al “Plan 86”, “Evaluación Psicológica IV”. Ese año y durante el curso de esa materia tuvimos nuestro primer encuentro tú, como alumno, y yo, como docente.

Desde ese entonces (hace ya cuarenta años) conocí a un Alejandro Vera entregado a sus tareas académicas y considero, con base en tu comportamiento, apegadas a tus creencias religiosas que hasta ahora persisten y que te dan la fortaleza que requieres para afrontar las nuevas circunstancias.

Terminaste, como es debido, la Licenciatura en psicología y proseguiste tus estudios de Maestría y Doctorado, también en Psicología. Una vez concluidos formalmente tus estudios de posgrado, sin dudarlo regresaste al país y al estado de Morelos y, naturalmente, a la UAEM, a su Facultad de Psicología y a la entonces Unidad de Investigación y Servicios Psicológicos (UNISEP), actualmente el Centro de Investigación Transdisciplinar en Psicología (CITPsic).

Cuando al término del periodo de conducción de la administración central de la UAEM por parte del Psic. René Santoveña Arredondo asumió la administración el Dr. Fernando Bilbao Marcos, te integraste al equipo que coordinaba el recién nombrado Rector hasta que, por razones que no vienen al caso explicar, el Dr. Bilbao renunció a su encargo, y el Consejo Universitario nombró Rector Interino al Biólogo Víctor Mora, permaneciendo tú en la administración central como secretario general de la Universidad.

Aún persiste en la memoria, al término de su interinato, el Consejo Universitario te nombró Rector y conductor de la Administración Central de la UAEM.

Valgan como una breve síntesis introductoria a esta carta los párrafos que anteceden y que se exponen como una apretada síntesis de un pequeño segmento de tu trayectoria por la UAEM.

¿Cuál era el estado de la cuestión de la universidad en ese momento?

Para ese momento, como es ampliamente reconocido, la UAEM estaba atravesando una crisis financiera estructural, como el grueso de las universidades públicas y autónomas debida, más que a los yerros o errores de conducción de sus administraciones centrales o a los desfalcos derivado de prácticas de corrupción e impunidad en algunas de ellas, a la carencia de políticas públicas impulsadas desde los gobiernos federal y estatales dirigidas a sanear las finanzas de le Educación Pública Superior y, sobremanera, al deslinde irresponsable por parte de la federación del fenómeno del incremente de la carga financiera derivada de los jubilados y pensionados.

Además de ello, recibías una universidad divorciada de las necesidades de los pueblos y comunidades del estado de Morelos, así como una institución con una cobertura de aproximadamente veinte mil estudiantes y una cobertura regional y geográfica que demandaba un crecimiento, no sólo en ingreso y permanencia de estudiantes, sino en la oferta de programas de estudios de nivel superior (Licenciatura, Ingenierías, Maestría y Doctorado).

Finalmente, te encargarías no solamente de mantener la calidad que tenía en ese entonces la universidad, sino de fortalecerla significativamente.

Durante la coordinación de la Administración Central, como es ampliamente conocido, se expresaron diversos acontecimientos que obstaculizaron el éxito en las tareas y propósitos del Plan Institucional de Desarrollo y que, de cierta manera, condujeron a tu “renuncia” como Rector y a tu persecución política, muy pronto judicializada por el gobierno en turno.

¿Cuál fue el estado de la cuestión de la universidad que entregaste?

Quiero resaltar aquí lo que, según concordamos bastantes, distingue y destaca significativamente en tu periodo como Rector de Nuestra Casa de Estudios.

En principio y sin duda alguna, el incremento de la cobertura de ingreso y permanencia de estudiantes a los programas educativos que ofrece la universidad, al haber pasado de 20, 000 a 40, 000 estudiantes, es decir, un incremento del 100%; asimismo; haber ampliado la cobertura regional a lugares que por su lejanía, transporte y movilidad parecían inaccesibles, entre estos destacan Tepalcingo, Axochiapan, Tlayacapan, Atlatlahucan, Miacatlán y Yautepec. Asimismo, el incremento de Programas de Estudios de Posgrado incluidos dentro del Padrón Nacional de Programas de Calidad en la educación Superior. Al término anticipado de tu periodo administrativo la UAEM ya se hallaba dentro de las diez universidades de mayor calidad nacional.

No parece el siguiente dato de poca monta, empero quiero y debo subrayar que al terminar tu periodo de gestión la UAEM destacaba por ser la primera universidad pública y autónoma dentro de nuestro país con un Programa

Institucional encargado de diseñar e instrumentar políticas institucionales orientadas hacia la inclusión educativa de personas con discapacidad y que hasta ahora ha propiciado las condiciones favorables para que personas con ceguera, sordera, parálisis cerebral, síndrome de Down, Trastornos del Espectro Autista, Discapacidades Psicosociales diversas pudieran ingresar, permanecer y concluir sus estudios de educación superior en diferentes ámbitos del saber y quehacer profesional. Hasta ahora, gracias al existencia de este programa institucional más de medio centenar de personas con discapacidad que han ingresado a cursar estudios en la universidad han logrado terminar una carrera. Debo mencionar aquí, a guisa de ejemplo, el caso de una estudiante con un diagnóstico de Síndrome de Down y ceguera que obtuvo su título de Lic. en Música, como intérprete de piano, en la Escuela de Teatro, Danza y Música.

Por otro lado, también debe resaltarse el hecho de que dentro de la Región Centro Sur de la ANUIES es la primera universidad que ha promovido e impulsado un programa de formación y certificación de Intérpretes de Lengua de Señas Mexicana y que dentro de su planta cuenta con la contratación de intérpretes de lengua de señas para apoyar a estudiantes sordos y sus docentes en la tarea educativa.

No por parecer ajeno a la “Responsabilidad Social” de la universidad, lo que más distinguió el periodo de tu administración fue precisamente esa relación estrecha con las necesidades e intereses de la población que, desde luego se aprecia con lo que recién he descrito que, además destaca al considerar el vínculo de la universidad con los grupos de madres y familiares buscadores y buscadoras de sus desaparecidos al aportar herramientas científicas y profesionales de identificación genética.

Como puedes apreciar, Dr., estos botones nos dan una muestra de tus valores y principios que contrariamente a los que se propalan por algunos medios, me llevan a dudar de estos y a estimar que en esta hora tu ética, moral y estatura permanecen, pese a yerros o equívocos que hubieras cometido, seguramente ninguno de carácter doloso, demandan de parte de quienes, además de mí, te conocemos y participamos de este periodo histórico, reconocer que si la justicia prevalece serás, como se debe, reconocido en su exacta dimensión y tratado con justicia y dignidad.

La Jornada Morelos