

MULTIVERSO
No estaba lloviendo mas la luz se había ido; una situación común que iba a durar minutos u horas conforme a la celeridad de los encargados de restablecer el servicio. Spoiler uno: fueron ocho horas, es decir el doble del tiempo contemplado por la compañía. Spoiler dos: Italia encontró la brecha en el sistema planeado para no dar seguimiento a los reportes. Basta con escribir mal el número de servicio para ser transferido con un humano en vez de la voz sintética dedicada a repetir al infinito que dicho reporte está siendo atendido. Mientras tanto, la pregunta que agitaba a Italia era decidir entre mudarse o no mudarse, dos universos que existían a la par sin poder encontrarse nunca. En su mente convertida en Big Bang, se encontraban las dos posibilidades opuestas. Para empezar, consideró solventar la interrogante de por qué cambiar de casa, domicilio, hogar, vivienda y muchas palabras más asociadas al hecho de vivir en un lugar por temporadas cortas o largas. En su respuesta, surgieron motivaciones propias, administrativas, prácticas y algunas bastante irracionales.
Desde su Call Center ubicado en algún punto del país, Bernardo escuchó con atención, él sí dispuesto a resolver la situación al contrario de los cuatro interlocutores anteriores. Con su acento norteño por delante asociado a su voluntad de servicio, se comunicó con un superior pidiendo a Italia no colgar la llamada. Italia esperó, Bernardo le preguntó si no estaba lloviendo en su ciudad. Ante la negativa, le pidió volver a comunicarse una hora más adelante. Italia pensó en ir a comprar unos dados para lanzarlos y ver si el número arrojado era favorable o no, leer nuevamente Las partículas elementales de Houellebecq u otro sobre nudos improbables. Optó por ocupar esa hora en enlistar unas cincuenta o cien formas de vivir sin luz. No llegó a más de cinco. Fue a dar un paseo y también a buscar un lugar para recargar su celular, procurando no recordar el contenido de su refrigerador, ni la lavadora que iba a poner, ni la novela que se encontraba en la computadora esperando avanzar. No mudarse significaba aguantar más y más abusos, arriesgarse a recibir malos tratos además de materiales de construcción caídos del techo porque la dueña decidió habitar en un universo donde impera su sola voluntad, aunque ésta implique daños y peligros para Italia. Eran ya dos mundos irreconciliables. Pero a lo mejor existían más mundos desconocidos por explorar. Eso es lo que eligió Italia, dejarse llevar por partículas en forma de casas para ver qué sucedía. En una plataforma de renta y venta donde abundaba la información y las fotos, los mensajes enviados quedaron sin respuesta. Italia recorrió calles al azar, apuntó teléfonos, pero las propiedades eran amuebladas. Se preguntó por qué tan importante información no figuraba en el letrero. ¿Existe un universo donde el tiempo no exista y así no se pueda ganar o perder lo que en nuestro universo (el único conocido) se mide en segundos, minutos y horas? En eso ya había regresado la señal eléctrica para que la de internet pudiera funcionar en casa de Italia. Descartó las casas con pasto artificial, las desangeladas por abandono de sus dueños cuyas caras se mimetizaban con la propiedad. Las construcciones tienen alma. La tercera que visitó por insistencia de su amiga corredora de bienes y raíces, la atrapó. La luz tenue del interior y el jardín exuberante le contaba historias tan felices que decidió trasladar sus pertenencias para vivir muchas vidas ahí.
Nota: Los sucesos y personajes retratados en esta historia son ficticios. Cualquier parecido con personas vivas o muertas, o con hechos actuales, del pasado o del futuro es coincidencia, o tal vez no tanto. Lo único cierto es que no existe manera de saberlo y que además no tiene la menor importancia. Creer o no creer es responsabilidad de los lectores.
*Escritora, guionista y académica de la UAEM

