

Antes de la década de los años 90, la obesidad era comprendida únicamente como un factor de riesgo o una consecuencia de malos hábitos individuales que podría generar algunos problema metabólicos; sin embargo, la relevancia de esta época tiene que ver con el inicio de la globalización modificando la forma en que las poblaciones se relacionan entre sí como consecuencia de avances tecnológicos como la aparición del internet y teléfonos móviles que permitían una interacción más constante pero que también permitieron la comunicación entre personas de distintos países e incluso continentes. Las relaciones comerciales entre potencias mundiales también evolucionaron a la par, modificando totalmente los estilos de vidas de cada una de las poblaciones.
La apertura comercial y el contacto internacional abrió el panorama y conocimiento sobre tradiciones y costumbres en otras partes del mundo, la influencia en el aspecto alimentario no quedo atrás, nuevos ingredientes y una biotecnología en crecimiento lograron concretar nuevos hábitos alimenticios sin control alguno sobre la curiosidad de quienes aprovecharon la oportunidad de conocer nuevos sabores. La manera tan acelerada con que todo es paso tuvo un impacto en la salud poblacional; a partir de 1997 la OMS (Organización Mundial de la Salud) reconoce a la obesidad como una “enfermedad crónica compleja” multifactorial y con impacto directo en la salud pública global.
La razón de dicha decisión se basa en un aumento exponencial en las incidencias de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, ciertos cánceres y la reducción de la esperanza de vida; la razón principal se basa en el acceso a nuevos platillos no del todo saludable y a la constante necesidad de los individuos por incluir en su alimentación cotidiana alimentos y platillos como signo de superioridad social sin importar los riesgos en el aspecto de la salud. En contraste con la aceleración en el incremento de estadísticas, el entendimiento de la obesidad como una enfermedad de consolido hasta el año 2013 cuando la Asociación Médica Estadounidense (AMA) refuerza el enfoque al declarar oficialmente (y antes los ojos internacionales) la obesidad como una enfermedad, impulsando su abordaje médico integral y la cobertura de tratamientos.
A diferencia de la década de los noventa, en la actualidad se entiende que dicha enfermedad tiene influencias biológicas, genéticas, psicológicas, sociales, económicas y ambientales, convirtiéndola en una situación difícil de abordar por los gobiernos debido a que la estructura de una política pública funcional para esta batalla debe de incluir la participación de expertos en todas las variables para lograr deducir la mejor estrategia que evite el continuo crecimiento de pacientes; tristemente muy pocos países han logrado acertar a un método de acción que ofrezca resultados.
América es el continente donde los resultados no han sido favorables para el objetivo deseado viviendo en un continuo deterioro de la salud de su población en general demostrando que incluso la potencia estadounidense no ha logrado frenar el problema por lo cual ante esta crisis la Asociación Americana de Diabetes (ADA) ha publicado en el inicio del 2026 una lista de fármacos aprobados para el manejo de obesidad donde se incluyen desde los más conocidos hasta la novedad: semaglutida, mejor conocida como Ozempic®. Cuando se observa la tabla publicada, se vislumbra una notable diferencia entre la eficiencia de medicamentos poco agresivos al organismo como Orlistat el cual ofrece un 3.1% de pérdida de peso, frente a un 11.9 y 16.2% de los nuevos – y populares- medicamentos lanzados al mercado como el mencionado anteriormente.
Estos últimos tuvieron como origen de desarrollo ser parte de un tratamiento más efectivo en pacientes diabéticos pero que con su uso también demostraron un increíble efecto de pérdida de peso que los popularizo entre la población con un grado alto de obesidad y en individuos tentados bajo el espejismo de un proceso rápido y sin grandes exigencias como la ya tradicional frase: control de dieta y actividad física. Ante su nuevo uso las farmacéuticas e investigadores se encuentran en espera de poder recolectar datos y efectos secundarios en quienes lo usa, un proceso que apenas inicia pero que ante la desesperación global fue omitido el rigor científico y la salud pública internacional ha decidido apostar esperando no haberse equivocado.

Pareciera que la idea de retomar un análisis más específico para explicar y entender las razones conductuales de tomar decisiones autodestructivas que conducen al humano a una situación de riesgo para su salud como lo es la obesidad, no es el camino que se desea tomar, la exigencia de rapidez con la que actualmente nos movemos todos los individuos puede llevarnos al camino fácil de la medicación y aunque se ha intentado reglamentar su uso solo en casos extremos, seguiremos observando miles de pacientes sin obesidad mórbida y con un ligero sobrepeso que están dispuestos a arriesgar su salud bajo el paradigma de: delgadez es sinónimo de salud.


*Psico nutrióloga

