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Las cifras que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y su gabinete de seguridad presentaron este jueves en Cuernavaca son sumamente ilustrativas porque evidencian los resultados que pueden lograrse a partir de estrategias de seguridad reales y coordinadas.

Es imposible no contrastar, porque incluso en los gráficos exhibidos por el Sistema Nacional de Seguridad Pública lo tomaron como referencia, el notable incremento en la incidencia delictiva que se dio en Morelos durante el sexenio de Cuauhtémoc Blanco Bravo, y la reducción de los índices delictivos que el estado ha logrado en los poco más de quince meses de la administración de la gobernadora, Margarita González Saravia.

Entre 2018 y 2024, la violencia creció en Morelos un fenómeno que contrastaba con una muy moderada reducción de los delitos en casi todo el país. La estrategia de seguridad en el estado no funcionaba y no era por falta de voluntad de las autoridades federales, que durante el periodo autorizaron recursos multimillonarios para el supuesto fortalecimiento de la seguridad pública. Lo cierto es que no había coordinación e incluso las autoridades federales prefirieron actuar solas en muchos operativos.

A partir de la llegada a la presidencia de Claudia Sheinbaum Pardo, y a la gubernatura de Margarita González Saravia, se abrió una nueva etapa de coordinación en diversos rubros. Sólo en materia de seguridad, los operativos conjuntos han permitido detenciones importantes, pero sobre todo abatir los índices de delitos de alto impacto en una proporción considerable.

Si bien hace falta mucho por hacer, lo cierto es que coordinar objetivos, estrategias y operación entre las fuerzas estatales, federales y municipales está generando resultados que marcan una tendencia para reducir la violencia en el estado y, lamentablemente, también evidencian por lo menos un sexenio perdido en materia de combate a los grupos delictivos.

Pero la colaboración entre los gobiernos estatal y federal no está solamente en materia de seguridad pública, a pesar de que ese es el tema central de la agenda política en Morelos dado al desastre del sexenio anterior.

En solo un año, la coordinación con autoridades federales ha permitido que la entidad cuente con dos nuevos hospitales, la reapertura de uno más, además de apoyos diversos para mejorar la cobertura en servicios de salud, otro sector que se abandonó durante prácticamente todo el sexenio anterior.

También se atiende la infraestructura, con la rehabilitación de los caminos que forman el circuito “Tierra y Libertad”; la inversión hídrica para mejorar el abastecimiento de agua para consumo humano y para riego; este año se construirá también el distribuidor vial que llevará a la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, e iniciará la edificación del Centro de Convenciones de Cuernavaca; inversiones en obras que contrastan con el abandono de la pasada administración no solo en el desarrollo sino en el mantenimiento de la infraestructura.

Y, por último, tendría que reconocerse el acompañamiento que el Gobierno de México ha dado a Morelos para impulsar el desarrollo económico, mediante esquemas de atracción de inversiones alienadas con las vocaciones productivas del estado que ayudarán, en primera instancia a absorber el impacto que tendrá en la economía local el cierre de la empresa Nissan; y luego a apuntalar el empleo formal y el crecimiento económico en el estado que se ha vuelto más pobre cada año durante la última década.

Se trata de tener un proyecto de desarrollo, coordinarse y trabajar para llevarlo a buen puerto. Lo que en casi todo el mundo se conoce como gobernar, algo que no se hacía hace mucho tiempo en Morelos.

La Jornada Morelos