

Hoy inicia la etapa del equipo de futbol Cruz Azul femenil como local en Cuernavaca con lo que las historias de resistencia, pasión y disciplina de las mujeres en el deporte empiezan a confluir en un estado reconocido por la fortaleza y carácter de las morelenses.
Desde la perspectiva deportiva, dominada en casi todas las disciplinas por la cultura patriarcal, la presencia de un equipo de futbol femenil de la Liga MX podría parecer un asunto de apenas relativa relevancia. Pese a ser un club con alto arraigo y de los llamados cuatro grandes del futbol mexicano, el femenil es visto como una cosa menor, pese a que la disciplina, pasión, técnica y hasta alegría que ponen las mujeres en cada partido vuelve sus encuentros mucho más divertidos y ejemplares que el futbol varonil.
Pero en el terreno simbólico, la presencia del máximo circuito del futbol femenil en Morelos es un asunto de enorme relevancia, aunque poco se ha tratado hasta ahora.
La historia de Morelos tiene a muchas mujeres entre sus figuras clave, María Fermina Rivera y Juana Guadalupe Arcos Barragán (La Barragana), tuvieron un papel determinante en la lucha por la independencia; María Esperanza Chavarría Morales y Rosa Bobadilla son claves para entender la resistencia femenina en la historia nacional, y la participación de las mujeres más allá de la figura genérica de las Adelitas. Gloria Peña fue la primera mujer en ocupar una presidencia municipal en el país. Ellas, forjaron una tradición de resistencia y evolución social que está impresa en los movimientos feministas que han caracterizado a Morelos en su historia durante las últimas décadas.
La historia del futbol femenil en México también está marcada por la resistencia y la pasión con que cientos de mujeres en todo el país desafiaron los prejuicios y hasta enfrentaron represión para alejarlas de las canchas.
En 1921 hubo la primera prohibición expresa de la Asociación de Futbol Inglés que consideraba el deporte de las patadas como “no apto para las mujeres”. Eso no frenó a las mujeres en diversas partes del mundo que siguieron metiendo goles y haciendo gambetas.

La persistencia de la práctica del deporte en México llevó a las primeras ligas organizadas del futbol femenil que aparecieron en la década de los 60, las ligas profesionales no reconocían a la disciplina. El país fue sede de dos copas mundiales en 1970 y 1971; ese año la final fue en el Estadio Azteca y se registró una asistencia de cien mil personas, pero la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) prohibió a la Federación Mexicana la organización y apoyo de ligas y torneos femeniles.
Las futbolistas mexicanas volvieron a la clandestinidad hasta el 2003, cuando se estableció la Liga Nacional de Clubes de Futbol Femenil, que sería reestructurada en 2007 ya con ayuda de la Federación Mexicana de Futbol. No fue una concesión, sino un triunfo en la lucha de las mujeres futbolistas de todo el país.
No se trata de banalizar la lucha de las mujeres, sino de reconocerla, junto con sus triunfos en cualquiera de sus trincheras, por eso hay que dar la bienvenida al Cruz Azul Femenil y esperar que sus juegos en Cuernavaca forjen una tradición histórica y grande, digna del club cementero pero también de las mujeres morelenses.


