La historia produce narrativas que a veces riman. En la biblia, en versión de la Reyna Varela el pueblo de Israel logra salir de Egipto tras años de malos tratos, dicha narrativa evoca en múltiples pasajes la necesidad de moverse hacia afuera y luego produce algunas lógicas que traerán consigo el derecho al refugio para la Segunda Guerra Mundial. Ahora bien, luego de los ataques de la madrugada del sábado 3 de enero de 2026, Venezuela se torna el centro y la venezuelización de la migración ahora juega un papel fundamental para las narrativas, las estructuras legales y convencionalismos del porvenir casi tan importante como el que desempeñaron los judíos, aquí algunas notas.

Sé que traer a la mesa la biblia suena inconexo cuando se narra sin tantos pasos, más o menos el proceso va así: surge la palabra o/y el concepto, ese concepto tiene una convención social con cargas significadas, dicha convención es un tránsito entre la moral y la ética. Esa ética, permite la creación de un entendimiento entre lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo, una dicotomía de lo que es y lo que no es. Al definir separamos y esa separación crea lógicas, entendimientos, convenciones y ética. Las cuales a su vez son necesarias para producir leyes jurídicas.

Un caso concreto es el de los judíos con la creación de sistemas internacionales de asilo y refugio después de la Segunda Guerra Mundial. Cierta parte de la crítica es que este tipo de derecho aplicó para un tipo específico de población y no para todas las personas en el mundo. Por otra parte, esto es criticable, pero tiene un por qué. Su génesis es histórica y bíblica. Algunas nociones de la ética occidental nacen de la biblia como texto. Algunos de estos preceptos son la idea del buen samaritano, del derecho a moverse y liberarse.

Sin embargo, estas nociones chocan con lo observado: la producción cada vez más rígida para moverse a través de las fronteras. Pero conjuga con lo narrado en Deuteronomio Isaías y Pedro: el pueblo elegido de dios es Israel. No todos los pueblos tuvieron el derecho divino de salir y de llegar a otros espacios. Son casi dos mil años de conexiones, riñas políticas, luchas teológicas, configuraciones materiales las que permitieron que el derecho: que se fundamente en moral ideal, escritos y/o principios, tuviera la capacidad de crear mecanismos para la libre movilidad de cierta población después de la Segunda Guerra Mundial.

El refugio fue un sistema imperfecto. Hannah Arendt lo define como la creación de una otredad. Pero ese derecho incluso le es negado a cientos de naciones en los puertos de entrada y salida del mundo. Esta otredad imperfecta se ciñe a brindarle refugio a los ucranianos y una negativa a todos los demás. Para comprender esta limitación del Estado-Nación tendremos que recurrir a la biblia, porque parte de su formación emerge de una moral bíblica. La espada del Estado esta forjada sobre la distinción moral de quién merece o no recibir el uso de la fuerza.

En el caso de la migración venezolana, los dados están en el aire. La lucha será política y narrativa. El problema es que la moral ya no se escribe ni se lee de forma escrita: se consume de manera publicitaria. Ahí entra la venezuelización del destino moral y ético de la humanidad. Como siempre ha sido: la distinción entre “lo bueno y lo malo” es geopolítica pura que va más allá de un par de políticos: toca la tragedia y comedia de la humanidad. Es decir, su destino futuro o tendencia presente.

La lucha no está del todo en el derecho internacional, empieza antes: en los conceptos, en las palabras, en esos significados, en la ética, en la moral de la cuales luego se hacen leyes. Lo que ocurre en Venezuela será un proceso largo, que dejará huella en el espíritu de la historia humana. La humanidad asiste a la redacción del pasaje bíblico Éxodo en vivo: a la elección de puño de rasgos que serán elegidos para ser parte de la beatitud o desasosiego del porvenir.

*Momoxca, internacionalista, escritor y migrantólogo.

Víctor Villarreal Cabello