Desde marzo pasado hemos seguido las movilizaciones de l@s estudiant@s de la UPN. Para comprender el contexto de su lucha debemos partir de la injerencia en la Universidad Pedagógica Nacional del SNTE, sindicato corrupto que controla la contratación de profesores, apoyando a su camarilla y repartiendo plazas a amigos y parientes, creando un control nepotista.

En la Unidad Morelos, el anterior director ocupó el cargo durante siete años, sostenido por sus personeros. Control de plazas y finanzas llenaban sus bolsillos. La corrupción llevó a la violencia, ejerciendo poder dictatorial, negando voz a los estudiantes. Hostigamiento y discriminación mantenían maniatados a maestros honestos y estudiantes.

El feminicidio de una compañera en manos de su pareja, estando ella embarazada, encendió los ánimos. Una ceremonia realizada el 8 de marzo, Día Internacional de las Mujer, dio inicio a un vigoroso movimiento estudiantil acompañado por maestr@s solidari@s. El movimiento exigía el cese de la violencia en la universidad, así como el derecho para participar más activamente en las decisiones sobre la política educativa de su universidad. Ser sujetos activos de su proceso educativo.

La UPN tiene una larga historia de lucha. En 1992 la Universidad fue fragmentada en 77 Unidades, perdiendo su carácter nacional. El presupuesto recayó en los estados dejando al poder Ejecutivo las decisiones sobre los recursos de la Universidad, y en muchos casos excluyendo a las comunidades universitarias de la participación colectiva. El dinero no llegaba a las unidades, era desviado según los criterios de los organismos educativos locales, muchas veces en contra de los intereses de la propia universidad. Esto provocó la pauperización de las instalaciones y los servicios. Por ejemplo: la biblioteca de la Unidad Ajusco, que tiene el acervo más grande del tema educativo en América Latina y que guarda la memoria colectiva de la educación en México, corre el riesgo de desaparecer por las goteras que en siete años no han sido atendidas. El mobiliario ya no es suficiente; los edificios se han abandonado a su suerte.

En 2020-2021, se llevó a cabo el Congreso Nacional Universitario para discutir las prioridades tanto académicas, como administrativas, teniendo como eje central la Autonomía y la recuperación del carácter nacional de la Universidad de todas las unidades del país.

Hace unos días, la Dra. María Guadalupe Mendoza Ramírez, de la Unidad Toluca, expuso el contexto en que se dan las luchas actuales. Puntualizó que la historia de la desestabilización de la UPN surge en 1992, con la fragmentación de la UPN, lo que produce una crisis neoliberal. En 2020/ 21 se lleva a cabo el Congreso Nacional Universitario, donde se debate la autonomía, que marca las perspectivas del cambio, regresar a la unidad, no a la fragmentación. En el rubro académico se establece que la Universidad forma profesionales de la educación, desde el punto de vista pedagógico nacional federal. Su función es la investigación, difusión y docencia.

En el Congreso se manifestó la presencia de las mujeres, siendo que el 80 por ciento de los estudiantes son mujeres. Universidad feminizada. Muchas de ellas son población vulnerable, vienen, algunas, de lugares alejados, de alta marginalidad, indígenas. Absurdamente, la educación indígena se ha cancelado en muchas unidades sin haberse actualizado una propuesta para atender a este grupo de población fundamental. En zonas marginadas no se ha ampliado la oferta de educación. Esto llevó a la crisis organizacional, económica y política. Se redujeron las becas, y no se ha actualizado el plan de estudios de 1990. La descentralización trajo como consecuencia la pérdida del carácter nacional. Los gobiernos estatales en los que recayó el presupuesto, menguo la calidad de la educación y el presupuesto no llegaba, por el desvió de recursos en muchas ocasiones. La fragmentación llevó al aislamiento, no existen redes entre las 77 unidades.

En 2021 AMLO habló de la Ley de Educación Superior, que trajo esperanza para la UPN, significaba recuperar su carácter nacional y avanzar hacia la autonomía por ley. Como muchas de las promesas de los políticos profesionales, esto no se cumplió.

En el Congreso Nacional Universitario (CNU) dominó la exigencia de la autonomía plena en las 77 unidades, lograr la democratización, superar la precarización, evitar el cobro de colegiaturas. Y algo fundamental, reconocer a los estudiantes como actores activos de su formación.

La propuesta de autonomía se encuentra paralizada en el Senado, en espera, ya de varios años, para que se vote y resuelva la autonomía, que significa tener voz en los planes de estudio, investigación, difusión, y servicios de la Universidad, luchar por la democratización, enseñanza laica, gratuita. Cumplir su misión: educar para transformar.

El documento emanado del Congreso fue entregado al Senado de la República, para que apruebe la ley de autonomía de la UPN. Sin embargo, desde 2022 y hasta el presente se encuentra congelado en la Comisión de Educación del Senado.

Las demandas son claras: se requiere no solamente cambiar directores, cosa que ya sucedió para bien en la Unidad Morelos, sino de una transformación profunda. En asamblea permanente y en movilizaciones se ha exigido la autonomía, se trata de un proyecto que viene desde abajo.

Hasta ahora, los movimientos estudiantiles y magisteriales democráticos señalan que uno de los problemas más graves es la injerencia del SNTE que controla la educación. Es necesario quitar el poder a los “charros” que temen el poder estudiantil y están contra la formación de Consejos estudiantiles. La presencia de personeros del SNTE y del propio líder charro, Alfonso Cepeda Salas, dentro del Senado evita que se apruebe la Ley de la Autonomía de la UPN. De allí que se encuentre paralizada.

En la UPN Morelos se logró destituir a Aroldo Aguirre, viejo burócrata charro aliado del SNTE, quien se mantenía en la dirección desde hacía más de siete años y que solapaba a una camarilla corrupta de amigos y familiares. Recientemente, colocando en primer lugar el interés de los estudiantes y las múltiples denuncias motivaron que la gobernadora Margarita Sarabia decidiera sacarlo del puesto, quedando en su lugar el maestro Salvador Coronel, querido y apoyado por estudiantes y maestros comprometidos y democráticos.

Por su parte, la Unidad Ajusco se encuentra en paro, exigen renuncie la rectora que tiene ya indebidamente siete años en el puesto y que no se ha atrevido a recibir l@s estudiantes que piden cosas razonables, como bancas y cuidado de las instalaciones clave, como la biblioteca. La rectora no da la cara, desesperante.

En todas las Unidades el debate se da entre autonomistas y charros. Otra petición muy sentida es acabar con la violencia, producto del charrismo y el despotismo.

Se lucha por una educación crítica y reflexiva. Las tres sedes de la UPN en Morelos: Cuernavaca, Ayala y Galeana se encuentran unidas en la lucha por mejorar la universidad, todas se enfrentan al poder “charril” del SNTE.

La lucha de la UPN ha logrado estar en la agenda nacional. Varios artículos en periódicos nacionales han analizado los movimientos de las unidades de la UPN, la voz de sus estudiantes se escucha en programas como Rompeviento. Voces frescas que merecen ser escuchadas y tener solución.

Son muchos los movimientos estudiantiles que están luchando por democratización de la educación superior: ENAH, UNAM, UAM, UPN, pero se topan con el silencio de la Cuarta T, que se encuentra golpeando la educación superior pública para dar apoyo a las universidades del Bienestar; es decir, desbaratar la educación democrática, crítica y popular, para abrir universidades “patito”, que formen técnicos, no universitarios. Al tiempo.

¡Justicia para Mafer!

¡Alto al genocidio en Gaza!

Oralba Castillo Nájera