La calle de Guerrero en el primer cuadro de Cuernavaca se levantó como la primera zona comercial de nuestra ciudad, surgió como un mosaico de la diversidad cultural en la Cuernavaca que creció tras la cruenta Revolución del Sur. Fue también una arteria modesta, en comparación con los grandes aparadores de la Ciudad de México, sin embargo, ahí convergieron comerciantes de todas las nacionalidades y credos, que hicieron de la céntrica calle, sin temor a exagerar, una genuina Torre de Babel.

Manifestación de esa pluralidad, lo es la Catedral Anglicana, ubicada en la esquina de Guerrero y Degollado, frente a donde estuvo el antiguo mercado, derruido en uno de los tantos crímenes urbanos que ha sufrido la ciudad y de los cuales los cuernavacenses aún nos lamentamos. Justo frente al viejo mercado se construyó en la primera mitad del siglo XX, el templo anglicano, que hoy es por su extensión, una de las Catedrales más pequeñas del mundo. Salvo el hermoso y elegante vitral, obra de arte que preside el altar junto con el particular púlpito, el templo es austero, pero con la dignidad que revisten los recintos de la Iglesia de Inglaterra. Placas en las bancas, así como en el pequeño columbario, dan cuenta de la pequeña pero orgullosa colonia anglosajona en la ciudad. Al caminar entre las bancas, es inevitable no recordar a Harry Hampson y Rosa E. King quienes fueron precursores del turismo y el desarrollo económico en Morelos, después llegó Malcolm Lowry quien inmortalizó a Cuernavaca en una de las novelas más afamadas en lengua inglesa y en lo personal, tuve la fortuna de conocer en tiempos más recientes a magníficos súbditos británicos, como lo fueron David Giray, vecino de Acapantzingo así como a Wendy Laffan, mujer encantadora y al igual que David, diestra tiradora con escopeta.

Pero volviendo a la pequeña y antigua Catedral Anglicana en Cuernavaca, no solo subsiste a través de la pátina del tiempo como un templo austero pero digno, sino que con enorme congruencia brega por una genuina vida comunitaria en una ciudad que tiene tantas asignaturas pendientes en los rubros del desarrollo social y el medio ambiente.

La Iglesia Anglicana, también conocida como Episcopal en Estados Unidos para restarle el marcado acento inglés, tiene antecedentes en México que se remontan a la presidencia de Benito Juárez y a los convulsos tiempos de la Reforma, cuando se formó no solo con anglosajones que llegaron al país, sino con mexicanos inconformes con el clero católico. En Morelos, la Diócesis Anglicana se erigió en 1989, aunque la grey existía desde principios del siglo pasado. Hoy es una comunidad vigorosa y mientras los Mormones se niegan a cumplir con el calendario cívico mexicano, arrasan árboles y pretenden adueñarse de la calle de Santa Prisca en la Colonia Reforma de Cuernavaca, los anglicanos son inclusivos y despliegan una intensa labor social.

La Diócesis Anglicana en Morelos, que también abarca el Estado de Guerrero, tienen entre sus miembros al padre Víctor Hugo García Ulloa y a la reverenda Cristina Gutiérrez Ladino, no solo cubriendo las labores cotidianas en la Catedral Anglicana en Morelos o en la popular y moderna parroquia en la Colonia Delicias, sino también llevando a cabo obras de caridad que se traducen por ejemplo en el comedor comunitario que los reverendos García y Gutiérrez operan los domingos en un salón anexo a la Catedral Anglicana y que atiende a personas en el primer cuadro de la capital morelense.

El comedor en cuestión es gratuito y sirve cada domingo alrededor de 180 comidas, ahí los mencionados reverendos, reciben a personas en situación de calle, adultos mayores, prostitutas también entradas en años, así como a miembros de la comunidad LGTB. Ningún requisito se les pide a quienes acuden a comer ahí, quienes incluso pueden llevarse alimentos que son generosamente donados y preparados por miembros de la comunidad anglicana en Morelos. Alimentar a casi doscientas personas vulnerables o en situación de calle no solo va de la mano con los principios cristianos, sino que abona a reconstituir el resquebrajado tejido social de una Cuernavaca que ya merece jornadas mejores. A su vez es de destacar, que en medio del caos y la anarquía urbana que caracterizan a la populosa esquina que conforman las calles de Guerrero y Degollado, permanezca en pie la catedral anglicana, como referente de la ciudad que hemos perdido, pero sobre todo como testimonio de las colonias extranjeras que no sólo persisten, sino que robustecen la pluralidad y la diversidad cultural que son acento en la rica memoria histórica e identidad de Cuernavaca.

*Escritor y cronista morelense.

Pintura de arte en la pared

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Imagen cortesía del autor

Roberto Abe Camil