

Cadenas migratorias de cuidados
Gabriela Mendizábal Bermúdez[1]
Acaba de pasar el 29 de octubre, fecha, en la que desde 2023 se conmemora el Día Internacional del Cuidado y el Apoyo, proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas, “reconociendo la importancia de invertir en la economía del cuidado y de crear sistemas sólidos, inclusivos y respetuosos de los derechos humanos que respondan a las necesidades de todas las personas, sin importar su género, edad o discapacidad.”
En México, la necesidad de cuidados es un pilar invisible de nuestra sociedad. La primera Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC, 2022) reveló que 58.3 millones de personas requieren atención de alguien más en sus hogares, casi 45% de la población nacional.
Detrás de esta cifra monumental hay rostros y manos, mayoritariamente de mujeres, que sostienen el bienestar familiar sin reconocimiento ni apoyo adecuados. Esta realidad ha dado lugar a “cadenas migratorias de cuidado”: por un lado, mujeres que se ven obligadas a migrar para trabajar cuidando a otros y enviar sustento a sus familias; por otro, mujeres que no pueden salir de casa porque deben quedarse a cuidar a los suyos. Ambas situaciones, aunque opuestas, nacen de la misma raíz: la falta de una política sólida de seguridad social orientada al cuidado.
En Morelos, conocemos bien estas historias. Miles de hogares morelenses dependen de las remesas que envían madres e hijas migrantes desde lejos. De hecho, en el primer semestre de 2025 el estado recibió 556.7 millones de dólares en remesas, cifra que “refleja el compromiso y esfuerzo de las y los paisanos que trabajan en el extranjero para brindar bienestar a sus familias” (Gobierno de Morelos, Boletín 03084).

Las remesas, que representan cerca del 6% del PIB de Morelos, reflejan el sacrificio de miles de personas y de ellas muchas mujeres que migran para trabajar en el cuidado de otras personas y sostener a sus familias desde lejos. Cada envío de dinero lleva consigo el valor económico del cuidado brindado fuera del país y el costo emocional de la separación familiar. Detrás de cada transferencia hay una historia de amor, esfuerzo y desigualdad estructural.
Mientras tanto, muchas mujeres en Morelos no pueden migrar ni acceder a un empleo remunerado, pues las responsabilidades domésticas y de cuidado las mantienen en casa. Según la ENASIC, el 86.9% de quienes cuidan en sus hogares son mujeres, y casi la mitad queda fuera del mercado laboral. Nueve de cada diez personas que abandonan su trabajo por cuidar son mujeres (IMCO), lo que evidencia la desigual distribución del trabajo de cuidados y la necesidad urgente de políticas que garanticen su derecho a trabajar y desarrollarse.
El valor económico y social del trabajo de cuidados es incalculable. De acuerdo con el INEGI, las labores domésticas y de cuidado no remuneradas aportan el 26.3% del PIB nacional (más que sectores como la manufactura o el comercio). Sin embargo, ese enorme aporte sigue invisibilizado: tradicionalmente, nuestras instituciones han “naturalizado” que sean las mujeres quienes cuiden, considerándolo parte de su rol familiar más que un trabajo digno de derecho.
Las cuidadoras, ya sean madres de familia o trabajadoras del hogar, han quedado fuera del paraguas de la seguridad social. Muchas realizan jornadas extenuantes. En promedio, las mujeres dedican 37.9 horas semanales a cuidados frente a 18.2 de los hombres (ENUT, 121/25) sin sueldo, sin descanso, sin protección para su salud o su futuro. Esta falta de reconocimiento institucional no solo es injusta; también perpetúa la pobreza y la migración forzada. Cuando el Estado y el mercado no proveen opciones, migrar (o resignarse a la inactividad) parece ser la única salida para muchas cuidadoras.
Urge implementar un Sistema Nacional de Cuidados robusto que ponga fin a esta encrucijada. Garantizar seguridad social para la vida significa reconocer que cuidar es un trabajo y corresponsabilidad de toda la sociedad. Implica tejer una red de apoyo que proteja a quienes cuidan y a quienes son cuidados, desde la niñez hasta la vejez. Reconocer y dignificar el trabajo de cuidados contribuirá a cerrar la brecha de género y fortalecerá a las familias y por ende ala sociedad en su conjunto.
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Profesora Investigadora de Tiempo Completo de la FDyCS de la UAEM. ↑

