Desde sus orígenes por el año 1997, Tlayacapan buscó posicionar su producción alfarera a través de actividades culturales, gastronómicas y artísticas. Fue en 1998, cuando el pueblo fue sede del primer Encuentro de Bandas de Viento en el estado de Morelos. El evento, junto a otras ferias y festivales del país se convirtió en un referente cultural nacional frente a la embestida del modelo cultural impulsado desde la industria de la música comercial. De raigambre tradicional pero no conservador sino en diálogo con otras tradiciones musicales, el formato se propuso abrir las puertas a la pluralidad de las artes —en especial la música— desde la comunidad para la comunidad y los visitantes.

Con el paso de los años, la festividad se vio mermada y finalmente suspendida por la falta de apoyo gubernamental. Después de más de 24 años, resurge la iniciativa de retomar este espíritu artístico y devolverle su valor socio-cultural para contribuir en el fortalecimiento de la identidad a través de la puesta en valor de la riqueza patrimonial de Tlayacapan.

Este año, las áreas de Cultura, Turismo y Desarrollo Económico del Ayuntamiento de Tlayacapan, con el acompañamiento de la sociedad civil y la iniciativa privada local, principalmente alfareros, restauranteros y comerciantes (Asociación destino Tlayacapan, Restaurante Con sabor a pueblo y Chinelobus), se han propuesto retomar esos dos baluartes que constituyen los pilares culturales de la comunidad, la producción alfarera y la tradición de música de banda de viento. “El Festival Cultural de la Música y el Barro 2025 se concibe como una ventana abierta para atraer un turismo sostenible, “más consciente y comprometido, evitando que nuestra localidad sea solo un destino de paso. Con ello, se busca generar una derrama económica significativa para los prestadores de servicios locales: hospedajes, restaurantes, comercios, artesanos y guías turísticos”.

El festival comenzó este jueves con un recorrido y la presencia de los ballets folklóricos Antonio Caso y C.C. Tlayacapan y los grupos Fides y Neoplen. Hoy a partir de las 13:00 horas se presentarán la Banda de Música del Gobierno del Estado de Morelos, la Banda Sinfónica de la Antonio Caso, Cuautla Morelos, la Banda Sinfónica CECAMBA, Puebla, la Banda Municipal del Honorable Ayuntamiento del Mpio . de Cuautla Morelos Banda Sinfónica Juvenil Marcial Morales García de Tepatlaxco de Hidalgo, Puebla, y la Guelaguetza de Oaxaca.

El sábado 8 de noviembre, a partir de las 12:00 horas se presentarán la Banda Sinfónica de la UAEM, la Banda Sinfónica de Tepatlaxco, Puebla, la Banda Filarmónica ECOR de Tingambato Michoacán, la Banda Renacimiento Yalalteco, Oaxaca, el Grupo Yolotecuani, CDMX, y Tempus Cuartet.

El Festival cierra el domingo, con un recorrido de comparsas y Mojigangas de Morelos a las 16:00 horas y la presentación de la Banda de Brígido Santamaría, la entrega de reconocimientos y con la participación del cantante Nicho Hinojosa.

La meta, dicen las autoridades, es clara: “consolidar a nuestro pueblo como un destino de relevancia nacional e internacional, donde la música, la artesanía y las tradiciones convivan para el disfrute de propios y visitantes”.

De acuerdo con el proyecto que me comparte el Ayuntamiento, el objetivo principal es “consolidar el Festival de la Música y el Barro como un evento cultural de referencia nacional e internacional, que impulse el turismo sostenible, fortalezca la identidad y el orgullo comunitario, y genere un impacto económico positivo a través de la música, la artesanía y las tradiciones vivas de Tlayacapan”.

Y no se equivocan, -como idea de destino y de sentido, la tradición es lo único que puede cohesionar y dar sostenibilidad a los pueblos y comunidades. Para ello recurren a la profundidad de sus tradiciones y raíces musicales evocando, por un lado, al legado cultural del maestro Brígido Santamaría (cuya banda fue distinguida con el Premio Nacional de Ciencias y Artes 1998), reconocido como el autor o preservador de los sones originales del Chinelo, y por el otro a su vasta producción alfarera que convive y pervive con Telixtac, Cuentepec Tlayacapan como reductos de una herencia ancestral que se constata en hallazgos arqueológicos de diversos asentamientos humanos en el hoy territorio de Morelos.

En su «Diccionario universal de historia y de geografía» Manuel Orozco y Berra señala en 1856 que los medios comunes de subsistencia de los habitantes de Tlayacapan son “la agricultura y la fabricación de loza ordinaria que sirve para el servicio de las cocinas y para adornar los tinajeros. Esta se vende con alguna estimación, porque forman del barro diversas figuras y les dan un barniz negro que las hace vistosas».

La reorganización, en esta edición como Festival, coloca en el centro a las familias que integran los talleres, comercios de alfarería, y los pone en valor reconociendo sus vínculos y aportación a la identidad y a la prosperidad de su pueblo: “Más allá de lo económico, el Festival es también un homenaje al barro originario de Tlayacapan, trabajado con maestría por manos artesanas que, con cada pieza, moldean el presente y el futuro de nuestra identidad cultural. A través de una expo-venta artesanal, el visitante podrá conocer, adquirir y valorar las creaciones únicas que representan siglos de tradición”.

De acuerdo con datos del Ayuntamiento de Tlayacapan, el municipio cuenta con más de 250 prestadores de servicios entre hospedajes, posadas, jardines para eventos, comedores y transporte local. El Festival será un motor para incrementar la ocupación y el consumo, generando una sinergia entre artesanía, música y gastronomía local que potenciará la economía de manera sostenible. Actualmente, miles de personas visitan Tlayacapan cada fin de semana, generando un flujo económico constante. El Festival busca incrementar esa afluencia turística, atrayendo visitantes de México y el extranjero, consolidando al lugar como un punto de referencia cultural y turístico, que ya lo es. Esto se traducirá en un impacto económico de beneficios directos para más de 300 personas y de forma indirecta para más de 3,000 habitantes vinculados al comercio y los servicios.

La comunidad tiene derecho a vivir de la puesta en valor de su patrimonio cultural y del diálogo que ella esté dispuesta a establecer con otras tradiciones o expresiones culturales. Este encuentro no solo es una celebración cultural, sino también una oportunidad para gestionar el turismo cultural de manera responsable a través de una plataforma para en la que la comunidad muestre la fuerza de sus tradiciones, su talento y anfitrionía, y que el Festival del Barro y la Música se vuelva un evento emblemático en el calendario cultural de ferias y festivales de México. Ya una vez lo logró durante varios años. ¡Enhorabuena!

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Gustavo Yitzaac Garibay