Laboratorio de Contra/Narrativas (CIIHu-UAEM)

Un bufón desechable

José Ángel Pedroza Hernández

Su nombre era Juan. Su cuerpo permaneció 96 horas en las cámaras frigoríficas de la Fiscalía, casi cuatro días, sin que nadie lo reclamara. Recibió 15 disparos, dispersos entre el tórax y el abdomen la noche del 18 de diciembre de 2017. Aquella fiesta, la última, parecía otra más, en el bar Menta2 Cántaros de Zapopan, Jalisco. Su nombre era Juan Luis Lagunas Rosales, pero en México lo conocieron mejor bajo su seudónimo: El Pirata de Culiacán. Con tan sólo 17 años se adentró en los abismos del narcotráfico: empezó a portar armas, probó los excesos, los autos de lujo, la ropa de marca y la fama. La popularidad del Pirata de Culiacán se origina en internet. En sus primeros videos virales, Juan Luis aparece bebiendo grandes cantidades de whisky hasta la inconsciencia. Sus amigos que lo rodean le aplauden mientras Juan acaba con la botella. Minutos más tarde, intoxicado, cae contra el suelo. Sus desmayos y ocurrencias atrajeron la mirada del público, quien veía los videos del Pirata para reírse. La fama le llegó pronto: influencers y youtubers lo invitaban a que apareciera en sus videos, colaboraba en clips musicales de corridos, y era contratado para animar fiestas y otros eventos. Todo lo anterior bajo una constante: las personas no se reían con él, sino de él. Y todo mundo parecía notarlo, menos el propio Juan Luis. En una entrevista con el locutor y productor Pepe Garza, que encontré en YouTube, observo a Juan: un joven tímido, de tez morena. Parece entusiasmado con la idea de que alguien le pregunte sobre su vida. Garza se mantiene irónico toda la entrevista. A media entrevista lo llama, indirectamente, “gordito” y “alcohólico”, bajo el pretexto de leer los comentarios que los usuarios dejan en los videos que El Pirata sube a redes. Juan Luis, de rostro angustiado, se limita a decir que esas personas “tienen razón”. Le cuesta expresarse con claridad, estructurar oraciones y mantener una charla coherente. El entrevistador hasta el final mantiene el tono irónico, siendo condescendiente y hablando con fingido paternalismo. Cinco meses después El Pirata de Culiacán es asesinado. En memes que veo en redes sociales, se ha resignificado su imagen. Va conduciendo una camioneta negra, surcando el cosmos con el planeta Tierra de fondo. Ahora es una suerte de Caronte mexicano, encargado de transportar las almas de las celebridades que fallecen. Tras su muerte, una especie de compasión colectiva inundó al público; caigo en la cuenta de que tal vez, Juan Luis solo era un joven más, víctima de la idealización de figuras del narcotráfico, como muchos otros. Y pienso que tal vez su muerte lejos de ser una condena de sus actos fue producto de sus circunstancias.

Fotografía tomada por Carlos Daniel Trejo Demuner en Córdoba, Veracruz.

La Jornada Morelos