RECUERDO

 

Me sorprendiste con tu mensaje después de varios días sin noticias. No entendí tu insistencia por querer remendar el lazo que tú mismo decidiste cortar con alevosía, ventaja, abuso y muchas cosas más que no esperaba de ti.

Recuerdo que un día algo inefable cambió y transformó nuestras vidas. El cielo nublado no tuvo nada que ver, como tampoco tuvo algo que ver el parabrisas empañado cuando conducía.

Recuerdo que lo que debía ser un escape romántico de fin de semana terminó en desastre. No fue por mí que nada te pareciera a la altura de tus deseos de opulencia.

Recuerdo que el tiempo no se puede ni tomar prestado ni robar. Ese tiempo quedó desperdiciado.

Recuerdo que algo extraño se instaló en tu mirada, una sombra que antes no estaba allí o que yo no había percibido. Estaba ciego mientras tú te enfocabas en tu objetivo.

Recuerdo que las señales eran claras, pero que yo las ignoré. Desaparecieron documentos, objetos, fotos y los discos que escuchábamos.

Recuerdo ese torbellino de dudas en el que quedé atrapada, aterrada, paralizada por no indagar, profundizar y encontrar la verdad.

Recuerdo nuestras insistencias: tú por no estar conmigo y yo por querer estar contigo a son de tu retirada.

Recuerdo que los días siguientes fueron sombríos, olvidables, llenos de desconcierto.

Recuerdo que la rutina se apropió de nosotros al punto de no saber si éramos amantes a la deriva, viejos amigos, dos perfectos desconocidos o una pareja en terapia queriendo juntar los pedazos esparcidos para volver a empezar.

Recuerdo que la vida parecía de ensueño y que fue entonces cuando la oscuridad se volvió tangible. Después de una noche en la que me dijiste que aún me amabas, te vi escribir a otras personas.

Recuerdo que entonces nuestros domingos eran días de vino tinto y de letargo encerrados en el departamento que distaba mucho de ser el nido de amor.

Recuerdo que de pronto el drama, el misterio y el caos comenzaron a entrelazarse.

Recuerdo que mientras más me acercaba a la verdad, más cosas parecían desconectarse de la realidad. Por creerte más a ti que a mí, entré a un laberinto de trampas y falsas ilusiones.

Recuerdo verme caminar hacia un precipicio invisible o al contrario tan visible que cualquier otra persona lo hubiera esquivado.

Recuerdo descender por una calle y llegar al número indicado donde vivía una de tus muchas conquistas. Esperé salieras.

Recuerdo que subiste a una pick-up con alguien más. Los seguí hasta la autopista.

Recuerdo que solo sabía una cosa: lo estaba perdiendo todo pero me estaba perdiendo a mí misma en una vida que ya no me pertenecía.

Recuerdo esa escena grabada por siempre en mi mente. Tocan a la puerta del departamento, se llevaron todo indistintamente, muebles, la pecera, el refrigerador con alimentos, el televisor difundiendo una película menos terrorífica que la historia en tiempo real que estaba viviendo. Se llevaron también la silla en la que me encontraba sentada. Me pidieron la llave. Decidí arrojarla en la calle con todas las fuerzas que regresaron en ese momento. Abrí los ojos y no los volví a cerrar.

Recuerdo simple y llanamente que tal vez nunca te conocí de verdad y que por esta razón tu mensaje se quedará sin respuesta.

Nota: Los sucesos y personajes retratados en esta historia son ficticios. Cualquier parecido con personas vivas o muertas, o con hechos actuales, del pasado o del futuro es coincidencia, o tal vez no tanto. Lo único cierto es que no existe manera de saberlo y que además no tiene la menor importancia. Creer o no creer es responsabilidad de los lectores.

*Escritora, guionista y académica de la UAEM

Hélène BLOCQUAUX